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 Diosa: Mi diosa bondage
Enviado por webmaster el Lunes, 08 Noviembre, 2004
Dominacion

Entra en la sala. Es una de esas diosas, una mujer imponente, alta, larga cabellera marrón, mirada altiva de rimel, labios prietos, piel suave, sin manchas. Un cortísimo vestido de cuero negro y finos tirantes hace fantasear sobre las curvas que cubre. Sus largos tacones resuenan en la sala.


Ahí está su chica, como si no la hubiera visto entrar... Su pequeña rubia de expresión curiosa y expectante, esperando, sentada en su taburete.

La diosa se acerca sin prisa, contoneando de ese modo tan famoso sus caderas, haciendo a su cautiva estremecerse con cada paso.

Ella se atreve a levantar la mirada. Sus ojos se cruzan y surgen las sonrisas, sin palabras.

La diosa observa a su presa. Eso es lo que es: su cautiva, su prisionera, para hacer con ella su voluntad. La ronda, camina en torno a ella para examinarla por todos lados. Ella, su rubita, baja la mirada con el aliento acelerado, tan sólo esperando a que ella haga. Por fin siente el aliento en su cuello, ese aire que sale caliente al roce de sus labios, que sale perfumado desde lo más profundo de su organismo. Sin más dilación, sin aviso, una lengua que le lame la mejilla la hace suspirar. Parece que no podrá aguantar este estado de espera mucho más tiempo, estos preámbulos. Sin embargo sabe muy bien que su ama se encargará de que así sea. No hay más remedio. Se extenderá y se extenderá sin fin, para tormento de su carne y su sed.

La punta de la lengua que lame su cachete, de arriba a abajo, la estilada mano que acaricia su cuello (los vellos que se ponen en guardia) para preferir luego deslizarse un poco más abajo, entre el escote de su camisa blanca. Los largos y fuertes dedos, la palma de la mano que cubre sin dudas su pecho, nota el contacto, incluso en los centímetros de piel que cubre la estúpida tela del sujetador... Y le quema, su boca suspira una vez más, en una súplica que queda a medio. El aliento y la lengua en su cara, quemando también.

Su diosa adora sus pechos. En sus manos intenta en vano abarcarlos, tan grandes son, ni con los dedos completamente abiertos, en abanico, los aprisiona una sola mano. Los sujeta ambos con cariño rudo, los comprime hacia su dueña, que gime.

Las yemas expertas de sus dedos deslizan hacia abajo la prisión de las copas del sujetador, liberando las aureolas. Son de esas aureolas enormes, dos amplísimas cumbres de la piel púrpura más suave, con dos escondites en el centro, de donde, a base de pellizcos pausados, surgen con miedo los regordetes pezones.

La diosa se sitúa frente a ella, se miran. Observa el rostro de su presa bajo las delicadas torturas que sus dedos le prodigan en los pezones. Cuando estos arden como lanzas, la suelta a su desdicha, boqueante. Se ríe de su anhelo, de.................

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 Amante: Mi amante es un homre fascinante I
Enviado por webmaster el Lunes, 08 Noviembre, 2004
Dominacion

Pese a que las sorpresas de mi amante eran cada vez más arriesgadas para mi y me atemorizaba que mi familia y mi entorno laboral las descubriese, mi fascinación por él aumentaba progresivamente y no podía prescindir de acudir a sus citas.

A veces él no acudía a alguna cita, pero si Elena, su esposa, que me hacía pasar deliciosas horas en una habilidosa sustitución de su marido. Alguna vez las tardes con Elena fueron compartidas con otras mujeres en unas deliciosas orgías lesbianas.
Una semana la sorpresa de Jorge fue que me comportase como una prostituta, pero no simuladamente, sino realmente. Aún sin saber sus designios, a indicación suya le hice saber a mi marido que esa semana trabajaría en auditorías a diversas empresas hasta muy tarde.
Jorge me llevó al hotel donde nos habíamos citado una ropa verdaderamente descarada y me maquilló como a una verdadera ramera. Después me llevó a un parque conocidísimo por la concurrencia de putas y me dijo que me pusiera a trabajar. Que estaría haciéndolo todas las tardes hasta que un día recaudase 600 euros, que a las doce de la noche me recogería para llevarme de regreso al hotel y cambiarme de ropa. Sin darme oportunidad de hablar partió dejándome entre un tropel de fulanas que me malmiraban como a una competidora más.
No fui capaz de atreverme a ofrecerme a ningún cliente, y a los que venían a mi los ignoraba ante el asombro de las otras putas. Yo estaba en la idea de que mi amante jugaba conmigo y le bastaba que simulase el papel para satisfacer el morbo. A las doce regresó Jorge como había prometido y se encolerizó cuando supo que no había pescado a ningún cliente.
- ¿ Sabes qué se les hace a las putas que no trabajan?. Pues te vas a enterar.
Me arrastró tras los arbustos del parque, me ató las manos a un árbol, se desprendió de su cinturón y me arreó en las nalgas hasta que se cansó. Aquella noche tuve que apañarme para que mi marido no vises mi amoratado culo. Ni que decir tiene que me puse a la labor y a la tercera jornada obtuve 800 euros, finalizando así mi breve ejercicio del oficio más viejo del mundo. Pero eso bastó para que Jorge olvidase mi nombre y en lo sucesivo me denominase como su puta, así me presentaba a cualquiera, cuando antes lo hacía como su amante. Elena también se refería a mi como la puta de su marido, y la negra y voluminosa Alana me trataba como "colega".
Aquella semana de trabajo de "auditoría" no gustó nada a mi esposo y mucho menos a mis hijos pese a estar acostumbrados a no verme mucho en todo el día, así que, por prudencia, la semana siguiente le alegué una gripe a Jorge y permanecí en casa todas las tardes con mis niños. Eso era en compensación de la semana de "auditorías" le dije a mi.................

