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Me llamo Maryah, soy una mujer de veinticuatro años, morena, tengo mi trabajo y apenas sé cocinar. Mi vida era muy rutinaria, por supuesto sin caer en la mojigatería, hasta que descubrí a gozar con mi cuerpo Todo empezó hace unos meses, cuando se quedó libre un piso en mi bloque por encima del mío. Lo ocupó una preciosa francesa de nombre Charly. Desde la primera vez que nos vimos creo que nos caímos simpáticas. Recuerdo que fué una tarde de verano, venía de trabajar y coincidimos en el rellano del portal mientras recogíamos nuestra respectiva correspondencia. Nos saludamos haciendo las precisas presentaciones y me ofrecí para cualquier cosa que necesitara. Charly tiene tan sólo diecinueve años, mide alrededor de un metro setenta centímetros. Sus ojos son enormes y de un azul ultramar electrizante, rodeados de unas pestañas largas, suaves y claras. El pelo rubio, largo hasta la cintura, flexible, sano, rebelde, brillante y con delicadas onditas que le confieren un aspecto de niña traviesa.
Charly y yo comenzamos a vernos varias tardes a la semana y poco a poco fué creciendo nuestra amistad, aumentando nuestra confianza. Quedábamos en su casa o en la mía para tomar té frío o unos JB con Coca-Cola y charlar sobre cualquier tema que en ese momento nos pudiera interesar. Nunca nos sentimos cohibidas aunque nuestras confesiones fueran muy íntimas, incluso hablábamos de nuestras propias experiencias sexuales. Mi vida en ese aspecto se limitaba a unos breves escarceos con chicos que consistían en magreos un tanto violentos que nunca me terminaron de gustar, acompañados de un montón de besos anodinos. Por supuesto era virgen, jamás había sentido la necesidad de dejar de serlo. Charly había nacido en Lyon, pero se crió en París, su educación le hacía tener una concepción del sexo diametralmente opuesta a la que nosotros, en este país, respiramos desde el momento de nacer. Para ella el sexo no era otra cosa que una expresión de amor, de cariño hacia una persona o varias, una representación física-material de algo que no se puede tocar, de algo abstracto. Pronto empecé a comprenderla completamente.
Un Viernes por la tarde habíamos permanecido unas dos horas sentadas en el sofá hablando de nuestras cosas y bebiendo, casi sin darnos cuenta íbamos por el quinto JB con Coca-Cola. Comenzaba a oler su exótico y embelesador perfume, tan sensual, tan cálido, tan profundo como ella misma. Mis ojos querían cerrarse para poder llenarme de su esencia y sentir que era feliz. De repente Charly se levantó dando un salto y me dijo que quería enseñarme algo para conocer mi opinión. Desapareció del salón y se adentró en su dormitorio. A los pocos minutos apareció por la puerta, la luz de la habitación la iluminaba por detrás y por delante, la casi extinta luminosidad del salón. Llevaba puesto un picardías transparente de color púrpura, lleno de encajes delicados a la altura del pecho, por donde se veían con todo detalle unos oscuros pezones. Estaba tan.................
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Quiero contarles una historia que me sucedió hace algunos días y que en realidad me dejó perpleja por lo insólito.
Espero que sirva para que vuestro morbo sea exaltado. Te quería contar de mi primera experiencia con una mujer. No se como quedara, pero tratare de ser lo mas clara posible Esto me sucedió poco tiempo atrás, cuando tenía 15 años. Cursaba por esa época mis estudios en un colegio de niñas. Nada hacía presagiar que mi yo interno me dijera que mis gustos estaban dirigidos hacia personas de mí mismo sexo. Tenía mis amigos, como toda niña de mi edad, pero ninguno me atraía como para pensar que me enamoraría de alguno de ellos. Varias de mis amigas, tenían sus novios, pero a mí no me quitaba el sueño tenerlo. Esto, no sé si porque estaba demasiado ocupada en mis estudios o simplemente no me había dado cuenta de ello. La verdad es que, con tanto estudio a veces me daba por salir a caminar otras veces me iba a casa y escuchaba música o bien me iba al cine a ver alguna película en alguno de los cines locales.
