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 Eroticos: Mensajes subliminales / Cuarta parte
Enviado por webmaster el Viernes, 07 Enero, 2005
Control mental


Ya no era un fracasado.


Después de pasar media vida teniendo que aguantar las críticas y las risitas crueles a sus espaldas, al final había conseguido todo lo que necesitaba y con lo que había estado soñado cada día de su hasta entonces aburrida vida.

Gracias a su descubrimiento era el hombre mejor pagado de la universidad, y también el que menos horas pasaba allí trabajando.
Gracias al dinero que le cedía amablemente el rector y a que la propia
Universidad se encargaba de financiar completamente todos los gastos que podía
tener, el problema financiero había desaparecido por completo, así como
el estrés por el trabajo, al que acudía un par de veces por semana
simplemente para no aburrirse en casa.

En el terreno personal no podía pedir más: su esposa era virtualmente
su esclava sexual, con un carácter indómito y salvaje en la cama
y al mismo tiempo, una sumisión total en el resto de los aspectos de
su vida. Y ella era completamente feliz sirviéndole a él, sin
dudas, sin complejos, sin temores. Cualquier cosa que él hiciera, cualquier
decisión que él tomara, eran totalmente correctas y ella le ayudaría
a llevarlas a termino con toda su fuerza de voluntad, sin celos ni egoísmo,
tan solo por el puro placer bruto que le proporcionaba sentir la felicidad
de su esposo, e incluso, simplemente, ver una sola sonrisa en sus labios.

Cada día, cuando volvía del trabajo, lo primero que hacía
era meterse directamente en la ducha, para, inmediatamente después,
vestirse con las más excitantes y sensuales piezas de las que disponía
su siempre creciente ajuar. En su mente brillaba la idea obsesiva de que su
marido debía verla siempre hermosa y atractiva, sin sentir en lo más
mínimo ningún ápice del recato o del pudor que presidió su
vida durante muchos años. Ninguna prenda de lencería era lo suficientemente
atrevida como para no llevarla puesta en casa cuando estaban solos. No tenían
hijos, y gracias a la generosidad de la Universidad, los nuevos cristales de
las ventanas impedían que nadie del exterior pudiera ver a través
de ellos, ni siquiera de noche con las luces encendidas.
Los juegos sexuales eran su pasatiempo preferido, y el tema al que más
horas dedicaba sus pensamientos. Estuviera donde estuviera, siempre estaba
inventando nuevas formas de proporcionar placer a su esposo. Porque mientras
su esposo disfrutara, ella también disfrutaba.

Desde cubrir todo su cuerpo con miel, rematando los pezones y el sexo con nata
montada, y tumbarse sobre la alfombra, presentándose a ella misma<br.................

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 Relato: Mensajes subliminales / Tercera parte
Enviado por webmaster el Viernes, 07 Enero, 2005
Control mental


Sonia y sus amigas, todas de su misma edad, tenían la costumbre de reunirse los sábados por la tarde en casa de una de ellas para tomar un café y hablar de sus cosas.

David nunca se encontraba con ellas, porque durante esas horas también solía trabajar. Pero desde que finalizó con éxito su experimento, ya no necesitaba pasar tantas horas en el laboratorio. Aquel
sábado por la tarde se reunieron en su casa. David las dejó en
el salón mientras pasaba el rato leyendo en el dormitorio. A media tarde
sintió un poco de hambre, y se dirigió a la cocina para comer algo.
Desde allí podía ver perfectamente a su mujer y a sus amigas. Se
entretuvo un rato observándolas a todas.

La que más gritaba al hablar era Marta, una impresionante morena de
pelo rizado y cuerpo de pecado. Alta y esbelta, tenía los pechos grandes,
más incluso que Sonia. Llevaba puesta una cortísima minifalda
que se deslizaba hacia arriba cada vez que se movía. Y no dejaba de
moverse todo el tiempo. Solía vestirse de forma espectacular, para gustar
a los hombres. Era soltera, muy simpática, y le gustaba presumir de
su independencia.

Incluso más espectacular y hermosa que Marta era Eva. Rubia, pelo largo,
ojos verdes, pechos no demasiado pequeños, pero increíblemente
bien proporcionados, y unas piernas que nunca se acababan. Era una auténtica
zorra. David la odiaba, y el sentimiento era mutuo. Había sido modelo,
e incluso algunas veces seguían llamándola para algunos trabajos,
puesto que sus apenas cumplidos 30 años tan solo habían mejorado
su figura y su belleza. Hacía un par de años que había
conseguido engatusar a un joven millonario y se había casado con él.
Joven, hermosa y rica, la convertían en una insoportable y presuntuosa
presumida. Disfrutaba humillando a David y avivando la cizaña en Sonia.
Una de las mayores fantasías de David era humillarla públicamente.

