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 Juegos lésbicos: Juegos lésbicos
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de lesbianas

Esto ocurrió cuando estudiaba en Granada la carrera, compartía piso con una compañera de clase, de esta forma el alquiler de aquel piso nos salía más barato, ella se llamaba Clara, tenía dieciocho años, era bastante liberal, morena, alta, delgadita, con bastantes senos, y el culo no estaba mal. Muchas veces nos poníamos a ver la televisión juntas en el sofá, e incluso nos contábamos cosas, e incluso de vez en cuando vimos alguna película porno, y la comentábamos, y ella me contaba que le excitaba mucho ver esas películas, que normalmente cuando después se iba a la cama se masturbaba pensando en ellas.

Un día, estábamos viendo la televisión a altas horas de la madrugada, hasta que de repente en uno de los zapping, vimos una película porno, vimos una escena de un chico y una chica, después otra donde dos lesbianas se lamían mutuamente los coños depilados, se los comían con todas sus ganas, se daban placer hasta alcanzar el orgasmo. Ese día a diferencia de otros, tras ver esto me dijo que se iba a la cama que estaba muy cansada, esto no era normal, porque solíamos ver las películas enteras y las comentábamos, ella se fue a su cuarto, yo me quedé viéndola un poco más.

Yo sospechaba que ella se había excitado mucho con la escena, que la había puesto a tope, así que sigilosamente me fui a la cocina, desde cuya ventana se veía su cuarto, pues ella nunca echaba la ventana de su habitación pues le gustaba dormir con esta abierta. Cuando llegué, me escondí para que no me viese, y empecé a observarla, la vi en la cama, con la sabana tapándola, se estaba masturbando, estaba muy excitada, por lo que se dejaba entrever por los movimientos de debajo de la sabana, se estaba introduciendo su dedito en su vagina, lo que hacía que suspirase de placer, así estuvo un rato, después se empezó a frotar su rajita con su mano, desde su clítoris bajando por los labios de su coñito caliente hasta llegar a la vagina, con la otra mano se frotaba sus pechos. Más tarde empezó de nuevo a introducirse un dedo, pero más rápidamente, lo agitaba velozmente y su respiración se aceleraba, se estaba corriendo, tenía el buscado orgasmo, estaba muy caliente, soltaba su líquido ya que se sacó la mano y la tenía húmeda, aunque se pasó la lengua por ella, y eliminó sus restos de allí. Después se dio la vuelta y se durmió, por lo que yo también me fui a mi habitación y tras masturbarme recreando lo visto, igualmente me dormí.

Su mejor amiga se llamaba Leticia, ella igualmente era muy liberal, también estaba en nuestra clase, pero ella era de Granada, por lo que vivía con sus padres, aunque muchas veces dormía en nuestro piso, en el cuarto de Clara. Era también alta, delgadita, y el cuerpo no debía de estar mal.

La noche.................

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 Lesbico: De nuevo en el taller
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de lesbianas

Hola a todas/os, como lo prometido es deuda, hoy les voy a contar lo que pasó en la bañera del taller de mis mecánicos. Resulta que un buen día, me llama uno de mis mecánicos y me invitan a conocer una amiga de ellos. Como yo les había comentado sobre mi preferencia por las de mí mismo sexo, habían planeado este encuentro. Curiosa por ver que sucedía, me bañé y me vestí con jeans, una blusa rosa ajustadita y sin sostén, y calzando unas maravillosas sandalias de taco alto. (Como ya les conté, soy una fanática de los pies y los zapatos, y estas sandalias son unas de mis preferidas. Confieso que me pasé unos cuantos minutos haciendo poses frente al espejo, viendo mis pies desde distintos ángulos).

Bien sigamos. Subí a mi auto y me dirigí al taller. Allí cuando entré, estaban mis mecánicos esperando por mí. Me saludaron como siempre y me hicieron pasar. Cuando entré en las oficinas no vi ninguna mujer esperando. Medio entre ofuscada y ofendida, les reproché el engaño.

- Nuestra amiga está en el baño, no hemos mentido - respondió el más bajito.

- Déjenos hacer y no se arrepentirá - dijo él más alto.

