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 Gay: Mis calientes experiencias homosexuales
Enviado por webmaster el Martes, 07 Diciembre, 2004
Relatos gay

Hace mucho ya que me dí cuenta de mis inclinación por los hombres: las mujeres no me atraían en lo más mínimo




Hola!
Tengo 19 años y quiero contarte mis calientes experiencias homosexuales. Soy tenista amateur, y entreno duramente todos los días, aunque a decir verdad, no soy muy bueno empuñando la raqueta para jugar... pero me excita mucho empuñar las raquetas de otros tenistas.
Hace mucho ya que me dí cuenta de mis inclinación por los hombres: las mujeres no me atraían en lo más mínimo, mientras que en los vestuarios del club donde entreno, ese olor a hombre... no sé, me agradaba demasiado. A veces me duchaba tres o cuatro veces por día, con tal de estar entre tantos hombres atléticos. Me ponía celoso cuando estos muchachones salían con sus novias, y aunque más de uno desconfiaba de mí, yo daba una imagen más parecida a un solitario y confundido adolescente, pues realmente no soy ni tengo una pizca de maricón en la voz.
En el club me apodan Boby, pues cuando mi antiguo entrenador notó que aunque yo era un asiduo concurrente a sus entrenamientos y a las actividades del club en general, aunque no cazaba una pelota ni tenía la pasta necesaria para ser un jugador mediocre, decidió ofrecerme la posibilidad de ser un "ball-boy", es decir, ocuparme de alcanzar las pelotas a los jugadores durante los torneos importantes.
Allí fué cuando conocí a Federico, mi amor imposible, a quien hace ya un año que no veo y por quien estoy sumamente deprimido.
Les cuento: durante uno de esos domingos sofocantes de verano en Buenos Aires, se realizaba un torneo interno de tenis en el club, y el entrenador me dijo que yo y otro muchacho seríamos los auxiliares durante un partido que se realizaba justo al mediodía, cuando el sol pegaba a pleno. Cegado por el sol, no ví a uno de los jugadores y me lo llevé por delante, cayendo yo torpemente al suelo. Cuando levanté la vista...
¡Que hombre!
Me tendía la mano y me preguntaba si estaba bien. Yo solo veía sus ojos celestes, esos faroles que me escandilaban más aún que el sol que se entreveraba por la melena rubia que le caía sobre los hombros. Sus labios torneados, su barba a medio crecer, ese porte vigoroso... le dí la mano y una electricidad me corrió por todo el cuerpo, hasta frunció mi culito virgen de carne humana hasta ese entonces. Yo no sé si ese fué mi primer orgasmo... ¡no podía creer lo que estaba pasando!

-¿Estás bien? -me dijo Federico mientras me levantaba del suelo.

-Si, si, si... -le respondí.
La voz del entrenador, desde el fondo, gritó mi apodo:

-¡¡Boby!! ¡¡Más cuidado!!

-¿Boby? -dijo Federico, con su voz varonil, siendo esa la primera vez que pronunciaba mi nombre. Y luego sonrió picaramente.
Ese partido se hizo eterno, yo no podía sacarle los ojos de encima. Miraba sus.................

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 Un orgasmo: en la despedida
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos genericos

Fui aceptada en una universidad que se encuentra a 6 horas de distancia de la mía, así que mi novio se ofreció a acompañarme para que no fuera tan difícil la despedida. Así que tomamos el autobús que nos llevaría hasta mi nuevo hogar.

Antes de continuar debo describirme, soy mexicana, morena clara, ojos negros, cabello castaño que llega a media espalda, de complexión media, mido 1.65 mts. y tengo unos pechos bastante apetecibles ya que son 36 "D", lo que causa que cuando uso blusas escotadas nadie pueda verme directamente a los ojos, debo de confesar que eso me gusta, no sé si soy algo exhibicionista, pero me gusta que los hombres no puedan articular palabra por estar pendientes de mis redondos pechos. Mi novio es algo celoso al respecto, pero a el también le fascina mirar, y sobre todo besar y morder, mis senos.

