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 Yo: La Licenciada y yo
Enviado por webmaster el Martes, 02 Noviembre, 2004
Relatos de maduras

Esta historia da inicio cuando yo cortejaba a una licenciada que tenia su oficina cerca de mi casa, ella tiene 42 años de edad, tiene unos senos verdaderamente enormes, es delgada y un trasero no tan deseable, yo tengo 20 años apenas, pero la verdad es que ya se me hacia agua la boca con tan solo pensar en la lamida que le daria a ese par de senos...

Todo comienza en que una tarde, yo le llevaba como siempre, o al menos por lo regular lo hacia, un par de deliciosos pasteles, al verme me pasa adelante (estabamos en su oficina) al yo ingresar la deliciosa de su secretaria se retiraba (deliciosa, porque tenia un trasero enorme, pero los pechos de la lic. Me volvian loco) pues me ofrecio asiento y me pidio que cerrara la puerta ya que deseaba refaccionar tranquila, yo accedi a estar sentado en una silla que se situaba a su lado y al verla, se me para mi orgullo, ella vestia una blusa negra con un gran escote, el cual permitia ver su tremendo busto, asimismo tenia una falda larga roja con un pijazo o avertura por la parte de la pierna izquierda, unas medias negras que WOW! Y unos zapatos rojos de esos de tacón de aguja, la verdad es que estaba tan nervioso que cuando iba a servirle el pastel se me cayo uno por encima de su pierna y zas! Le mancho la media y parte del zapato, me levanto corriendo para ir al baño a traer un paño humedo en eso cuando me hinco frente a ella para limpiarle, no se si por inercia o por causas X le levanto un poco la pierna y levanto un poco la mirada y veo que las medias son de esas que estan a media pierna y sujetadas por un liguero negro, aproveche para ver su ropa interior que era negra, pero no le tome mucha importancia en tanto me dijo "esperate, lo hago yo" luego ella dio un pequeño levanton y me dijo que le detuviera la silla y que cerrara los ojos un momento mientras ella se quitaba las medias para lavarlas, yo muy entendido acepte y cerre los ojos, cuando derrepente ella se iba a caer yo abro los ojos precisamente cuando la falda estaba a medias piernas y pude ver esa tanguita negra de seda completamente y me levanto para detenerla mientras la falda calló quede de frente a su rostro y sin más ni más increiblemente rozo mis labios sobre los de ella lo cual me puso caliente, más de lo que ya estaba, haciendose un tanto la desentendida se agacho a recoger la falda cuando por casualidad dejo sus pequeñas nalgas sobre mi abundante pene que estaba mas erecto que cuando la vi, entonces me dijo -Tito, Que cosa es eso? -perdon por el mal rato que te he hecho pasar-explicó luego yo un tanto avergonzado le dije -pero de que se trata? -de.................

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 Iniciación: Iniciación
Enviado por webmaster el Martes, 02 Noviembre, 2004
Relatos de maduras

Había terminado el período de clases y los amigos decidíamos en donde trabajar para ganar unos centavos a la vez que nos pudiera dar tiempo para pasarla bien durante el verano. No sabía entonces que mi vida cambiaría radicalmente.

Mis padres tenían como amigo a un arquitecto escocés de nombre Simon K que iba por la vida comprando viejas casonas y haciendas casi en ruinas, reconstruyéndolas y vendiéndolas a los políticos y nuevos ricos que tenían deseos de poseer una lujosa casa de campo.
Simon K



era un agradable hombre como de 50 años de edad , solterón empedernido, muy alto y fornido, hacía su vida entre un elegante penthouse en la ciudad de México y una vieja hacienda de principios de siglo en el estado de Querétaro en donde tenía una huerta de membrillos, otros frutales, se sembraba maíz y otros cereales. Con unos jardines hermosos, caballerizas y piscina.
Su chofer había renunciado ese mismo verano por lo que se me presentaba la oportunidad deseada, no solamente ganaría algún dinero sino que además me la pasaría manejando el poderoso vehículo de Scott , yendo y viniendo de la ciudad de México a Querétaro, llevando y trayendo a Scott y con la posibilidad deliciosa de pasar unas agradables estadías en la hacienda de Querétaro.
Mi trabajo de chofer era muy cómodo pues como hijo de sus amigos, Scott me tenía consideraciones especiales, así que cuando estábamos Querétaro yo podía asolearme, pasear, nadar o pescar en la represa libremente mientras mi patrón se dedicaba a revisar los trabajos, pagar a la gente, programar los trabajos por hacer y a leer, pues Scott era un lector incansable que cuando no estaba tras los empleados estaba en los jardines leyendo y tomando tequila con sangrita bebida a la que era muy aficionado, al grado de que continuamente se quedaba dormido en las sillas del jardín y por la noche había que llevarlo a su cuarto casi a rastras para que siguiera dormido pero en su cama. Al día siguiente se levantaba fresco como si nada y comenzaba el día muy temprano con una cerveza, se iba a revisar los trabajos de la hacienda y cerveza tras cerveza llegaba la hora de la comida, entonces combinaba la cerveza con el tequila y sangrita hasta la noche, cuando había que llevarle borracho a la cama.
En mi primer día de trabajo Scott me pidió que le llevara al aeropuerto para recibir a una amiga suya quien pasaría unos días en la hacienda.
La descripción que ahora hago de la tal amiga puede no ser la que en ese momento percibí pues es estoy seguro de no haberme fijado mayormente en ella al momento de conocerla pues no imaginaba los acontecimientos que relataré después. Se llamaba Loli, tenía cuarenta y dos años, pelirroja con el cabello corto casi como de muchacho, de cara bonita y ojos verdes, de aproximadamente un metro setenta y cinco, con el cuerpo relleno,.................

