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 Pintando: el amor
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos genericos

Una amiga mía, que por cierto es la mujer más sexy que he conocido, ya que tenía un cuerpo perfecto, con las curvas suficientes para pensar que cuando Dios creó la mujer la tuvo a ella en su mente, y eso permitió que la raza humana se multiplicara forzosamente, como decía antes, esta amiga, con la que tenía amistad desde hacía varios años, y siempre pensé que hacer el amor con ella podría ser algo sublime (aunque nunca me atreví a insinuarle nada).
Un día que nos encontramos tomando un café, me dijo que tenía necesidad de que le ayudaran a pintar la fachada del comercio que tenía y no era posible encargarlo a un equipo de pintores ya que estos lo realizan en horario de atención al publico, con lo que la venta se podría resentir.

Me brinde a ayudarla a pintar en horario anterior a la apertura habitual del comercio, y acordamos realizarlo a las 7 de la mañana del miércoles siguiente, para lo cual prepare el material oportuno (rodillo, brochas, pintura etc.).

Llegado el miércoles me presenté en su casa para recogerla a las 7 como habíamos quedado, y cuando abrió la puerta allí estaba yo con una bolsa en la que llevaba ropa adecuada para cambiarme y dirigirnos hacia su comercio. Mi sorpresa fue que ella aún no estaba vestida para salir, deduje que se había dormido, aunque su aspecto era excelente, era una mujer preciosa y como he dicho antes muy sensual, me hizo pasar, y la acompañé al interior de su casa, un poco inquieto porque veía que se nos iba a pasar el tiempo previsto para pintar y probablemente no terminaríamos antes de las 9 de la mañana, como estaba previsto. Le sugerí que podría ir cambiándome de ropa en el salón mientras ella terminaba de vestirse en su dormitorio, para ganar tiempo.

- Es mejor que te cambies en mi dormitorio, y así podrás colgar tus ropas en el armario - me dijo.

Un poco cohibido contesté:

- De acuerdo.

Comencé a quitarme la ropa que llevaba puesta, y observe por el rabillo del ojo que ella se quitaba el albornoz y dejo ver su magnifico cuerpo desnudo, con lo cual, lo que yo me imaginaba que escondía debajo de sus ropas, era una maravillosa realidad, pero enseguida aparté mi mirada, y me fui a una esquina de su habitación a desvestirme, situándome de espaldas para mantener la discreción. Detrás de mí oía el ruido ropa y cuando estaba ya solo con slip, para comenzar a ponerme la ropa de trabajo, oí su voz diciéndome:

- Date la vuelta un momento.

Me giré y mi sorpresa fue mayúscula al ver que estaba dentro de su cama, tapada hasta la barbilla, con una sonrisa pícara y ojos brillantes, que invitaban...

- Ven aquí conmigo que quiero sentirte a mi lado - a.................

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 Me violó: mi padrastro
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos no consentidos

Me llamo Sandra, y esta historia comienza cuando mi madre enviuda y se junta con un señor de 48 años de edad, el cual, desde el momento en que llegó a la casa y me conoció, comentó que era ya una mujer hermosa. Posteriormente, me di cuenta que él no me quitaba la vista de encima, me miraba las piernas blancas ya que al parecer le gustaban, ya que siempre las traía con medias, lo cual las hace más atractivas para la vista de los hombres y con minifalda mucho más y cuando cruzaba mis piernas frente a él, era una gran tentación, poniéndose inquieto y nervioso, pero de placer.

Este asedio se fue haciendo cada vez más constante e insistente, hasta llegar a espiarme mientras me bañaba o me cambiaba de ropa temprano para ir al trabajo, lo que en algunas ocasiones me logró ver, eso fue lo que le excitó, constituyéndose en el mayor acoso sexual por parte de él, hasta llegar a manosearme y a ofrecerme dinero, situación que le rechacé, enfadándose. En otras ocasiones, le encontré ropa íntima y medias mías en su closet; esto provocaba en mí a la vez molestia y en ocasiones satisfacción, al ver que un hombre era atraído por mí, yo hacía que mi sensualidad despertara pasión en él como hombre, gozaba ver cómo me miraba con deseo, yo sabia que le era atractiva como mujer, contribuyendo con mi excitación, ya que en ciertas veces, me sentaba frente a él separando mis piernas y logrando que su imaginación volara, produciéndole mayor excitación, lo cual, lograba desquitarse y satisfacerse con mi madre.

Durante las noches, dormía en una recámara junto a la de mi madre y escuchaba a través de la pared cuando tenían relaciones sexuales, haciendo mucho ruido y por los gemidos de mi madre, lo que a mí me excitaba, haciendo que mi vagina lubricara bastante. Una noche, mi madre se fue a cuidar a mi hermano menor ya que se había enfermado, llegué del trabajo siempre bien arreglada, no había nadie y me cambié para acostarme poniéndome una bata corta de color negro, lo cual, resaltaba con mi piel blanca quedándome dormida; como a la media noche, sentí unas manos acariciándome, lo cual me despertó, viendo a mi padrastro completamente desnudo, separándome mis piernas en forma violenta y sacándome mi tanga, descubriendo toda esa feminidad que había conservado y amenazándome que si gritaba me mataría.

