Relatos eroticos
Registrate
Los mejores relatos
Envia Relatos
El buscador
Admin
 
Menu principal
· Inicio

Secciones
· AvantGo
· Descargas
· FAQ
· Lista de miembros
· Noticias
· Recomiendanos
· Articulos
· Buscar
· Secciones
· Estadisticas
· Enviar relatos
· Temas
· Lo mas visto
· Enlaces

Lo mas erotico

Visitantes
Actualmente hay 3 invitados y 2 miembros en línea.

Actualmente es un usuario anónimo. Puede registrarse aquí.


 Porno: Confesiones de un actor porno
Enviado por webmaster el Jueves, 04 Noviembre, 2004
Relatos gay

Dicen que más "cornás" da el hambre. Os contaré mi historia: me llamo Benny y hace seis meses salí de un orfanato. Cumplí los 18 años y ya sabéis que a partir de ese momento el estado se olvida de ti. Bueno, el caso es que no tengo estudios, porque no me gustaron nunca los libros y apenas conseguí el graduado escolar. Pero no conseguía ningún trabajo. En la pensión en la que me alojé me pusieron de patitas en la calle, y ya estaba rebuscando entre los cubos de basura a ver si había algo que me pudiera comer. En este lamentable estado estaba hace cosa de un mes cuando me encontré un día con un colega del orfanato, que salió pocos días antes que yo. El tío llevaba buena ropa, el pelo bien cortado, y hasta una cadena al cuello que parecía de oro, y un reloj de esos con muchas manecillas. Nos abrazamos y el chico, Andrew, se llamaba, me dijo que como me iba.
--Pues ya ves, peor no me puede ir.
Andrew me contempló un momento y asintió con la cabeza.
--Pues a mí me va estupendamente.
--¿Y como lo haces, tío?
--Muy fácil -me contestó--, soy actor de películas porno.
Me quedé de piedra. Nunca hubiera imaginado que Andrew se pudiera dedicar a eso, y sin embargo se veía que le iba estupendamente.
--Oye, Andrew, ¿y tú crees que yo también podría ser actor porno?
Mi amigo me dio un vistazo, me hizo dar la vuelta y asintió satisfecho.
--Sí, tú podrías ser muy bueno; además, recuerdo del orfanato que tú tenías un buen aparato, ¿a que sí? -y sonrió pícaramente.
Yo me sonrojé un poco, pero asentí. La verdad es que mi cacharro mide, a plena potencia, 22 centímetros. En el orfanato hacíamos competición de quien tenía el carajo más grande, y siempre ganaba yo. Aunque recordaba, por cierto, que Andrew siempre era el segundo, muy cerca de mí, con 21 centímetros.
--¿Te vienes conmigo? Precisamente ahora iba a rodar. Aunque primero tendremos que pasar por mi casa, porque estás hecho un asquito, y así no te van a querer.
Total, pasamos por su casa, me duché y me puse ropa nueva de mi amigo, y allá que nos fuimos los dos al estudio de filmación.
Cuando llegamos ya estaban allí los otros chicos, siete muchachos como de 18 años. También estaba el director de la película, que era también bastante joven, como de 25 años o así, y el cámara y un iluminador, que tendrían alrededor de 30 años. El director enseguida me dio el visto bueno. Sin embargo, yo estaba escamado, y le pregunté al director, en cuanto me admitió:
--Oiga, ¿y las tías?
El director miró de una forma extraña a Andrew, como mosqueado.
--Pero, vamos a ver, ¿tú no le has dicho nada?
Andrew bajó la cabeza.
--Es que, me daba vergüenza que supiera a lo que me dedico. Pensé que cuando estuviera aquí, tú.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Carrusel: Carrusel.
Enviado por webmaster el Jueves, 04 Noviembre, 2004
Relatos gay