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 Sexo: Yola
Enviado por webmaster el Martes, 02 Noviembre, 2004
Relatos de maduras

Conocí a Yola hace mucho tiempo. Era una eficiente directiva de una institución alemana en España y en ella había alcanzado muy altos puestos.


Yola era viuda y probablemente vino a España con sus dos hijos para alejarse de sus trágicos recuerdos y porque su ciudad, Koenisberg, en Prusia Oriental había quedado en poder de los rusos. Se amoldo a nuestra tierra mejor que sus chicos, quienes acabaron por casarse con muchachas alemanas e irse con ellas a su país. Ella no quiso volver. Aquí tenía su trabajo y su casa y no se entendía nada bien con sus nueras.
Esta historia empieza cuando Yola se jubila, o mas bien la jubilan, de su trabajo. Tozuda como era, rechaza por completo la idea de volver a Alemania y se dispone a vivir en Madrid hasta el fín de sus días.
Yola era entonces una mujer de sesenta y tantos años, muy guapa de cara, con rostro de alemana oriental, muy rubia, pómulos altos y ojos verdes algo oblicuos. La boca sensual de buena comedora y unas orejas pequeñitas y blanquísimas que dejaba ver su peinado con moño alto.
Era muy alta, casi tanto como yo que mido uno ochenta y seis, y bastante gorda, sobre todo de caderas - ¡que gran culo! ¡El mejor que se pueda soñar! - y de piernas - ¡que jamones y que bellas, grandes, pantorrillas macizas! -, así que en proporción parecía un poco estrecha de hombros y aunque tenía buenos pechos podemos decir que su estructura era claramente piramidal, mas ancha de abajo que de arriba. Se movía con pesadez, arrastrando sus piernas, un poco mas tarde de lo que se esperaba al verla andar. Alegre se reía mucho y disfrutaba en las grandes banquetes en los que comía como tres y bebía como seis, aunque nunca le hacía efecto. Le gustaba la música y estar en casa y por ella andaba sin mas ropa que una camisola hasta las rodillas que llevaba muy desabrochada por el escote dejando ver trozos de carne muy superiores a la mejor mantequilla. Así escuchaba música de Mahler, de Alban Berg y de los clásicos alemanes. Aunque tambien le gustaba la frivolidad de Gerswin
Yo llevaba mucho tiempo haciendo maniobras de aproximacion que ella dejaba pasar campechanamente sin hacerme ningún caso. Por eso cuando un día le dije "¿Cuando vamos a cenar juntos, Yola?" y ella me contesto alegremente "¡Cuando tu quieras! Pero cada uno pagamos lo nuestro" me cogió por sorpresa. "¿Esta noche?" "No. Esta noche no. Pasado mañana." "¿Tanto tengo que esperar?" dije en broma y ella se rió "¡Ah! ¡Pero merece la pena! ¿O no?".
Quiso citarse directamente en el restaurant y así quedamos citados.
Comimos y bebimos copiosamente, como a ella le gustaba y mantuvo su pierna pegada a la mía cuando yo se la junté, aunque no me dejó que le cogiera la mano. "¿Que quieres hacer ahora?" le pregunté al levantamos. "Vamos a casa " me respondió y.................

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 LAberinto: El laberinto II
Enviado por webmaster el Martes, 02 Noviembre, 2004
Relatos de maduras

Efectivamente fuí a su casa al día siguiente a la hora de la siesta. El menaje de la casa era todavía mas modesto de lo que yo me figuraba. Todo lo que allí había era digno de cualquier almoneda pobre del rastro.


