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No volvimos a hablar del tema. Parecía como si mutuamente estuviésemos de acuerdo en que se había establecido entre nosotros una comunicación que era mucho mejor que las palabras.
Así las cosas, fuimos ese día a la ciudad cercana, a realizar algunas compras.que Aída había postergado luego de mi llegada a su casa. Ella estaba radiante y lucía francamente hermosa. Toda esa tensión que yo le había observado a mi llegada, parecía haber desaparecido y me tomaba del brazo igual como lo hacía cuando yo estaba en el colegio y regresaba a casa para las vacaciones
Estuvimos todo el día en la ciudad y solo al anochecer regresamos a la casa de campo. Aída le había dado el día libre a la servidumbre, cosa de la que me alegre porque ahora me encantaba estar sola con ella y además que por fin me había decidido a tomar la iniciativa en mis relaciones con esta mujer que había cambiado definitivamente mi esquema.
Así las cosas después de la cena le propuse que nos tomáramos unos tragos en la terraza junto a la piscina, a lo que ella accedió gustosa y nos instalamos uno junto al otro en la gran mecedora blanca.
En silencio nos fuimos acercando cariñosamente. al tiempo que le acariciaba los muslos. El contacto con la piel de sus piernas me resultó muy placentero porque ella las separó dé modo que pude sin problemas avanzar hasta su sexo levemente cubierto por sus pequeños calzones. Por fin tenía en mis manos esa mata de pelos que había visto bajo el agua y luego en el bosque. La acariciaba con ternura y ella en ningún momento se resistía dé modo que hábilmente separé los cuadros y entre en contacto directo con su sexo.
Fue un momento supremo. Ella se acomodaba en la mecedora para facilitarme las caricias y en un momento que yo trate de avanzar, de pronto cerro las piernas y me dijo al oído.-
Tengo miedo.-
Me detuve un momento y casi en forma instintiva me puse de pie tomándola de las manos Era de mi misma altura. Caminamos hasta el borde de la piscina y entonces la abracé acariciándole las mejillas.La besé en los labios. Ella me respondió con suavidad al comienzo y luego de un momento estabamos besándonos llenos de ardor y nuestras lenguas se buscaban como tratando de saciar una sed de años.
Nuestros besos iban acompañados por mis caricias sobre sus pechos que me tenían loco y que como de costumbre ella mantenía sin sostén. Ahora se dejaba acariciar sin problemas y estábamos tan apegados el uno al otro que ella podía percibir claramente mi erección.
Fuimos caminando lentamente, como en un baile, sin soltarnos, hasta el interior de la casa dirigiéndonos hasta su cuarto donde la extendí suavemente sobre la cama.
Aída ya había comprendido todo y supe que estaba deseando lo mismo que yo cuando vi que.................
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Esta noche dormí muy poco, perseguido por las imágenes de nuestra travesía por el bosque.
Las situaciones se me estaban haciendo cada vez más confusas y en mi cerebro hacían filigranas, deseos, perjuicios curiosidades y anhelos. Tenia una clara contradicción en medio de mi mente. Por un lado quería creer que todo lo sucedido tenía perfecta explicación natural y quizás era yo, con mi pensamiento afiebrado, le estaba encontrando significados torcidos. Por otro lado era evidente que las dos situaciones vividas me habían producido excitaciones reales, definitivas, y en una oportunidad un orgasmo memorable.
Lo que no cuadraba para nada en mis análisis, era la actitud de Aída, quien no se había referido en ningún momento a lo sucedido, aunque la verdad era que yo tampoco había hecho alusión a nada.
Pero la figura perturbadora de esta mujer desconcertante me perseguía a cada instante sin poder conciliar el sueño. En el cuarto del lado ella parecía dormir plácidamente.
Durante la mañana siguiente deambulé por el campo y mis meditaciones me llevaron a concluir que, de alguna manera, yo debiera tomar una iniciativa primaria y de algún modo llevar el tema a una conversación sutil de la cual podría sacar alguna información orientadora. Decidí hacerlo en la hora de sobremesa y cuando la servidumbre se retirara..