Aquella tarde fui con mi novia al parque de atracciones. Digo mi novia porque lo era entonces, aunque hace ya algún tiempo que dejamos de serlo, y precisamente a raíz de lo que ocurrió aquel día. Hasta ese momento yo me consideraba un chico normal. Tenía 19 años, era objetor de conciencia (como casi todo el mundo) y hacia un año que salía con una muchacha. Hacíamos cyos: ella no quería que la penetrara, pero sí la chupaba bastante bien y me dejaba que le comiera el coñito.
Pero aquella tarde cambiaron muchas cosas en mi vida. Estábamos en el parque de atracciones de mi ciudad, al que no habíamos ido nunca juntos. Tras montarnos en varias atracciones, llegamos al carrusel, y mi chica quiso montarse. Fui a comprar los billetes; el muchacho que los vendía tendría unos 24 ó 25 años, el pelo negro y bastante largo, lacio, y unos ojos grandes y muy negros. Parecía más un galán de cine que un vendedor de billetes de feria. De repente, me sentí extrañamente atraído por aquel chico. Más aún cuando, al ir a cambiar, se echó hacia atrás para coger dinero suelto que tenía en una caja a su espalda, y me ofreció un primer plano espectacular de un paquete más que regular. Me fijé entonces: a su izquierda, apenas tapado por el mostrador, había una revista que tenía pinta de porno. Como el chico estaba enredado en buscar el cambio, me atreví a meter un poco la cabeza por la ventanilla. Vi entonces que la revista era una de chicos, con un chaval que se la estaba chupando a otro, mientras un tercero se la clavaba al primero por el culo.
¡Guau! Sentí un violentísimo estremecimiento en la ingle, y noté como mi rabo se llenaba de inmediato de sangre, hinchándose, excitadísimo. Pero cuando volví a la realidad me encontré con la cara del chico a escasos centímetros de la mía. --¿Te gusta...? --Me preguntó, con cara de lascivia, acompañada de una pasada de la lengua por los labios.
Yo no supe qué decir. Tomé apresuradamente la vuelta y los billetes y me fui hacia donde me esperaba mi novia. Estaba aturdido, así que fue bueno que el carrusel empezara ya en ese momento. Nos subimos cada uno en un caballito, y a mí me dio tiempo de pensar sobre lo que había pasado. Quería racionalizar: yo era heterosexual, nunca había sentido la llamada de otros hombres. Pero cuanto más quería racionalizar, más se me venía al pensamiento aquellos tres chicos, uno chupando y enculado, el otro siendo chupado, el tercero metiéndola muy adentro. Y también la imagen de aquel paquete, aquella hinchazón que prometía no sé que tesoros...
Mientras tanto, mi erección seguía allí, y lo malo es que temía que mi novia se diera cuenta. No sabría cómo explicarlo, y además no me apetecía nada que me lo chupara o algo así, ni siquiera metérsela por el coño, si ella me hubiera dejado. Menos mal.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Verano: Campamento de verano
Enviado por webmaster el Jueves, 04 Noviembre, 2004
Relatos gay