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 Amante: Mi amante es un homre fascinante
Enviado por webmaster el Lunes, 08 Noviembre, 2004
Dominacion

Mi amante es un hombre fascinante. Me ha hecho recuperar mi juventud que yo consideraba terminada a mis 28 años, con dos hijos y un marido aburrido y falto de interés por mi y por el sexo, un trabajo estresante y una vida cotidiana absolutamente monótona Lo conocí en una fiesta de la empresa por causa de unos espléndidos beneficios. Trabajaba en otro área y nunca me había fijado en él. Entre mi mortal aburrimiento vital, su gracejo y labia, su atractivo varonil, su embriagadora agua de colonia y el alcohol que yo había trasegado no le fue difícil conseguir que acabásemos esa tarde follando en un hotel pese a no ocultar que estaba casado y su edad, 52 años. Desde entonces no puedo prescindir de mis cotidianos encuentros sexuales con él. Yo, que procedo de una familia de estricta moral conservadora, con una educación tradicional y ultra católica, que voy a misa todos los domingos y me confieso y comulgo cada mes, me he convertido en la furcia de un pervertido.

Pero no puedo evitarlo. El ha hecho que mi vida sea una aventura continua. Me ha introducido en un mundo de vértigo del que ya no puedo salir. Cada semana me proporciona una perspectiva nueva del placer, la vida y la ética. Mi cerebro ha resucitado y mi libido se mantiene al tope.

Al principio, yo que solamente follaba con mi moralista esposo en camisón, que nunca me acariciaba, y que solamente me penetraba con la intención de tener un heredero, descubrí el placer de mostrarse desnuda al amante y de explorar un cuerpo ajeno, de recibir y proporcionar placer con órganos y de forma que nunca se me hubiese ocurrido, ni aún en mi más atrevida fantasía.
Día a día, semana a semana me hizo descubrir que de todo mi cuerpo podía obtener y dar placer. Me descubrió el clítoris, el cuello, la boca, ... hasta los dedos de los pies.

La semana en que me descubrió el placer anal fue fantástica. Solamente me folló por allí durante un mes. La desvirgación de ese agujero, que nunca creí posible utilizar para otra función que la de evacuar, fue muchísimo menos dolorosa que la desvirgación de mi vagina por mi marido en nuestra noche de bodas.

Otra semana me inició en el sexo oral y llegué a dudar si prefería su semen en mi vagina, en mis intestinos o en mi boca. También me hizo dudar si prefería en mi coño su pene o su lengua.

Siempre sin darme ocasión a dudar de aquella introducción al hedonismo, me introdujo en el consumo del cannabis, después en prácticas sexuales más duras como la lluvia dorada o la coprofagia que yo, en mi ignorante educación previa, acepté tan natural como la sodomización o el sexo oral. Realmente, desde mis escasos elementos de juicio, en la práctica no se diferenciaban gran cosa.
Tampoco encontré ya extraño la utilización de instrumentos mecánicos.................

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 Ellas: Ellas decidían III
Enviado por webmaster el Lunes, 08 Noviembre, 2004
Dominacion