Ya con la experiencia anterior, decidí confiar en ellos, después de todo aún hoy me excita el recuerdo de aquel día. Como la vez anterior, lo primero que hicieron, fue ponerme la bincha en los ojos. Ya saben lo que se siente cuando nos hacen eso. Y comenzaron a desvestirme. Me quitaron mis queridas sandalias, el pantalón, la bombachita y la blusa. Obviamente, la bincha era mi única vestimenta.

A continuación me tomaron de las manos y me llevaron al baño, ese con la gran bañera que les conté la vez anterior. Supe que era el baño porque mis pies pasaron de la suave caricia de la alfombra de la oficina, al frío piso cerámico del baño. Una vez en el baño, juntaron mis manos al frente y me pusieron unas esposas. Me llevaron hasta la bañera y me ayudaron a entrar en ella y grande fue mi sorpresa cuando con mi pie rocé la piel de alguien que ya estaba en el piso.

- ¿Quién está ahí? - pregunté.

- Ya las vamos a presentar como corresponde, ahora la ayudaremos a sentarse - dijeron.

Al sentarme, sentí el frío de la bañera que estaba vacía, en mi sentadero. Por suerte el día estaba caluroso. También sentía el roce de mi brazo izquierdo con el de otra persona, que obviamente debía ser la amiga de ellos y que estaba también estaba sentada junto a mí.

- Candela, ella es Cristina. Cristina, ella es Candela - dijo uno de ellos.

Ellos guiaron nuestras cabezas para que nos besáramos. Fue un estremecedor roce entre nuestros labios.

- Hola, hola - fueron nuestros mutuos saludos.

Sentí.................

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 Primeriza: a domicilio
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de lesbianas

Hola, mi nombre es Adriana, soy venezolana, de 22 años y estudiante universitaria. Soy trigueña, muy bonita, delgadita, de estatura media, cabello negro lacio largo, con tetas grandes y con muy buen cuerpo (modestia aparte). Siempre había tenido una actitud sexual totalmente heterosexual, jamás me habían interesado las mujeres, ni había fantaseado con ellas Ese año, por las vacaciones y para mantenerme ocupada y ganar algo de dinero, acepté trabajar como encargada en la pizzería de un tío. Debía encargarme de la caja y de vigilar que todo funcionara correctamente en el área de atención al público. En ese trabajo conocía y veía a muchas personas, muchas de las cuales olvidaba a los pocos minutos. Pero no me ocurrió así con Corina, una mujer de 38 años, rubia, de ojos verdes espectaculares, de estatura media, muy voluptuosa y preciosa. Por donde pasaba levantaba comentarios de admiración de todos los hombres. No había momento en que no le dijeran piropos.

Corina era cliente fija de la pizzería, por lo que la veía muy a menudo. Entre nosotras solo había amabilidad, pero yo sentía algo muy extraño cada vez que la veía y sentía que sus hermosos ojos verdes se posaban en mí. Era algo tan fuerte y raro que me descomponía toda, me sacaba de concentración y control, me erizaba la piel y hasta me hacía sudar. Pero no era algo malo, solo era extraño, parecido a cuando me gustaba un chico. Decidí no darle importancia y logré estar tranquila durante varias semanas en las que, además, casi ni la vi.

Una tarde en la que salía temprano había que hacer una entrega a domicilio, a nombre de una Sra. Valdivieso, y no se encontraba ninguno de los repartidores por estar ocupados en otras entregas, por lo que me ofrecí a entregarla yo, ya que la dirección me quedaba en el camino. Al llegar al edificio indicado, toqué el intercomunicador y una voz de mujer me indicó que subiera, lo que no me agradó mucho pues estaba un poco apurada. Mi sorpresa fue grandísima cuando al llamar a la puerta del departamento, quién abrió fue la Sra. Corina, la bella mujer que había visto en la pizzería. El corazón empezó a latirme rápidamente y comencé a sudar como una fuente, lo que me perturbaba ya que no entendía que me pasaba. Ella también se sorprendió, pero inmediatamente se compuso y volvió a ser la misma mujer segura y de aspecto dominante que tanto me perturbaba.