Tengo 21 años y este verano pasado me contraté como monitor en un campamento. Me hacían falta unas pelas, y no me venía mal un trabajo como éste, al aire libre y sin muchos problemas. al menos eso creía yo. Lo cierto es que el campamento era sólo de chicos, todos como de 15 años. El primer día todo fue bien: nos fuimos conociendo, y los chicos eran simpáticos aunque algo traviesos. Sólo uno de ellos, Jorge, resultaba ser más huraño, menos amigable. Parecía estar encerrado en sí mismo.
El caso es que al día siguiente salimos de excursión: íbamos a un río más o menos cercano, a unos kilómetros, y llevábamos una gran tienda de campaña para los once chavales y yo, que era el monitor. Todos llevábamos nuestros pantalones cortos. Tengo que decir, y no es falsa modestia, que tengo un rabo más que regular, 23 centímetros de polla en pleno apogeo. Los pantalones del monitor anterior, que me dejó en herencia, resultaron ser de una talla más pequeña, así que iba más que apretado; en esas condiciones, el bulto que se me formaba era de campeonato, pero no me importaba mayormente. Además, era un pantalón sumamente corto, por lo que constantemente tenía que luchar con el nabo y los huevos para que no se me salieran, porque nunca uso slips.
Bien, pues cuando salimos me pareció que Jorge había dedicado una mirada un tanto extraña al paquete entre mis piernas, pero no le di más importancia; al fin y al cabo, la verdad es que llamaba la atención. Bueno, pero sólo iba con chicos, así que no tenía nada que temer...
Por el camino yo había pensado hacer alguna aventura, y se me ocurrió que podíamos subirnos a los árboles, a ver quién bajaba con algún fruto o alguna flor. Cuando llegamos a una zona que me pareció adecuada, distribuí a los chicos por parejas. Como éramos doce, yo hice pareja con Jorge, con el que nadie quería nunca estar, porque ya he dicho que era muy reservado y extraño. Allá que nos fuimos subiendo a los árboles, cada pareja en el suyo. Yo subí primero, para demostrar a Jorge cómo se hacía e infundirle confianza. Me agarré a las primeras ramas y pronto pude alcanzar un par de metros desde el suelo. Contra lo que yo pensaba, Jorge se animó enseguida y me seguía muy de cerca. ¡Qué bueno, parece que estaba consiguiendo que participara como los demás! Tan entusiasmado estaba que no me di cuenta de que el nabo se me había salido de los pantalones y asomaba por el pernil. Sólo me percaté cuando, una de las veces, cuando miré hacia abajo, me encontré con que Jorge miraba algo mío entre las piernas. Miré yo a mi vez, y me encontré con que tenía el vergajo, por supuesto en reposo, prácticamente todo fuera del minúsculo pantaloncillo. Me lo guardé de inmediato. Farfullé alguna excusa y seguí escalando por el árbol.
Poco.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Orgasmo: Ascensor para el orgasmo
Enviado por webmaster el Jueves, 04 Noviembre, 2004
Relatos gay

No sé si habréis estado en Nueva York. Yo estuve el verano pasado, y no creo que se me olvide nunca. Os contaré lo que me pasó. Estaba de viaje de turismo en Estados Unidos, invitado por un amigo. Tengo 18 años, y era mi primer viaje al extranjero. El caso es que mi amigo me estuvo acompañando en todo momento, pero al tercer día de estar allí tuvo que dedicar también algún tiempo a sus cosas, y yo le dije que no había problema, que me daría una vuelta por el Empire State Building; me parecía un edificio fascinante, y lo que me sucedió, de alguna forma, lo confirmó.

El caso es que estaba ya en la propia calle a la que da fachada este famoso edificio, de más de 300 metros de altura. Había mucha gente por la calle, pero, como se ve en las películas, nadie repara en nadie, todos van a lo suyo. El caso es que yo ese día llevaba una camiseta y unos vaqueros, y en la camiseta me había puesto algunos pins, que me gustan mucho. Entre ellos había uno del Che Guevara, bastante grande, que destacaba entre los demás.

Pues tuve la mala suerte de que, de camino a la entrada al Empire, me di de bruces con un grupo de chicos, todos vestidos de cuero, con unas pintas un tanto amenazantes: llevaban los cráneos rasurados y pronto me di cuenta de que eran "skin-heads". Uno de ellos, el que iba primero, incluso llevaba una insignia nazi en la solapa de su chaqueta de cuero. Fue casualidad que me tropezara prácticamente cara a cara con éste, que me fue a apartar con un gesto de desprecio, cuando reparó en mi pin del Che. La cara se le cambió, enfureciéndose por momentos. Gritó algo a los otros (eran cinco chicos más, todos como de 20 ó 21 años, con el cráneo rasurado, fuertes y agresivos), que no entendí, porque no domino muy bien el inglés, pero que no hacía falta ser Shakespeare para traducir: estaba diciéndoles que yo era un rojo y que iban a darme mi merecido. Los otros cinco chicos se adelantaron para rodearme. Menos mal que no ando mal de reflejos, y, con un dribling digno de Ronaldo, los esquivé y salí corriendo velozmente, entre la gente que seguía a lo suyo. Miré hacia atrás y los vi correr con caras de malas pulgas. Tengo buenas piernas, así que pronto les tomé una buena ventaja. Doble una calle, después otra, hasta que me di cuenta de que había vuelto al punto inicial, casi al lado del Empire. Decidí entonces que el majestuoso edificio era el sitio ideal para escapar de aquellos tipos, y de paso hacer lo que quería cuando salí a dar aquel paseo.

