Relatos eroticos
Registrate
Los mejores relatos
Envia Relatos
El buscador
Admin
 
Menu principal
· Inicio

Secciones
· AvantGo
· Descargas
· FAQ
· Lista de miembros
· Noticias
· Recomiendanos
· Articulos
· Buscar
· Secciones
· Estadisticas
· Enviar relatos
· Temas
· Lo mas visto
· Enlaces

Lo mas erotico

Visitantes
Actualmente hay 5 invitados y 1 miembro en línea.

Actualmente es un usuario anónimo. Puede registrarse aquí.


 Relato: Dulce Fabi y su hermana Carla
Enviado por webmaster el Martes, 11 Enero, 2005
Relatos diversos

Esta es una historia real los nombres de los protagonistas son diferentes. Soy del Sur de América me crié en el Perú, tengo valores morales y principios, pero me encanta mucho el sexo. En nuestro país no somos tan liberales como en otros países del mundo. Los hombres mayormente pierden su virginidad a muy temprana edad.
Los hombres no somos conservadores como las mujeres, es decir que hay muy pocos
que llegan vírgenes al matrimonio, quizás un 10% y eso es mucho.
La idea es que la mayoría de las mujeres tienen la idea, y las respeto
de llegar vírgenes al matrimonio, y así empieza mi historia.
Estudie en una de las mejores Universidades del Perú, ahí conocí una
de mis ex enamoradas. Por cierto bonita, de senos pequeños pero muy
lindos, buen cuerpo, un hermoso trasero, durito y muy atractivo a la mirada.
Trabajábamos juntos dentro de la Universidad. En una reunión
en la Universidad, una actividad realizada para inagurar los nuevos pabellones
en donde trabajaba Fabi (mi_ex) estábamos conversando, tomando vino
celebrando, la verdad que ese día estaba muy hermosa, nunca he podido
resistirme a unas faldas cortas, me atraen muchísimo las faldas cortas,
pantalones ceñidos al cuerpo, me hacen excitarme muchísimo, bueno
sigamos con la historia.
Ella estaba llorando por que había escuchado que las demás compañeras
de trabajo decían que ella se pegaba mucho a mí, y que no dejaba
espacio a nadie, eran realmente cojudeses de mujeres, el asunto que la cogí de
los hombros la acerque a mi pecho y empecé a besarla yo estaba a cien,
con las copas de vino, esa minifalda, esas piernas, que me hacían ponerme
muy cachondo, estuvimos cogiendo, en ese entonces yo tenia 26 para 27 años
y ella estaba entre los 18 a 19 años, empecé a jugar con su lengua,
acariciaba su cuello con mi lengua, mientras mis manos acariciaban su trasero
por debajo de la falda, ella estaba como ida, yo estaba a cien sumamente excitada,
mi pene se puso duro y ella lo sentía a través del pantalón,
en ese momento ella reacciona y me pregunta que cosa es lo que somos.
Casi siempre he tenido ese tipo de acercamientos con las chicas en una noche
de baile y jolgorio, y al día siguiente era como si no pasara nada.
Pero ella era diferente, venia de una familia acomodada, su padre doctor y
su madre, dos hermanas mas, una que estaba comprometido con un chico que conocido
en otra Universidad y la otra que había conocido un chico en Chile (Carla).
Ese día que la fueron a recoger me presento a sus padres como su enamorado,
por.................

1 Comentario

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Relato: Trío excitante
Enviado por webmaster el Martes, 11 Enero, 2005
Relatos diversos