Durante ese almuerzo creo que bebí un poco mas de la cuenta, seguramente para animarme porque la verdad era que la mujer de alguna manera me infundía respeto, no en vano mi mente estaba poblada de recuerdos infantiles en que ella, a pesar de ser siempre muy cariñosa conmigo, había ejercido en forma continua una autoridad suave, pero efectiva.
Ella estuvo, durante el almuerzo particularmente amena, puedo decir que su temperamento, mas bien adusto, había dado paso a una forma de simpatía que no le conocía y que le sentaba maravillosamente.
Fue aprovechando ese ambiente, que poniéndome de pie, para pasar a la sala contigua con un vaso en la mano, le pregunte si no había pensado en algún momento en contraer matrimonio.
Su risa estridente, pero un tanto forzada, me dio a entender de inmediato que el tema no le era cómodo. Eso para mí fue en regalo, porque le dije enseguida que ella era una mujer muy interesante, que estaba en la plenitud física e intelectualmente, y que tenía un físico sumamente atractivo que no podía ocultarse.
Ella volvió a reír, pero ahora su risa era mas sincera, reflejaba cierta satisfacción ante el halago. En ese momento me sentí alentado a entrar en el terreno que estaba esperando.
Le dije que ella tenía una figura perturbadora, que un hombre no podía permanecer impasible ante sus formas femeninas, que ella seguramente sabía muy bien eso porque habría podido percibir ese impacto en su contacto con alguno de sus pretendientes.
Ella tomó algo de su vaso y luego me dijo, muy calmada, pero segura, que ella no había tenido contacto con.................
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Lo que estaba viviendo me tenía desconcertando, de modo que trate de interpretarlo como una experiencia generada en las circunstancias que rodeaban esa noche en la piscina y una especie de capricho de mi hermana. Seguramente ella estaba acostumbrada a bañarse desnuda y mi presencia no le era una traba suficiente como para frenar su impulso. De la experiencia, mía parecía no haberse dado cuenta.
Sin embargo mi primera impresión debió sufrir algunas drásticas modificaciones con el correr de los días.
A la mañana siguiente traté de ser lo mas natural posible, pero la verdad de las cosas era que estaba inquieto.
Cuando apareció a la hora del desayuno vistiendo unos cortos pantalones que exponían hermosamente sus muslos blancos y una blusa pequeña que solamente cubría parte de sus tetas, debí admitir una realidad que ya no me abandonaría. Era una mujer hermosa y era mi hermana. Esa realidad luchaba poderosamente contra otra igualmente valida. Esa mujer me inquietaba profundamente.
No hizo ninguna referencia a lo de la noche ni yo me atreví a hacerla, pero me miraba de manera extrañamente agradable, era como si quisiera decirme algo con la mirada que su boca, al parecer nunca diría.
Habíamos planeado para ese día una caminata por el campo cercano porque ella tenía interés en saber mi opinión acerca de algunas modificaciones que había realizado en unos establos ubicados al otro lado del bosque que enfrentaba a la casa.
Emprendimos la caminata por un pequeño sendero que luego de rodear la casa se introducía en el bosque. Ella, definitiva conocedora del lugar, caminaba adelante y yo la seguía no sin cierta dificultad debido a mi condición de hombre sedentario.
Debido al desnivel del terreno yo tenía frente a mis ojos el perfil generoso de su trasero definitivamente bien formado y la variante tensión de los músculos de sus piernas llenaba mis ojos proyectando una imagen inquietante pero hermosa.
Esa imagen que tan generosa y naturalmente me ofrecía, sumada a las reflexiones de mi insomnio me excitaban poderosamente y solo el hecho que estuviésemos caminando me permitía disimular el bulto monumental que la erección ocasionaba en mi liviano pantalón. Pero yo tenía temor que ella me mirara y notara mi masculina reacción.