Entré en el edificio, elegí uno de los ascensores, que estaba vacío, y entré. Me recosté sobre la pared, después de darle al botón del último piso, esperando que la.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 MAricon: ¡Árbitro, Maricón!
Enviado por webmaster el Jueves, 04 Noviembre, 2004
Relatos gay

Me presentaré: soy arbitro de fútbol de categoría de juveniles Tengo 22 años, y me encanta esta afición. Por eso me dedico a ella, claro. Pero también por otra razón: me gustan los chicos, preferentemente jóvenes, y siendo árbitro puedo verlos de cerca en paños menores e incluso totalmente desnudos. Además, mi categoría es la de árbitro de competiciones juveniles, así que los chicos son muy jovencitos, unas auténticas peritas en dulce...

Pero hace cosa de una semana me pasó una cosa que jamás pude imaginar. Fue el domingo último, y, aunque probablemente fue un caso que podría haber aparecido en los periódicos y otros medios de comunicación, conseguí que no llegara a ellos.

Arbitraba en un campo de la provincia de..., en un pueblecito de poco más de cinco mil habitantes. El partido fue bastante bien, hasta que, casi al final, al capitán del equipo local le dieron una tarascada dentro del área: yo, la verdad, no vi que fuera penalti, y por eso no lo pité, pero lo cierto es que iba ganando el equipo visitante y si hubiera pitado probablemente habrían empatado. La gente se puso a vociferar, y sobre todo un grupo de quince o veinte ultras, que ninguno tendría más de 20 años.

Sonaba a coro entre las gradas el consabido "¡Árbitro, maricón!", que en mi caso era cierto, pero no como insulto, obviamente. Y los que más lo gritaban eran los ultras éstos, con unas caritas como de comerse a la gente cruda. El caso es que lo repitieron hasta la saciedad, mientras los jugadores locales también me ponían de vuelta y media. Expulsé a dos de ellos, entre ellos el capitán, y seguidamente di por terminado el partido.

La policía local me tuvo que ayudar a entrar en los vestuarios. Allí me visitaron los dos jugadores expulsados. Tengo que reconocer que los dos, enfadados como estaban , me resultaron guapísimos: tendrían como quince años cada uno, uno rubio, el otro de pelo negro, los dos adolescentes espigados y de piel blanquísima.

Me resultaron tan arrebatadoramente atractivos que no pude evitar lo que hice. Le pedí a los liniers que me dejaran solo con ellos y cerré la puerta.

--Creo que os debo una disculpa, posiblemente me equivoqué al no pitar el penalti, pero me habéis insultado y eso no puedo dejarle pasar.

El capitán, dentro de su enfado, me miró con cierta picardía.

--¿A qué llama insulto, a que lo llamemos "maricón"? Venga, hombre, si todo el mundo lo sabe en la federación.

Me quedé sin habla. Así que lo mío era de dominio público, a pesar de que siempre había procurado ser discreto.

--Bueno, mi vida personal no tiene nada que ver con el fútbol, así que...

Observé cómo el capitán se metía la mano por dentro de las calzonas y se agarraba el paquete, sobándoselo con parsimonia. Miró a su compañero, que le cogió,.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 

 


Relatos hispanos, tu web de relatos eroticos
Esta pagina esta optimizada para ser vista bajo una resoluccion de 1024x768 o 1280x1024.
eXTReMe Tracker
Page created in 1.02117800713 seconds.
botname Other