Cierto día, caminaba por el centro de la ciudad y me dió a mirar la cartelera de un cine. La película parecía interesante. Compré mi entrada e ingresé. Aún no comenzaba. Las luces estaban encendidas por lo que me busqué una butaca para ver cómodamente. Al rato las luces se apagaron. Primeramente empezaron a mostrar comerciales. En la fila en que me encontraba, no había nadie más. Hacia adelante había por lo menos tres filas y hacia atrás otras tantas que estaban desocupadas. Ya estaba por comenzar la película cuando se sentó una señora en la misma fila en que yo me encontraba. Se sentó un asiento más allá de donde yo estaba y puso unos paquetes entre ella y yo. Después de un rato cambió los paquetes de lugar y se sentó a mi lado. Yo no le dí importancia hasta que empezó a poner su brazo donde yo tenía apoyado el mío. Molestaba en ese pequeño espacio tener las dos el brazo puesto, el de ella y el mío. La miraba de reojo por si sacaba su brazo, pero ella como si nada. Incluso me dirigió su mirada y se sonrío.
Yo estaba muy molesta así que la miré con seriedad. Justo tenía que ubicarse a mi lado, si más allá tenía bastante espacio para sentarse. Con lo que me estaba sucediendo, casi ni me estaba preocupando mucho de la trama de la película. Traté de prestarle atención a la película, cuando sentí que esta señora acercaba más su brazo al mío. Ya estaba a punto de pararme y cambiarme de lugar cuando sentí que su mano se acercaba a mi rodilla. Me miró y volvió a sonreír. En realidad en ese momento, me sentí cohibida. No sabía como reaccionar. Ella tendría unos treinta años o quizás 25 no la podía distinguir mucho por.................
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Salí yo del colegio y me tocó ir estudiar en la universidad en otra ciudad, buscando un apartamento encontré uno de una pelada, ella se llamaba RAchel.
Vivíamos las dos solas y en poco tiempo nos volvimos las mejores amigas, ella me contaba todo lo que hacía lo cual era muy interesante ya que es una mujer muy hermosa, senos grandes, cola hermosa, cara perfecta y un cuerpo armonioso, envidiable para cualquier mujer. Una vez me contó que había hecho el amor con dos hombres a la vez, ella era de aquellas personas alegres, nos contábamos todo, ya la confianza era absoluta, tanto que andábamos en la casa con ropa interior o desnudas, ahí empezó todo. Su cuerpo era muy bello, andaba con unos finos encajes que hacían ver de ella una mujer muy sensual y aquella envidia que sentía por ella se empezó e convertir en deseo claro, yo también tengo un muy buen cuerpo y siempre nos mirábamos raro.
Una vez ella se acostó conmigo viendo una película y se durmió, mientras yo le acariciaba todo su cuerpo, ya no podía resistir, no sabía que me pasaba, pero lo que sentía era algo muy fuerte. Un día yo salía del baño y me estaba secando cuando entró ella, me dijo que tenía un cuerpo muy lindo y que mis senos eran fantásticos, me preguntó que si los podía tocar y yo le dije que si, ella los empezó a tocar y a chupar "Uy! Que sensación!" estaba tan excitaba que casi se me sale el corazón, ella bajó a mi coño y lo empezó a chupar como loca mi clítoris era una masa de éxtasis, lo chupaba más y más duro, me hizo perder la cabeza, uf!!. Después fuimos a la cama, le quité suavemente el brassier, unos lindos senos se vislumbraban ante mí, perfectos, los empecé a mamar con cariño, ella gemía y sus gemidos casi me hacían producir un orgasmo, después bajé a su coño, lo empecé a saborear, ella tenía unos labios vaginales hermosos, su coño ya mojado me hacía sentir sobre mi piel una ternura y deseo que nunca antes había sentido. Le empecé a besar su culo y le metía los dedos, a ella le dolía, pero me decía que continuara (me hubiera gustado tener un palo a la mano para introducírselo en su culo), después ella también me empezó a meter sus dedos en mi culo, hicimos el 69, nos seguíamos besando y nuestros cuerpos colisionaban, fué una experiencia especial, "Mi primera vez con una mujer", ahora yo estoy enamorada de mi amiga, somos pareja y nos gusta hacer cosas extrañas!!! Extraños placeres los cuales nos seducen...