Entonces la reconocí. Era la hija de Rogelio y nieta de Esther. Pero que yo supiese tenía unos 16 años. Así me expliqué el cariz adolescente de su cuerpo Animal! ¡Pervertido! ¡Hijo de puta!. Toda clase de insultos cayeron sobre él. Hubo que sujetar a Rogelio y Esther que pretendían matarlo.
Una vez calmada la situación, habló Laura:
- Papá, abuela. He zzsido yo la que ha queddrido y quieddre seddr una ezzsclava. No culpéizzs a mi zzseñor. Dizzsculpad mi fodrma de habladr peddro ezzs que no domino aún el contdrol del piedrzing de la lengua, y enseñó las gordas bolitas que llevaba puestas. Hablaré dedspacio. No seáis hipócritas, no tenéis ningún inconveniente toda la familia en ejercer vuestra promiscuidad y lascivia, y ¿vais a poner el grito en el cielo porque os sale un miembro masoquista?. Yo también quiero gozar del sexo y lo hago conforme a mis tendencias o preferencias. He encontrado un hombre que me hace gozar como quiero y no deseo perderle. así que dejadle en paz. - Mi Amo, usa de mi como quieras e ignora a mi familia. Desde que me aceptaste como esclava mi única familia eres tu y aquéllos a quienes quieras cederme. Te recuerdo con el debido respeto que es la hora de azotarme según mi programa de amaestramiento.
Con gran aplomo se reclinó sobre la mesa y ofreció sus nalgas, de entre las cuales sobresalían destacadamente sus enormes y tumefactos labios vaginales con sus candados. Hasta el desproporcionado clítoris con su argolla era visible por entre sus nalgas.
Raúl tomó una fusta de caballos y comenzó a flagelarla en los riñones y nalgas mientras explicaba:
- De entre los programas de adiestramiento de esclavas sexuales que consideradamente sometí a su elección prefirió éste, así que no me culpéis -dijo mirando a Rogelio y Esther- ella lo decidió. Viniéndome a las mientes que esa expresión ya me estaba resultando demasiado familiar. - Yo todavía no me la he follado, lo hace un negro con una polla descomunal que he contratado, para que abra bien sus agujeros y la acostumbre a follar sin desmayo. Una vez a la semana la follan durante tres horas sin parar ocho negros con pollas casi tan grandes como el habitual que me cuestan un pastorro. Eventualmente tengo que contratar vejetes, putas, travestidos y otras gentes para que se acostumbre a cualquier situación. En fin, que me sale cara, no es como la de Alberto que la sufraga su propio cornudo marido.
- ¡Eh! Que me ha gastado 2000 euros en la mía y aún dudo de los resultados.
- ¡Ja! más de 2000 euros me costaron las visitas para someterla al artilugio de vacío para engrosar y alargar sus pezones, clítoris y labios vaginales. Todos los día desde hace un año - Oí un gemido de Rogelio: ¡Diosss! desde los quince años - durante una hora cinco minutos alternativos en cada uno de los tres órganos. Y no hablemos de lo que me.................

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 Ellas: Ellas decidían II
Enviado por webmaster el Lunes, 08 Noviembre, 2004
Dominacion

Al día siguiente, en la empresa, Celia vino a mi despacho y levantandose la falda, bajo la cual no había bragas, me mostró un amoratado coño y me dijo escuetamente: - Creo que en unos días no podre follar, pero si tu dispones lo contrario dímelo. Y se fue dejándome con la boca abierta No volvimos a hablar en dos semanas, pero al cabo de ellas volvió a mi despacho y me dijo: Amo, ya puedes disponer otra vez del uso de mi cuerpo como gustes. ¿mañana?
- Vale. ... Y otra vez boquiabierto.
Llegó a casa, me sirvió una copa y me hizo sentar en el sofá, se desnudó lentamente de espaldas y se volvió de repente. Nueva sorpresa. Aunque ya no me tomaba de improviso nada procedente de ella.
La devota esposa, madre amantísima de tres hijos y estricta cumplidora de los deberes religiosos se había hecho perforar los jugosos pezones, los prominentes labios mayores del coño y el abultado clítoris con unos gruesos anillos de hierro. Además lucía un vistoso tatuaje a lo ancho de su ligeramente curvado vientre secuela de sus embarazos que decía " ESCLAVA DE A."
- Amo, decidí no hacerme tatuar nada en las nalgas porque he pensado que sería mejor que tu diseñases el distintivo de esclava que me quieras poner a hierro incandescente. Supongo que, con el tiempo, querrás tener una cuadra de esclavas todas marcadas por igual. Mira mis hierros, son de acero inoxidable de la mejor calidad. Me dijo el hombre que me los puso que son lo suficientemente gruesos para que me puedas colgar pesos que me infrinjan dolor o cadenas para sujetarme o conducirme, sin miedo a que se me rasguen los tejidos. No se pueden quitar más que cortándolos con una cizalla o serrándolos. Mira también el collar y las manillas de plata, igualmente permanentes, con unos herrones articulados para que me puedas sujetar a tu gusto y que se camuflan dentro sin que la gente piense que no son sino joyas.
Me levanté y de improviso le asesté un fuerte bofetón.
¿ A ti quién te ha dicho que tomes decisiones por tu cuenta ?
Sin decir más le arrojé un abrigo. ¡Póntelo!. La tomé de la mano y la arrastré hasta el coche. En todo el camino no dije nada y ella tampoco habló. La conduje hasta el gabinete de Palmira. Pregunté por ella, que se presentó al poco vestida de faena.
- Te traigo esta puta que toma decisiones por su cuenta para que la domes. Ha decidido ser mi esclava por su cuenta. Mira lo que se ha mandado hacer sin ningún permiso. Y la quité el abrigo para que Palmira viera sus adornos, desnuda como estaba debajo. - Como comprenderás no puedo tener una esclava que decide cosas. Eso es incompatible con el concepto de esclava.
- No te preocupes. Déjamela una semana y te la devolveré debidamente educada.
Seguidamente pulsó un timbre y al poco rato se.................

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