Aventura vivida por mi con mi esposa, hicimos un trío con un chico contratado. Al principio mi chica dudaba. Poco pasó hasta que se decidió. Estábamos muy estimulados cuando nos dirigimos al hotel de citas. Apenas subimos
al cuarto, buscamos en el diario un masajista profesional que contratar. No buscamos
mucho, llamamos a un chico llamado Cristian cuyo anuncio le interesó a
mi chica. Esperamos un tiempo y el teléfono sonó. Atendí ansiosamente.
Era el chico para informar que tenía que pagar extra en recepción.
Bajé tan rápido como pude y ella decidió esperar en el cuarto.
Pagué y me presenté a Cristian invitándole a subir sin demoras.
Subimos los dos pisos por la escalera y para mi sorpresa mi chica esperaba
en el pasillo curiosa por ver como era nuestro acompañante. Los presenté se
saludaron y sin demora nos dirigimos al cuarto. Apenas pasamos la puerta pregunté:
- ¿Qué hacemos?
A lo que mi chica respondió:
- Tú eres el que inventó a esto.
Me reí y contesté:
- Quitémonos la ropa y hagamos sexo.
Eso hicimos. Quedamos los tres en ropa interior. La observé a ella
mirando al masajista de arriba a abajo con lujuria, sentí alivio al
darme cuenta que el chico le gustaba y que se lo cogería con placer.
Nos subimos a la cama llevando sólo ropa interior. Ella se sentó frente
a Cristian dándome la espalda y comenzó a besarlo, se tocaban
sus cuerpos mientras yo acariciaba su espalda observando como se comían
las bocas.
Le desabroché el sostén y Cristian se lo quitó besándola
con intensidad bajando por el cuello hasta lamerle las tetas. La cara de ella
era de placer intenso. El masajista le besó bajando por su abdomen.
Le quitó la pantaleta besándole y excitándole hasta hacerle
gemir para mí esto era muy intenso. Al ver como lamía su vagina
eyaculé como pocas veces.
Me dirigí al baño a limpiarme. Sin demorar salí para
ver una escena muy estimulante. Ella estaba en cuatro siendo penetrada con
fuerza por Cristian. La escena era muy sensual. Los dos tenían cuerpos
muy atractivos y veros fornicar era muy agradable a la vista. Subí a
la cama y me arrodillé frente a ella que sin dudarlo agarró mi
paloma y la metió en su boca mientras gemía de placer por el
entrar y salir de la paloma del extraño.
En este tipo de hoteles hay muchos espejos. Me estimulaba mucho ver la escena
reflejada en uno muy grande que estaba en la pared. Disfrutaba como él
se balanceaba penetrándole arrodillado detrás de sus nalgas grandes
y redondas haciéndole gemir silenciada por el miembro dentro de su boca.
Tiramos así un buen rato.
Luego ella se acostó y nuestro amigo se acostó sobre su cuerpo,
mi esposa abrió las piernas y el se lo metió. Yo me acosté al
lado para ver bien lo que pasaba. Veía claramente el miembro de Cristian
cubierto con un condón entrar y salir dentro de la cuca de mi esposa
que explotaba de placer. Lo hicieron así por un buen rato. Ella le dijo
que se quitara, el se levantó y se puso de rodillas en la cama. Yo permanecí acostado
boca arriba. Ella se sentó sobre mí dándome la espalda
y tomó mi pene metiendoselo y comenzó a rebotar. Quitó el
condón al amigo y comenzó a mamarselo. Era demasiado para mí,
al poco tiempo acabé de nuevo.
Ella se levantó y él le dijo que tiraran sentados uno frente
al otro. Mi chica le dijo que se pusiera un condón, lo que hizo al instante
y frente a frente comenzaron a fornicar como pocos. Sus cuerpos eran muy atractivos.
La escena era muy agradable a la vista. Se hacían el amor con intensidad,
sus movimientos eran de sexo perfecto. Se besaban locamente comiendo sus lenguas.
Ella gemía de placer. Yo solo miraba mi película porno privada.
Era una escena muy erótica. Sus dos cuerpos eran perfectos, sudados
de placer. Tiraron por un buen rato hasta que ella explotó en un orgasmo
muy intenso. Ese clímax marcó el fin de la aventura.
El chico se vistió y se fue. Nunca supimos más de el.










¿comentarios?

  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Interracial: Susurrando entre tus morenos muslos
Enviado por webmaster el Martes, 11 Enero, 2005
Relatos interraciales