Junto a Eva estaba Yolanda, una pequeña y vivaracha morena. Trabajaba
en un gimnasio, como monitora de aerobic. A pesar de que todo su cuerpo era
pequeño, el ejercicio diario mantenía sus pechos firmes y puntiagudos,
y su trasero, pequeño pero muy agradable a la vista. Le gustaba vestir
mallas y todo tipo de ropa flexible y ajustada, y presumía de no llevar
nunca sujetador porque no lo necesitaba, cosa que por otro lado, era cierta.
Nunca había encontrado a su hombre ideal.

Por último estaba María, la hermana de su mujer y por tanto,
su cuñada. Se parecía mucho a su hermana, excepto en el pelo.
Era una pelirroja fastuosa. Su largo pelo rojo.................

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 Sexo: Mensajes subliminales / Segunda parte
Enviado por webmaster el Viernes, 07 Enero, 2005
Control mental

SLos siguientes días fueron los mejores en toda la vida de David. Las cintas subliminales se convirtieron en algo imprescindible. Poco a poco, comenzó la re-educación de su mujer.
Primero fue la actitud ante su trabajo. Comenzó a verlo como un empleo maravilloso. Era lo que su marido siempre había querido, por tanto era lo mejor para él. No solo no volvió a criticarlo, sino que lo apoyaba ante cualquiera que se metiera con él.

El siguiente paso fue la forma de vestir. Cuando llegaba a casa, Sonia seguía
quitándose la ropa que vestía para trabajar, pero tan solo para
sustituirla por excitante lencería, apenas tapada por elegantes quimonos
y saltos de cama que había comprado por "su propia" voluntad.
Se duchaba varias veces al día, para estar siempre limpia y a punto
para su esposo.

En cuestión de sexo, David convirtió a su mujer en toda una tigresa
en la cama. Audaz, impulsiva, apasionada... no había juego erótico
que le propusiera su marido que no quisiera probar. Pero no solo eso, sino
que comenzó a leer libros y relatos eróticos, y a alquilar películas
pornográficas para aprender más y mejores formas de disfrutar
del amor.

Pero ante todo, el mayor cambio en Sonia había sido la sumisión.
Adoraba a su esposo. Sus deseos eran más que órdenes para ella.
Haría cualquier cosa por él. Su único deseo en la vida
era complacerle. Vivía por y para él. Seguía trabajando,
pero solo porque el dinero que ella ganaba les venía muy bien a los
dos.

Por lo demás, su vida seguía siendo como siempre. Ante el resto
del mundo ella no había cambiado, excepto tal vez en la mirada de amor
y devoción que aparecía en sus ojos al mencionar a su esposo.
Nadie notó nada extraño a parte de esto.

Pero no fue solamente Sonia la que escuchó los mensajes subliminales
de David. El rector de la universidad disfrutó mucho escuchando la cinta
de música que su investigador le había regalado. Era de su cantante
favorito. Muy difícil de encontrar. Le gustó tanto el regalo
que, inexplicablemente para muchos, al día siguiente le dobló el
sueldo y aumentó el presupuesto de la sección de investigación
que él dirigía.

También los ayudantes que trabajaban junto a él en el laboratorio
dejaron de ser tan fríos como al principio. Confiaban en él,
le contaban sus secretos, incluso los relacionados con su vida sexual, y valoraban
enormemente sus consejos y opiniones. Le respetaban. Y las mujeres incluso
más que eso. Sabían que no era amor, pero no podían evitar
sentir una gran atracción por su jefe. Incluso esa horrible música
que solía hacerles escuchar insistentemente durante los últimos
días, comenzó a agradarles sin medida. Estaban deseando entrar
en el laboratorio cada mañana para volver a escucharla.

Con la conciencia tranquila por no necesitar mostrar resultados contundentes
a sus jefes para que no lo despidieran, David comenzó a dejar de pasar
tantas horas metido en el laboratorio. El rector estuvo encantado de reducirle
su horario laboral, sin tocar su sueldo, eso sí, e incluso le ofreció unas
vacaciones que David rechazó con enorme profesionalidad, aunque no
sin antes aclararle al rector que prefería elegir él mismo
la fecha de esas vacaciones, y que cuando las tomara, sería la universidad
la que correría con todos los gastos. Era una oferta tan razonable
que el rector no pudo rechazarla.

Era curioso estar en medio del solemne despacho del rector y escuchar la música
de la cinta que le había regalado sonando sin parar en un equipo de
música que el rector había comprado recientemente. Una vez más,
David no pudo ocultar una gratificante sonrisa.