Me dio mucho miedo, mientras él estaba comenzando a besar, me mordía mis labios y sentí su lengua dentro de mi boca, en mi cuello, besaba mis senos tomándolos entre sus manos y apretándolos entre sí y llegó hasta mi abdomen, descubriendo las curvas de mi cadera, sintiendo entre mis muslos ese miembro todo erecto con una gran lubricación. Después, él acarició mi clítoris con su boca, sintiendo como lograba hacer que me excitara, sabia que tomaría de mí ese terciopelo rojo que lo haría feliz;.................

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 Confesiones: de una sumisa
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de confesiones

Antes de todo me describiré un poco, tengo 19 años aunque suelen decirme que aparento algunos más ya que me encanta arreglarme, ponerme zapatos de tacones altísimos, y faldas muy cortitas (pero sin llegar a dar una mala imagen), en definitiva ir provocativa y sexy pero no enseñar demasiado... lo justo! Suelen decirme que soy muy sensual y mi físico exótico... yo tampoco se que opinar así que tendréis que fiaros de lo que dicen. Mi nombre es Alexa, vivo en Barcelona y hoy os contaré mis mas intimas confesiones. Esto no lo conté nunca antes, así que espero guarden bien mi secreto.

Hace tiempo que quería confensar, pero aun no me había atrevido ha hacerlo, llevo un tiempo entrando en páginas de relatos y quizás los que más me llamaron la atención son los de sexo no consentido, y chicas a las que someten en un lugar inesperado sin poder hacer nada para evitarlo, incluso aquellas a las que les azotan y humillan. No se porque pero todas estas situaciones me ponen a mil, hacen que se moje mi coñito, y me imagine yo en ese tipo de situación, se que una violación es algo muy grabe... pero me pone susy, no lo puedo evitar. Las palabras obscenas, humillaciones, como... “Me la vas a comer entera zorra”, o “Hoy serás mi puta”, o “Te follaré hasta partirte”, entre muchísimas otras me encienden mis instintos más perversos y siempre acabo masturbándome.

Atando cabos recuerdo que con mí última pareja yo buscaba estas situaciones, le mordía, le arañaba la espalda, y demás provocaciones, mientras follábamos para volverle violento y que me manejase... me agarra las manos y al ser un hombre musculado y grande, evitaba que pudiera seguir con mi plan inconsciente de provocarlo, pero cuando se acercaba a besarme aun con las manos agarradas y las piernas inmovilizadas, yo le mordía y cuando me soltaba las manos aprovechaba para darle alguna torta y sonreírme maliciosamente, cosa que a el no le hacia mucha gracia, por lo tanto cuando el ya no aguantaba mas, me la devolvía con fuerza dejando mi cara roja, y mi cara de perrita dolida quieta por unos momentos, pero enseguida reaccionaba y mi rebeldía volvía a dar sus frutos, hasta que él estaba tan caliente y arto de mis travesuras... que no podía mas, y comenzaba a abusar de mí... a agarrarme con fuerza, me ataba a la cama con pañuelos, y hacia de mí lo que quería.

Cuando no me dejaba hacer lo que él pretendía, me pegaba azotes en el culo, y cuando me portaba mal me los daba en la cara mientras me decía que era una puta como todas las demás, yo tenia que portarme bien, porque sino me hacia daño, así que intentaba relajarle y decirle que lo sentía, que me soltase, por favor, que no me pegase mas, ni me follase de aquella forma, pero ya era tarde... el iba ha hacer.................

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 El secuestro: de Elizabeth
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos no consentidos

Ella es Elizabeth, cumplió ya 18 años y parece una caliente mujer de 25, vaya que chica, tiene piel blanca como la nieve, pelo negro que le llega a los hombros, ojos verdes profundos, una boca pequeña pero deliciosa, unos pechos perfectos ni muy pequeños ni muy grandes, y que decir de sus piernas largas y bien formadas y lo mejor es ese culito que trae durito y paradito.

Bien lo que quiero contarles es lo que le paso un día que ella venia de clase. Caminaba por la calle, ella traía puesto su precioso y muy sexy uniforme del colegio una blusa blanca pegadita un chalequito azul sin abotonar, una corbata azul y una falda muy cortita, también azul. Seguía caminando hacia su casa cuando de una esquina sintió que la jalaron a dentro de un callejón, antes de poder reaccionar de alguna manera. Una mano le tapo la boca para que no gritara, ella no podía ver quien era pues sola la empuja hacia delante esa fuerza la llevo hasta una pared, la contramino de espalda contra ella, de manera que la tuviera de frente sin quitarle la mano de la boca. Era un hombre encapuchado con un pasamontañas un poco mas alto que ella, el hombre la miro a los ojos, le sonrió cínicamente, y le dijo así:

- Tranquila preciosa que de ti depende que todo salga bien.