Como iba comentando llegamos a la ciudad donde deberíamos transbordar de autobús, pero como llegamos muy temprano teníamos que esperar alrededor de unas 5 horas para tomar el siguiente bus, así que decidimos pasear por la ciudad, debo mencionar que desde que veníamos en camino no dejamos de besarnos y tocarnos por todas partes por que sentíamos que el tiempo se nos escapaba y lo queríamos aprovechar al máximo. Al estar paseando por la ciudad todos nos parecía alusivo al sexo y cada vez nos poníamos más cachondos, hasta el punto de besarnos en la calle y abrazarnos de tal manera que nuestras caderas chocaran una con la otra y nuestros sexos se retorcían de placer dentro de la ropa. De repente el cielo se empezó a oscurecer y las nubes se apoderaron de todo y empezó a llover tan fuerte que nadie quedaba en las calles nosotros nos pudimos meter en un zaguán y el empezó a besarme de una forma tan desesperada que yo sentía que me quería comer, sus manos se apoderaron de todo mi cuerpo estrujando cada parte hasta que creí que perdería la razón si en ese momento no me hacia el amor.

Su pene, ya endurecido, quería traspasar mi ropa y cualquier obstáculo que le impidiese llegar hasta su objetivo, mi vagina, que para ese momento parecía una laguna de lo mojada que estaba, el no dejaba de tocar cada uno de mis puntos claves; mi espalda la acariciaba por debajo de mi blusa y yo sentía que corrientes eléctricas recorrían todo mi cuerpo hasta los pies, mi cuello lo besaba como si intentara chuparlo todo, pero sin dejar ni una sola marca, mis pechos los apretaba con una fuerza que me hacia lanzar gemidos, que se confundían entre el placer y el dolor, mis nalgas las atraía hacia el y las giraba para aumentar la fricción entre los dos. Yo sentía que estallaría de placer en ese instante, cuando no podía más me acerque a su oído y le dije con una voz casi inexistente "ya no aguanto mas,.................

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 Hetero: Un descanso fenomenal
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos genericos

No podía luchar más. Tenia 18 años, estaba cansada de mi corta vida, de las presiones que pasaba en casa, de mi pasión por bailar. Y es que si algo se me daba bien, lo único en mi vida, era bailar. Había estado en algún grupo de baile, tenia algunos premios de varios concursos, peor no me llenaba. Acababa de pasar también por el peor momento de mi vida. Me enamore de un chico, y durante un año sufrí mil lagrimas en silencio, sin respuesta por su parte. Finalmente cuando por fin dimos un paso mas, tuvo que marcharse a vivir a otra ciudad lejana. Era realmente triste que el destino me la jugara de aquella manera. Entonces eran otros tiempos, no todos teníamos Internet, las cartas eran demasiado frías, y por aquel entonces el móvil era solo un invento a punto de introducirse en nuestras vidas. Hablo del año 1996.

Resumiendo, cuando llegue a mis 18 años, mi mayoría de edad, quise romper con todo. Me despedí una triste tarde gris de otoño de todos mis amigos. Dejaba tras de mi amistades verdaderamente maravillosas y un pasado que no volvería jamás. Uno de mis amigos, alguien que también fue especial para mí particularmente, me pidió que no lo hiciera. Yo por aquel entonces no tenia mas ganas de amoríos y tampoco quise indagar en el porque de su pena, así que solo sonreí y me marche. En el aeropuerto mi familia me decía adiós con la mano, mientras embarcaba rumbo a Londres a que el baile sacara lo mejor de mí.

Llegue al apartamento que habíamos alquilado. Económicamente a mis padres no les iba mal y me dieron algo de dinero para que empezara. De no ser por ello, casi creía imposible conseguir salir del pozo negro de mi vida. Rápidamente entre en un grupo de baile recomendada por mi profesora de Madrid. Nos dedicábamos a hacer coreografías sobre canciones del momento. Entre mi grupo, eran 4 chicas y 6 chicos. Solo mencionare a Carlos, que era italiano pero hablaba perfectamente el español. Enseguida congenie con él, y tras esos ojos verdes y la dulzura de sus labios, se escondía algo que no tarde en descubrir. Solíamos ensayar todos los días de 3 de la tarde a 11 de la noche. Por las mañanas empecé a trabajar en un gimnasio dando algunas clases de aeróbic. Y así pasaban mis días, colmada de tranquilidad, lejos de mi mundo anterior.