Susurrando entre tus muslos morenos, paso mis dedos sintiendo la dorada sensación de tocar lo más suave que dio una madre a su hija. Delicadas son tus piernas En ellas puedo pasar horas y horas, sabiendo que no llegaré a fin alguno, columnas que suben al cielo desde el paraíso donde posas tus pies. Tiernos y pequeños son esos pies que recorro con mi húmeda lengua sintiendo la magia del sudor salado... Los alzo y los apoyo contra
la pared para poder dedicarme a tus piernas sin distracciones. No dejo de recorrer
cada porción de tus piernas. Llegando a la parte suave de todas, a la
que no se ve desde fuera. Con mi cabeza entre tus piernas me acerco a tu floreada
pasión, que es tu protegido pozo con el que refrescaré mi sed,
saciándome con sus flujos interiores, segregados por mi proximidad.
Apenas me alejo de tu maravillosa joya oscura, como una noche sin su luna.
Observo tu famoso abdomen, tan moreno como tu rostro, brillante por el aceite
de coco, que delicadamente tus manitas esparcieron por todo tu cuerpo. Tus
senos parecen adquirir más dimensiones que mis encantados sentidos advierten.
Los sujeto, con ambas manos, tanteando su volumen y densidad. Grande es la
sensación que recorre mis manos al contacto de tus turgentes pechos.
Rodeo con mi lengua tu estómago camino hacia la espalda, acaricio todas
tus vértebras, dando forma a tu espalda, dirigiéndome hacia el
cuello. Sujeto tus brazos y me dedico en exclusiva a tus hombros, tu cuello
y tu nuca. Jamás, algo fue tan sabroso de ser besado, que la distancia
de que hay de hombro a hombro. Mi lengua sigue su camino, con independencia
de mi voluntad, dirigiéndose a tus tetas. Ya conocemos su peso, ahora
veremos su sabor. No dices ni palabra, pareces sumida en un sueño del
que no deseas salir. Eres una selva virgen que esta siendo explorada para mejor
conocimiento de su encanto natural.
¡Ohh! esto ya es otra canción, si lo anterior había sido
una tórrida serenata llena del encanto que tienen los atardeceres sedientos
de la refrescante noche, ésta es intensa como el calor del desierto.
Música sin letra endulza mis oídos. Sujetándolos dulcemente
para mantenerlos en el aire, voy tanteando sus alrededores, poniendo especial
cuidado en la separación que hay entre estas dos nubes blancas que me
vuelven loco de pasión. Su sabor es una variante del anterior, aquí la
magia de tu sexo se entiende de otra forma. La sensualidad adquiere mayor sofisticación
y más tentador me resulta tu cuerpo. Mis labios se acercan a tus pezones,
que pellizco delicadamente con mis dedos. Éstos, van adquiriendo firmeza
a la presión aplicada. Duros, como rocas, se.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Relato: Una fantástica noche
Enviado por webmaster el Martes, 11 Enero, 2005
Relatos diversos

Era sábado por la noche y mis amigas y yo habíamos salido de marcha. Llevábamos en el bar unas dos horas. Hacia tiempo que las había perdido de vista pero tampoco me había preocupado de buscarlas. Tenía enfrente a un tío con el que me lo estaba pasando de miedo. Era graciosísimo y salidísimo. Nos conocíamos hacia dos horas y ya hablábamos tranquilamente de nuestros gustos sexuales. Lo que hace el alcohol.
A los quince minutos empezamos a besarnos. Me metió la mano por debajo
de la camiseta y comenzó a rozarme la espalda suavemente. Incluso sus
besos eran suaves, movía su lengua despacio y de dentro afuera en pequeños
círculos y a mí me estaba volviendo loca. Sus manos descendieron
hasta mi pantalón, los desabrochó aprovechando que yo estaba
contra la barra y él me tapaba, y metió las manos por detrás.
Me acaricio el culo y toco mi tanga que ya comenzaba a estar ligeramente mojado.
También su pene se volvía mas duro por momentos y yo lo notaba
a través de los pantalones. Estábamos a cien. Dejó de
besarme y me susurro al oído que si quería ir con él a
su casa.
Yo no soy de las que se van a casa de tíos que conocen desde hace 3
horas, pero en ese momento pensé que si no lo hacia iba a arrepentirme
toda mi vida. Así que pillé mis cosas y cogimos un taxi. Dentro
me quite el abrigo y lo puse sobre mis piernas. El se acerco y metió la
mano por debajo de él. Me bajo un poco los pantalones y el tanga y empezó a
acariciarme el pubis y toda mi rajita. El taxista nos miraba ceñudo,
yo creo que porque no tenia perspectiva para vernos. Me metió un poco
un dedo y lo saco. Estaba mojadísima. Luego bajo un poco y paso por
encima de mi ano. Yo di un respingo, primero porque no me lo esperaba y segundo
porque me encantaba que me lo tocaran. Él se dio cuenta y me preguntó que
si me gustaba. Yo le conteste que si y él me susurro “entonces
te voy a hacer algo esta noche que te volverá loca”. Sentí miedo
porque yo nunca había practicado el sexo anal y no sabía si estaba
preparada. El me dijo “No te preocupes, esto te gustara seguro” y
siguió masturbándome por debajo del abrigo con el conductor mosqueado.
Llegamos a su casa y ni siquiera me moleste en abrocharme el pantalón.
Estábamos excitadísimos y tal y como entramos a su casa empezamos
a desnudarnos el uno al otro y a tocarnos sin el más mínimo reparo.
.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 
 Relato: Un extraño juego
Enviado por webmaster el Martes, 11 Enero, 2005
Relatos diversos