Y sacando una pequeña navaja la acerco al cuello de la chica. Mientras él gozaba al ver el miedo en los ojos verdes de su linda presa, y en efecto la pobre Elizabeth estaba aterrada. De repente el encapuchado le comenzó a acariciar las piernas, la chica se revolvía tratándose de liberar pero era inútil, luego el tipo saco de su bolsillo un pañuelo celeste lo hizo puño y quitando su mano de la boca de la chica, e introdujo el pañuelo ahí mismo, e intimidándola de nuevo con la navaja le dijo que si escupía el pañuelo y gritaba, la iba a rajar ahí mismo, -¿esta claro?- preguntó el encapuchado, Elizabeth afirmo con su cabeza.

Luego de esto el sujeto le quito su corbatita, y tendió a la chica en el suelo boca abajo, le ato con la corbata las manos atrás de la espada, y aprovechando esa posición el tipo acariciaba las nalgas sobre la falda de la joven, la chica solo se movía torpemente y de su boca sólo salía un “Mmmmmm” ahogado por el pañuelo. En la posición en que estaba la chica no podía ver al tipo. Luego empezó a oír como el sujeto registraba su mochila, en ese momento Elizabeth creyó que sólo se trataba de un asalto, que equivocada estaba.

Después de registrar la mochila, levantó a la chica pero no del todo la dejó hincada mientras Elizabeth lloraba asustada. Luego el tipo se hincó enfrente de ella y le dijo mientras acaricia sus senos.

- Que.................

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 El sexo: surgido del odio
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos no consentidos

Descubro tu presencia antes de que entres en la habitación. Sé que no vas a ser amable conmigo y siento tu odio mirándome fijamente, atravesando el pasamontañas de plástico negro que me impide ver. Estás muy cerca, puerco inmundo, observando tu obra. Estoy desnuda, lo sé porque siento el frío que hace en este sótano donde llevo ya incontables horas, días, quién sabe si semanas. Y durante todo este tiempo, no has parado de torturarme impúdicamente Tu respiración es lo único que oigo de ti, salvo cuando estás gimiendo como un perro. Gemidos y ronquidos que no me dan ninguna pista. ¿Quién eres, monstruo infernal? Estás justo encima de mí, mirándome y vuelvo a sentir el asco que me das. Te odio tanto que tu odio por mí es una niñería, una nadería sin contenido. Tu aliento en mi cuello es algo insoportable y las yemas de tus dedos son como cuchillas horadando mi piel. No eres nada original y empiezas por donde siempre, por posar tus nauseabundas manos en mis tetas y sobarlas, apretarlas dejándome el sudor de las palmas de tus manos, callizas y duras. Me levantas el pasamontañas hasta la nariz, dejando mi boca libre. Tu lengua lame mi cara, donándome un reguero de baba que escurre hasta mi barbilla mientras tu cuerpo se apoya sobre el mío. Cierro los ojos debajo del pasamontañas y me concentro en no sentirte, me imagino muy lejos de ti, disfrutando de un granizado de café en una terraza con vistas al mar. No sé por qué pienso en eso, cuando yo jamás he soportado el café, pero tampoco te soporto a ti y también vuelves cada dos por tres. Tus manos separan mis piernas y ya he decidido no volver a resistirme. Me follarás cuando quieras, porque llevas haciéndolo tanto tiempo que ya no tiene sentido la rebeldía.

Tu polla está muy dura y entra en mis carnes sin ningún cuidado. Me desgarran, me perforan hasta el fondo. La siento enorme, mucho mayor que la de mis anteriores compañeros. Quizá sea el miedo o tu brusquedad, porque estoy convencida de que eres alguien acomplejado, lleno de temores y sin autoestima. Si tuvieses una polla en condiciones, la usarías para procurar placer a mujeres, no para torturarlas. Debes tener una polla pequeña y por eso me vendas los ojos, para que no la vea. Quizá me estés metiendo un consolador, pero no creo: esto que entra hasta mis entrañas haciéndome tanto daño es algo carnoso, caliente. Se mueve como solo un animal puede moverlo, haciendo verdadero daño en mi vulva que está irritada a más no poder. Sale calor de ella y debe ser de la putrefacción que llevas en tus tripas. Me follas con odio. Me follas mientras yo pienso en cosas hermosas, aunque el dolor haga que no sirva de mucho.

Ya no recuerdo lo que es gozar de un polvo bien echado, como los que echábamos mi novio y yo hace apenas un.................

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