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 Realto: Mensajes subliminales / Primera parte
Enviado por webmaster el Viernes, 07 Enero, 2005
Control mental

Siempre había sido un fracasado. Durante toda su vida había tenido que aguantar las risas de sus amigos, de su familia, de su propia esposa, echándole en cara el que solo fuera un ayudante de psicología en la universidad. Ni siquiera había podido llegar a ser profesor. Pero a él no le importaba lo que dijeran los demás. A él no le gustaba enseñar. Lo suyo era la investigación; meterse durante todo el día en el laboratorio, realizar pruebas con los voluntarios, preparar ensayos,
y soñar con realizar algún día un descubrimiento fabuloso
que le mereciera el reconocimiento de sus colegas. Pero eso, para todo el mundo,
y sobre todo para su mujer, era ser un fracasado. No se lo echaba en cara a todas
horas, pero no podía esconderlo en los momentos en los que discutían.
Ella siempre había soñado con una vida un poco mejor. No es que
vivieran realmente mal. Su sueldo en la universidad y el trabajo de ella como
secretaria les bastaba a ambos para vivir holgadamente, aunque sin lujos.

Pero todo aquello iba a cambiar a partir de aquella tarde. Las últimas
pruebas que estaba realizando habían funcionado tal y como él
esperaba. Su ansiado deseo de conseguir un gran descubrimiento iba a convertirse
en una realidad. Llevaba ya varios años buscando una cura para el dolor,
acallando las señales que el centro del dolor del cerebro envía
a la consciencia. Para ello, había probado un montón de técnicas
distintas, pero la que mejores resultados le había dado era la de los
mensajes subliminales. Con ellos podía interferir dichas señales
y convertirlas en sensaciones agradables, engañando así al centro
del dolor. Había descubierto dos longitudes de onda distintas, una para
los hombres y otra para las mujeres, con las que podía enviar mensajes
directamente al subconsciente de unos y otros. Los mensajes eran obedecidos
inmediatamente, haciendo que cualquier dolor del cuerpo o de la mente desapareciera
al instante.

Pero había escondido algunos detalles a sus compañeros de investigación.
Además de eliminar el dolor, su descubrimiento podía llegar mucho
más lejos. También podía eliminar las inhibiciones y los
prejuicios de cualquier persona. Y alterando un poco las longitudes de onda,
podía controlar totalmente la voluntad del sujeto... o al menos eso
era lo que demostraban las pocas pruebas que había podido realizar a
espaldas de sus ayudantes. Largas noches en vela preparando cintas que luego
experimentaba durante el día con los voluntarios que se prestaban a
las pruebas. Pero al no poder disfrutar de la suficiente intimidad, jamás
había podido probar realmente sus teorías.

Hasta aquella tarde, en la que, solo en el laboratorio, todos los experimentos
.................

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 Gay: Mi hijo el boxeador
Enviado por webmaster el Martes, 04 Enero, 2005
Relatos gay

Es mi primera historia de este género, espero les guste y no me juzguen, pues es imaginación.


Era cerca de la una de la tarde y decidí pasar por casa a ver si todo estaba en orden. En efecto, la normalidad reinaba
en casa; Raquel, mi esposa, trabajando en la ciudad vecina, la niña no
ha regresado de casa de mi cuñada y Tomás está en su habitación
viendo la televisión. Al notar mi presencia viene a saludarme.


¡Hola papá!


¡Hola bebé!. ¿Almorzaste?


Sí. ¿Y eso?


¿Qué?


Tú por aquí. ¿Y el trabajo?


¡Ah nada! La reunión fue temprano y ya comimos, así que pensé dar
una vuelta por casa, pero ya me voy.


¿Por qué no me esperas para que me lleves al gimnasio? Hoy tengo
prácticas.


Dale, voy a recostarme un rato mientras te preparas.

Tomás es mi hijo mayor, nació cuando yo tenía 20 años.
Hoy es un hombrecito de 16 años cumplidos. Mientras se baña,
me quedé en su cama viendo la televisión. Entra y se pone su
interior sin quitarse la toalla. Hablamos de su entrenamiento en el boxeo y
poco a poco terminó de vestirse. Antes de salir fui al baño y él
se adelantó a llamar el ascensor. En vista de mi tardanza, volvió a
buscarme. En la sala lo detuve y le pregunté que tenía "allí".


¿Dónde?


Allí. (señalando con mi boca su bragueta)


¡Ah pues pá! Nada (con risas nerviosas) Ya llegó el ascensor.


Espera, ven acá.

—¿
Qué pasó? Vámonos se hace tarde.


Tranquilo, no importa. Es un minuto nada más.

Tendí mi mano y se apartó de la puerta hasta llegar frente a
mi, cruzando sus manos como futbolista que se protege sus partes. Volví a
preguntar qué tenía "allí" debajo del pantalón
y con gestos nerviosos insistía que nada.


Déjame ver.


¡No! ¿Qué vas a ver? ¿No sabes lo que tengo? Ya me
has visto papá.


Sí, pero ya eres un hombre y no te has dejado ver más. Anda quiero
ver cómo es. ¿Te da pena conmigo?


Sí.


¿Por qué?


Porque es pequeño. ¿Qué vas a.................

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