Allí estaba ella, en aquella cafetería, lugar de paso y de encuentro de ejecutivos, sentada en una de aquellas preciosas mesas de mármol blanco y doradas patas forjadas. Nueve, nueve eran en total, en cada una de las mesas, uno de aquellos hombres, aquellos hombres inmersos en sus cosas, en sus negocios, en algún periódico, aparentemente relajados, pero muy, muy estresados, sufriendo, pensando como podrían subir más y más.

Un hombre en cada mesa, menos en una de ellas, en una estaba ella, como ida,
inmersa en algo, alejada de este mundo, aparentemente sola, puesto que ella estaba
al tanto y sin mirar de cada gesto, de cada uno de ellos, analizándolos
por sus reacciones, por sus miradas. Ella mantenía una postura fría,
distante, pero hacia sentir que estaba allí, con cada uno de sus movimientos,
de sus gestos. Gestos provocativos, sin dar a entender absolutamente nada directamente
a nadie, pero era consciente de que todos y cada uno de aquellos hombres no hacia
mas que seguirle los gestos, cuidadosos, relajados, sensuales.
Ellos se preguntaban, que estaba haciendo ella allí, aquella mujer,
preciosa, enigmática, seria y elegante, dulce y distante, con aquella
blusa que dejaba entrever sus pechos, desabrochada hasta casi por debajo de
ellos. Sus pechos, los que se percibían hermosos, bien formados, sus
pezones erectos, y su piel tersa, morena, suave.
Tomaba un capuchino, un capuchino con la taza llena de crema, a rebosar, la
que ella muy lentamente cogía con su cuchara, balanceándola,
mirándola, y llevándosela a la boca, donde la recogía
con sus labios, labios deseosos, húmedos, húmedos como su lengua,
con la que lamía la poquita crema que quedaba de la cuchara, degustándola,
como si estuviera sedienta de algo, y finalmente tragándola, lo hacia
todo sin mirar a nadie, pero consciente del mal sentir que estaba provocando.
Eso no era suficiente, quería hacer mas, sentir mas, provocar mas,
desafiaba. Al llevarse la cuchara a su boca, dejo caer un poco de crema por
su escote, que fue resbalando entre sus pechos, hizo un gesto de sorpresa,
de incomodidad, como una ninya que acaba de derramar algo y presiente el castigo
ajeno. Pero muy astuta ella, la fue recogiendo con su dedo y llevándosela
a la boca, lamiéndolo una y otra vez. Continuo tomándola, mientras
cada vez que se acercaba a la mesa para ello, dejaba rozar sus pezones con
el borde de la mesa, pezones erectos, excitados, los frotaba suavemente, mientras
con ello cambiaba la expresión de su rostro, expresaba deseo, éxtasis,
agonía, ansia. Y mientras eso ocurría, allí estaba el,
observándola, controlándola, dejándola hacer, quería
saber hasta donde era capaz de llegar, pero al mismo tiempo que le excitaba,
le dolía, le dolía que.................

¿comentarios?

Leer más...  Enviar esta historia a un amigo Versión imprimible 

 


Relatos hispanos, tu web de relatos eroticos
Esta pagina esta optimizada para ser vista bajo una resoluccion de 1024x768 o 1280x1024.
eXTReMe Tracker
Page created in 1.2212870121 seconds.
botname Other