Una noche que llovía bastante, Carlos quería llevarme a casa. La verdad es que llevaba unos días observándole, cada día me atraía más y más, además hacia mucho tiempo que no tenia una buena sesión de sexo. Así que acepte que me llevara a casa.

Subimos corriendo prácticamente empapados por la lluvia. Le pedí que se acomodara mientras yo me daba una ducha. Entre risas me insinuó que el también necesitaba una ducha. No le hice caso y me metí en.................

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 Amiga: de confianza
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos genericos

Esto sucedió con una amiga de la escuela con la cual me llevo muy bien pero en el transcurso de la carrera nunca hubo el interés por parte de los dos de poder tener sexo sin algún compromiso obviamente eso fue llevando la conversación a estar mas caliente lo cual produjo que los dos nos excitáramos.

Llego el punto donde ella me decía que me quería succionar toda la leche de mi verga, jugar con ella y luego que se lo metiera hasta que ella parara de gritar de placer. Por mi parte yo ya estaba mojado y comenzaba a masturbarme la verga bien roja y parada mientras ella me decía todas las cosas que me haría si yo le mamaba la concha y dejaba caer mi leche en sus tetas. Ella me decía que le dijera mas cosas porque tenia su concha bien caliente y sus pezones bien parados para que se viniera mientras jugaba con su clítoris. Yo le decía que le iba a abrir las piernas y le iba a chupar su concha de arriba para abajo mientras le metía los dedos en su conchita y le jugaba las tetas con la otra y antes que me viniera le pondría boca arriba para que probara mi semen. Por un momento dejo de escribir y me dijo que ya se había venido y que sintió rico. Yo le comente que estaba ardiendo y le propuse un encuentro después de que ella saliera de trabajar.

Termine pasando por ella a las ocho y me dijo que si quería podríamos ir a su casa porque sus papas estaban de viaje y su hermano estaba trabajando en el restaurante. Cuando ella entro al auto enseguida vio que mi pija estaba bien parada. Sin pensarlo dos veces me abrió el pantalón y comenzó a mamármela rico haciendo unos gemidos que cada vez me hacían acumular más y más semen para soltar. Ella se subió la falda, me agarro la mano y me dijo que la jugueteara toda la concha la cual la tenia súper mojada. Me comenzó a chupar solo la cabeza donde ella veía salir el liquido lubricante de mi verga mientras yo solo sentía como su conchita se dilataba cuando le metía tres dedos en su huequito. Un poco antes de llegar a su casa ella comenzó a temblar de excitación, comenzó a chupármelo más y más rápido, detuve el auto en una esquina y nos venimos los dos al mismo tiempo; ella me chupo toda la leche hasta la ultima gota.

Por fin entramos a su casa y rumbo al cuarto ella se comenzó a desvestir en las escaleras el cual yo sin pensar me quite todo llegando los dos desnudos a su cuarto. Lo primero que ella me dijo era que quería que le metiera el pito fuerte y duro. Se acostó en la cama y abrió todas las piernas y me recordó lo que me había dicho... quiero gritar de placer hasta que me canse. Tome mi verga bien dura y se lo fui metiendo poco a poco viendo su cara de que quería más. Una vez que sintió la dureza de mi verga comencé a meter y a sacar con todas mis fuerzas. Ella se veía como disfrutaba con lujuria cada segundo que sentía mi miembro dentro de ella. Sus tetas se movían para atrás y adelante y sus pezones estaban duros y rojos. Para tomar un segundo aire le dije que se pusiera de perrito. La comencé a penetrar por atrás viendo como su trasero topaba con mi pelvis haciendo un ruido que nos excitaba más y más; con una mano le jugaba una teta, con la otra le jugaba su clítoris y con mi boca le besaba el cuello.