Una vez hicimos un trío con una de nuestras amigas, la cual no era lesbiana, ella era muy linda, pero había algo que nos gustaba mucho, su inocencia. Un día la invitamos a hablar, cuando de pronto la empezamos a mirar con deseo, ella nos preguntaba que nos pasaba, yo le pregunté que si alguna vez había estado con un hombre, ella dijo que no y mi amiga le preguntó que si con una mujer, ella respondió asombrada que menos. Yo la empecé a acariciar y ella decía que no, pero cuando le di un beso ella se dejo llevar, mi amiga mientras le quitó la falda y le empezó a besar las piernas, le quitó las tangas y le empezó a chupar su coño como una yegua loca, ella apenas flexionó sus piernas y se retorcía, mientras tanto le quité la blusa y le empecé a chupar sus lindos pezones con mucha más experiencia, la cual había adquirido gracias a mi amiga. Recuerdo tres palabras las cuales yo las había escuchado millones de veces, pero nunca en este tono de excitación "Oh por Dios!!!", estaba demasiado arrecha como para detener esa situación, después empezamos a desnudar a mi RAchel y le hicimos casi que la misma rutina, claro, nuestra principiante en la materia parecía una veterana de mil batallas, pues cuando empezó a chupar el coño de mi RAchel casi la hace explotar de placer. Después me tocó a mí, las dos chupaban mi coño como si fuera una hermosa y deliciosa paleta de caramelo, después me empezaron a chupar las tetas uf!!!!!
Casi me muero de placer, este era el mejor trío en toda la historia lésbica del mundo. Ahora, Caro, RAchel
y yo, somos un excelente diploma a la sexualidad de una lesbiana, y les digo que el sexo entre dos lesbianas o tres es lo mejor que hay, se los recomiendo. Espero que me escriban contándome, recomendándome u opinando de mi anécdota a mi correo.
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Eri entró en el estudio y en un comienzo Gabril no supo quien era.
No era posible reconocer en esa mujer hermosamente vestida, inteligentemente maquillada, con una figura esbelta perturbadora, subida en esos tacones de vértigo, a su compañera de estudios de tres años atrás, que siempre estaba metida en unos jeans raídos, sobre los que colgaban una suerte de túnicas descoloridas. Bajo esa indumentaria siempre fue imposible reconocer o imaginar forma alguna de cuerpo femenino.
En el recuerdo, no era solamente su figura la que le evocaba insignificancia y pasividad, sino su forma de ser. Retraída, abúlica, casi siempre bostezando, sin compañero o pretendiente conocido, apartada de fiestas y reuniones, ni siquiera era buena estudiante y no fue nunca motivo o centro de alguna alusión de ningún tipo por parte del resto del grupo. GAbril había sido siempre su única amiga, amistad que había decaído primero y desaparecido después, porque su consulta profesional no le dejaba tiempo para amistad ninguna. Si su aspecto actual le sorprendió, lo que ella le narrara, luego de haberse reconocido adecuadamente, la dejó alelada.