De pronto ella se detuvo y yo instantáneamente hice lo mismo tratando de mirar hacia el valle a mis espaldas, de modo que no la estaba mirando cuando me dijo que no soportaba más y que debería orinar en algún lugar. Yo me reí de buena gana y sin volverme la escuche caminar sobre las hojas secas. Dejé transcurrir un tiempo prudencial y me volví pensando que ya habría terminado el proceso. La visión me dejo paralizado
Aída estaba apenas a unos cuatro metros mío de espaldas en cuclillas sin los pantalones y mostrándome el culo más hermoso que yo hubiese visto y he de confesar que he visto varios. Estaba completamente al descubierto,.................
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Estoy empezando a descubrir que uno de los mayores tesoros que uno pueda encontrar en el terreno del erotismo es una mujer reprimida. Estoy descubriendo que ella es una fuente inagotable de sensaciones y una verdadera veta de pasión y éxtasis si uno sabe manejar adecuadamente la situación. Yo al menos pondré todo mi empeño en ello.
Debo decir queCuando yo era pequeño, algunas veces me había masturbado mirándola a escondidas mientras ella se desvestía antes de acostarse, pero esa fueron evoluciones naturales de mi infancia y en ese tiempo ella era una muchacha. Pero lo de ahora era brutalmente distinto, ella era una hembra madura y hermosa que estaba allí en cualquier punto del agua cerca de m, agitando sus muslos, estirando sus brazos dejando que el agua, esa misma agua en la yo estaba quizás a centímetros de ella, rodeara sus muslos, tocara suavemente sus pezones, y se introdujera sin dificultades en todos su orificios seguramente brutalmente lubricados.
Yo me deslizaba entonces unas cuantas brazadas en cualquier dirección, sintiendo un grueso y robusto timón allí en el centro de mis piernas, apuntando hacia el fondo.
Y de pronto no escuchaba su braceo y sabía que se había sumergido y en ese mismo momento podría pasar con sus pechos justo sobre mi miembro tenso, o yo, al sumergirme, podría tocar con el justamente en medio de su nalgas suaves y ese pensamiento me paralizaba y volvía yo a emerger quizás para serenarme.
Fue en ese momento cuando la vi sumergida, impulsándose únicamente con el movimiento de sus piernas, viniendo directamente hacia mi.
Me quedé paralizado, el encuentro era inevitable yo estaba apenas unos cincuenta centímetros bajo ella y aún con la poca luz existente vi su cuerpo acercándose. Era una visión fabulosa. Avanzaba lentamente, como un pez erótico de belleza inaudita, con su cabellera extendida en el agua y sus manos bajo sus tetas que en ese momento me parecieron luminosas, las levantaba suavemente, como afreciendomelas y creí que podría alcanzarlas con mi boca, pero se deslizo a centímetros de mi de modo que pude ver la curva de su vientre y luego sus vellos pubicos contrastando la blancura de su piel y luego la cinta de sus piernas alejándose.
Se alejó hacia el borde de la piscina ascendiendo lentamente por la escalera para luego quedarse allí imponentemente de pié.
Ahora ya no podía yo tener su figura contorneada por los efectos ópticos del agua sino que la tenía allí en medio de la noche.
Salí del agua con mi erección brutal tratando de situarme detrás de ella porque no quería manifestar la evidencia de mi estado. Ella estaba frente a la piscina , su cuerpo bañado ahora por una luz difusa y yo allí a un paso, tratando de sujetar apenas mi mástil con una mano que no hacia sino comprobar la tensión de esa musculatura palpitante.
Aída estrujaba su cabello con sus manos y.................
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Tres meses atrás me senté frente a la compu y escribí esto; en parte como ejercicio de exorcismo y en parte con la vaga intención de alguna vez publicarlo aunque, luego, me dio vergüenza hacerlo y sólo lo guardé para mí.
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