Cuando sentí que ella comenzaba a tener su orgasmo aumente la velocidad saque mi verga la puse de frente a mí y una segunda descarga de leche cayo sobre sus tetas. Mientras los dos estábamos cesando ella se comenzó a untar mi semen en sus pezones y a jugarme la polla. Rápidamente yo tuve otra erección. Los dos nos masturbábamos el uno al otro. Me puse boca arriba y ella se inclino sobre mí haciendo un perfecto 69. Así estuvimos como por quince minutos chupándonos. Su conchita tenia un olor y sabor rico. Cada vez que le mordía sus labios y clítoris se sentía como tenia un mini orgasmo. Yo disfrutaba como se tragaba mi polla y jugaba con mis huevos. Llenaba de saliva toda su boca y luego hacia que mi verga se mojara de ella. Terminamos viniéndonos en el suelo. Conversamos de lo sucedido, me invito a cenar y cada quien para su casa. Ahora de vez en cuando volvemos hacer lo mismo comenzando desde las platicas en el chat.






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 Fiesta: en la playa
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos genericos

Me llamo Mario, tengo 28 años y normalmente veraneo quince días al año en la misma playa. El verano pasado tuve una despedida muy especial El último día de vacaciones me llamó la hermana de un amigo del trabajo, Jorge. Nunca la había visto personalmente. Tan sólo habíamos hablado alguna vez por teléfono cuando ella recogía mis recados para su hermano. La última noche de vacaciones telefoneó para invitarme a que me acercase a una fiesta en casa de una amiga. Decidí aceptar porque estaba cerca, no necesitaba el coche.

Llegué a la fiesta a eso de la media noche y la juerga ya estaba montada. Después supe que aquello ya había empezado dos horas antes. Sara me había dicho que ella me reconocería, pues me había visto en fotos de Jorge. Así que, tras servirme una copa, esperé. La fiesta estaba muy concurrida, casi no se podía andar por la casa. La música estaba alta y algunos ya habían decidido bajar a la playa, se estaba un poco más frescos.

- Hola Mario

- ¿Sara? - Contesté mientras dibujaba con la mirada su espectacular cuerpo. Una escueta camiseta dibujaba sus pezones bajo su color blanco. Era evidente que no se había puesto sujetador. Un pareo semitransparente cubría torpemente su braga naranja. Dudé si sería un bikini, pero no me importó. Conformé mi excitación con las desnudas piernas terminadas en sandalias de suela plana.

- Me alegro de que hayas venido - sonrió Sara enloqueciéndome con su tez morena y sus labios carnosos.

Charlamos durante varias horas. Ella me contó cosas de su hermano y anécdotas divertidas. Aunque la escuchaba con atención no podía dejar de desearla. Supongo que se percató, o que el sentimiento era mutuo, pues poco a poco hablábamos desde más cerca y sus pechos me rozaba cada vez con más claridad. Así hasta que un beso terminó con la conversación.

-Vamos fuera - propuse.

Ella asintió con la cabeza y tomándome de la mano me llevó a la parte de atrás de la casa. Acabamos besándonos arrimados a la pared de la casa, en un rincón con escasa luz. Poco a poco deslicé suavemente mi mano desde su cintura. Bajo mis dedos se describían aquellas piernas firmes de nalgas redondeadas. Alcancé por fin la meta buscada, las bragas de llamativo color que tanto había mirado con disimulo en la fiesta. Tiré suavemente de ellas hasta que, pasado el inicio de los muslos, cayeron por su propio peso. Para entonces, nuestras lenguas batallaban indómitas y lujuriosas en su boca. No quise quitarle el Pareo. Lo dejé puesto a sabiendas. Sin saber por qué, eso me daba morbo.

Descendí por el cuello hasta la clavícula, mi lengua acariciaba la piel ardiente de Sara. Para entonces la respiración de ambos era acelerada y el corazón golpeaba galopante en el pecho. Levanté su camiseta y pude deleitarme con la visión de los voluminosos.................

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