Salió Teresa a abrirme la puerta. Llevaba una blusa blanca y una falda negra y medias color de humo en sus gruesas piernas. Con su moño a la nuca estaba muy bien dentro de lo que ella era: una jamona pasada de años. Me tendió la mano tímidamente, yo tiré de ella y le dí un beso afectuoso en la mejilla. Pasamos al cuarto de estar.
Lola estaba allí, de pié con una mano apoyada en la camilla. En su cara tan blanca, ya he dicho que muy linda para su edad había grandes ojeras moradas.
¿Que tal, Lola? - pregunté.
¡Ay! Mal. Estoy mal
Iba vestida exactamente igual que su hermana, pero pronto ví que ni podía estar de pié ni mucho menos sentada. Cariñosamente le dije "No es nada Lola. Tu no tienes la corpulencia de Teresa. Tu eres muy estrechita, pero ya verás como mañana estas bien.
¡Ay! ¡No se, no se! ¡A lo mejor para esto no sirvo…!
¿Como que no Lola? Yo las he conocido mas estrechas que tu. ¿Y las niñas que hacen el amor…?
No se, no se. ¿Si no sirvo le bastará con Teresa?
No. Tienes que servir tambien tu. Te lo digo cariñosamente y con conocimiento de causa. Y vas a ver como te voy a tratar.
Pero aquel día me quedé solo con Teresa, ella realmente no podía. Primero me llevaron a una habitación donde había una cama de hierro bastante grande, pero era tan ruidosa que no servía para lo que yo quería. Me llevaron por toda la casa. "Aquí solo hay una cama de madera, que es la que tiene Mama y otra que es como esta pero mas estrecha" Fuimos a ver la cama de su Mama y a su Mama en ella.
La señora estaba muy arregladita con su pelo blanco cogido cuidadosamente en un moñete sobre la cabeza y una especie de peinador sobre los hombros. Era tremendamente gorda, con la arrugada cara sumida en una ancha papada, una enorme pechuga desparramada y bultos bajo las sábanas que hacían adivinar grandes masas de carne. No volvió la cabeza, ni movió los ojos, ni pareció enterarse de nada.
La acariciaron sin obtener señal de respuesta alguna. "Es muy mayor ¿sabe?
¡Pobre chatita! La llamamos chatita ¿sabe? porque lo es. Aun tiene buena salud aunque tiene ciento dos años, pero, claro, casi nuca se entera de nada.y no la levantamos de la cama por eso. Bueno por eso y porque apenas la podemos manejar y tenemos miedo a que se nos caiga.
Les dije que compraría una cama a mi gusto y que se la llevarían para instalarla donde estaba la de hierro. Cojí por la cintura a Teresa que se.................

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 LAberinto: El laberinto I
Enviado por webmaster el Martes, 02 Noviembre, 2004
Relatos de maduras

Yo llamo a esta historia el "Laberinto" porque entré en ella sin querer y todavía no he podido salir.


Vivo en un gran inmueble en el que hay multitud de apartamentos, todos de tamaños medianos y algunos interiores que son pequeños y bastante modestos. Sin embargo, el piso que ocupo yo, ocupa toda una planta junto con uno de esos interiores de que hablaba. El 2º B
Todo empezó cuando me dejó plantado Carla.. Era la mayor y mas notable aportacion de Asturias a la Patria y al Arte Españoles. Olvidado, con facilidad, que su verdadero nombre era Ricarda, estaba encantado con su juvenil, rotunda y sanísima belleza. Además era tan honrada, tan buena persona, que no tuve inconveniente en asignarle un apartamento en mi propia casa.
Pero se encontró con su antiguo novio del pueblo y no hubo nada que hacer. Unas lagrimitas, un par de "¡perdónames!" y se acabó. ¡Que se iba a hacer! ¡Mas se perdió en Cuba!
Lo que parece ser es que fué la comidilla del inmueble entero, porque Carla, sin querer se hacía notar.
Y sin duda por ello, una tarde a eso de las siete o las ocho se me presentaron las vecinas del Segundo B.
Estaban sentadas en el borde del sofá del salon, ambas muy circunspectas, con sus cabellos rigurosamente blancos la mas bajita y grises claros la alta, las rodillas bien juntas y las piernas recogidas. Eran muy mayores e iban vestidas de negro.

- Buenas tardes -saludé
-Buenas tardes -contestaron y nos dimos la mano.
-Vds. dirán -pensaba en alguna dificultad para satisfacer su mísera renta.
- Venimos -dijo la mayor- Por lo de la Señorita Carla.
-¿Como? -me quedé sorprendido
-Pues si. -continuó la mayor de las dos, que podría tener sesenta y muchos años. Menuda, delgadita, con los ojos azules y el pelo inmaculadamente blanco.- Nos hemos enterado de que su amistad ha terminado y lo lamentamos, por simpatía a Vd. que vemas que es un hombre aun joven y que necesitará compañía femenima de confianza, para no meterse en males mayores
Pues -dije sin salir de mi asombro ni entender nada- se lo agradezco mucho, pero no comprendo porque he de hablar con Vds. de ello.
-¡Oh! ¡No se ofenda, por favor! Nuestra intención es la mejor y espero que lo comprenda así. Simplemente venimos a ofrecernos en vez de la Srta. Carla.
-¡No comprendo…!
-Pues señor, no somos tan jovenes como la señorita Carla, pero somos dos señoritas instruidas, de buena familia, nuestro abuelo fue coronel de Intendencia en Cuba y nuestro papa fué capitán de Infantería. El pobre murió muy joven. Las dos somos solteras y ninguna hemos tenido novio, aunque si muchos pretendientes.
Estaba completamente perplejo.
-Pero ¿Vds. saben cual era mi relación con Carla?
-Si señor. La señorita Carla era su amante.
- Y entonces, Vds….
La mayor bajó la cabeza y la otra que la observaba con el rabillo del ojo, tambien.
-Pues si…La que.................

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