Empezó por contarle que terminados los estudios en el Instituto , había aceptado un trabajo en una empresa editorial de propiedad de un pariente cercano, todo esto con la debida autorización de sus padres con quienes vivía. El trabajo era entretenido y ella estaba feliz hasta el día que su jefe directo, un hombre maduro de cincuenta años, que hasta ese momento ella admiraba por ser no solo inteligente y entretenido sino además extraordinariamente respetuoso, la tomó desde la cintura, la atrajo hacia si y le estampó un beso, que ella, absolutamente sorprendida, resistió con los labios firmemente cerrados. Casi no recordaba como abandonó la oficina dispuesta a no regresar jamás y sobre todo a no contarle a nadie tamaña humillación. Lo que Eri le decía estaba de acuerdo a lo que GAbril recordaba de su carácter, pero aun le tenía impresionada le belleza impactante de esta mujer renovada. Eri continuó diciéndole que la noche del suceso en la tranquilidad de su lecho, se sorprendió de sentirse relajada, sin rencores por su pudor mancillado y dispuesta a regresar al trabajo a la mañana siguiente, a ese lugar donde había recibido el primer beso de su vida aunque ella lo hubiese resistido. Raúl, que así se llamaba su jefe, no hizo la menor alusión a lo sucedido, no pidió más ni dio explicaciones, como si la situación nunca hubiese existido. Ella, por su parte, tampoco realizó referencia al hecho y al momento de marcharse esa tarde ya casi había olvidado el asunto, cuando se sintió violentamente abrazada por detrás y sin poder evitarlo percibió claramente la presión de ambas manos de Raúl sobre sus pechos relativamente pequeños, pero indudablemente bien conformados. De nuevo salió precipitadamente de allí sin decir nada, pero ahora francamente decidida a no regresar.
A esta altura del relato, Eri parecía relajada, encendió un cigarrillo, aspiró suavemente y continuó. Dijo que no había.................
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La verdad es que Gabril había perdido la tranquilidad. Ella siempre tan centrada, con una experiencia de la vida corta, pero densa.
Ella tan segura de sus recursos sobradamente comprobados. Ella, toda juventud exuberante y hermosa, y como si eso fuera poco, ella consejera psicológica, vencedora de la timidez en todos sus aspectos, refugio y apoyo de cuanta mujer se sentía disminuida en sus respuestas. Ella para quien los hombres representaban un recurso útil para sus felicidades circunstanciales, con la espantosa excepción de Tonio, su amante, cuya existencia le molestaba profundamente, porque no lo tenía asido a su cuerpo sino a su mente.
Había llegado junto a ella por el sexo, que era la razón de vivir de Tonio, pero a ella se le había pasado desde el cuerpo al alma, estaba enamorada y eso la tenía aterrada. Por eso para ella, en ese momento, lo vivido con Erica había sido una sesión excitante y liberadora. Era evidente que Erica no tenía más experiencia que la que ambas vivieran y también estaba claro que la energía que en ella se albergaba, era un tesoro sin explotar, que ahora Gabril tenía a su plena disposición para encausarla en la dirección que quisiera. Lo anterior era una idea que ella estaba madurando desde hacía meses y que en su lenguaje técnico había designado primariamente como "Deseo Unidireccional". Era algo así como encontrar en alguna parte una fuente inagotable de sensaciones eróticas, que uno pudiese manejar, para estructurar en base a ella toda suerte de situaciones exitosas. Una fuente que no fuese necesario alimentar mediante promesas, estímulos específicos o retribuciones sentimentales, como las que ella estaba sufriendo con Tonio. Gabril tuvo la impresión que esa idea suya tenía ahora existencia real y le encontró, de pronto, sentido nuevo a la frase final de Erica cuando le dijo.
- "Por fin entendiste".
Cuando Gabril comprendió todo esto, se sintió doblemente motivada y del recuerdo cada vez más intenso de la figura inquietante de Erica desnuda entre sus brazos, pasó a recordarse ella misma en brazos de Tonio y encontró la solución. Vería a su amante consumirse hasta su último suspiro ardiendo en la fuente inagotable y mortal de su amiga y de esa forma se lo arrancaría del alma para siempre y volvería a ser libre. Acarició su idea durante todo ese día. Durante la noche antes de irse a la cama en su departamento, dejó todo los detalles preparados para la sesión del día siguiente.
- Es una simple cena... No celebro nada... Unicamente estará una antigua compañera de estudios - fue todo lo que le dijo por teléfono. La imaginación de Tonio, siempre ardiente, haría todo lo demás.
La idea había excitado, poco a poco, a Gabril durante toda la tarde, de manera que cuando colgó el teléfono y se dispuso para irse a la cama, se sentía terriblemente inquieta, quería que la noche pasara con rapidez. Con un vaso de licor en la mano y cubierta.................
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