Me saludó con la misma cordialidad de siempre. Nerviosamente le expliqué que me había tocado hacer la entrega porque no había ningún repartidor, a lo que ella respondió con una sonrisa (mezcla de picardía con complacencia) que me descompuso aún más. Me invitó a entrar mientras buscaba el dinero, a lo que le respondí que estaba apurada, pero inconscientemente entré y no sabía por qué. Fue en ese momento que me di cuenta que Corina llevaba puesta una pequeña.................

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 Embarazada: caliente
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de lesbianas

Carmen es una compañera de trabajo. Hace días le acompañé a su casa dado que debíamos terminar de configurar un curso de marketing para la siguiente semana. Yo soy heterosexual pero me excitan de manera increíble las mujeres embarazadas Mi nombre es Celia y debo contar esta experiencia porque es, sin duda, la más excitante que he vivido en toda mi vida. Carmen está embarazada de 7 meses y a través de la ropa se le adivina una tripita preciosa y esos senos redondos y carnosos tan cachondos. Fuimos a su casa a organizar la tanda de cursos del mes de noviembre, un trabajo arduo y nada interesante. Cuando ya teníamos más o menos el trabajo estructurado Carmen comentó que iba a cambiarse de ropa.

Esa noche dormía sola porque Edu, su marido, estaba en Bruselas, en una convención. Ya era tarde y como yo vivo lejos me pidió que me quedara a dormir en su casa. Yo acepté encantada pero cuál sería mi sorpresa cuando ví que sólo tenían una cama y de matrimonio. Pensé que me volvería loca deseando masturbarme, pensando en sus senos y su vientre abultado, queriendo acariciarla y teniendo que controlarme. Aún así pensé masturbarme muy silenciosamente, ya tengo experiencia. No obstante, todo fue muy diferente.

Carmen se había puesto un camisón medio destartalado, nada erótico, pero a mí me encantó. Pude comprobar unos pechos redondos, firmes y mucho más grandes que antes de quedar embarazada. Cómo la deseé, quería besar esa tripita, juntar sus senos con los míos y hundirme en su vagina. Mis labios vaginales se iban hinchando y notaba cómo me estaba volviendo loca. Carmen se dio una ducha y salió completamente desnuda. Le pedí permiso para ducharme yo también y así lo hice. Salí enseguida, también desnuda, y pude comprobar que ella continuaba así, sin vestirse.

- Celia, te deseo, te deseo tanto que voy a reventar de placer.

En ese momento todo estaba dicho. Me acerqué a ella y con cuidado la coloqué en la cama. Su tripa era ya tan voluminosa que me volvía loca. Empecé a besarle el cuello y enseguida bajé hacia los senos. Chupé un pezón despacito, muy despacito. Comencé con el otro pezón, mientras Carmen colocaba sus dedos en el interior de mi vagina y acariciaba mi clítoris de una manera suave pero contundente.

- Aaayyyy!!! que placer, que placer tan intenso.

Recuerdo ese momento y me excito de nuevo escribiendo el relato. Bajé poco a poco hasta su tripa. Tuve que modificar su posición y ya no podía llegar a mi vagina pero no me importó. Besé su tripa, la acaricié con locura y llegué a su vagina. Abrí sus labios y succioné con fuerza. Mi lengua entro hasta su interior y chupaba con toda mi fuerza mientras ella se acariciaba los senos y el clítoris. Sus jadeos eran cada vez más intensos y yo ya no podía más. Me tumbé en la cama y la situé a ella encima. Comenzamos a rozar nuestros genitales cada vez con más fuerza. Carmen sufría dolor, su estado de embarazo era muy avanzado y tuve que cambiar de postura. Bajamos al cálido suelo de moqueta y nos colocamos de manera opuesta, los clítoris unidos en forma de tijera, nos rozamos una y otra vez, yo no podía más. Durante este rato había tenido varios orgasmos pero quería algo más. Cogí el bote de laca y le pedí a Carmen que me lo metiera dentro. Lo hizo poco a poco.

- Aaahhh... aaahhh... qué me corro, qué rico, sigue Carmen, no pares por favor, corre, más deprisa, aaahhhh...

Cuando estaba a punto de correrme me retiré la laca y volví a besar su tripa, cómo me excitaba. En ese momento ví como sus pezones empezaban a echar leche, cómo podía ser todo tan maravilloso. Acerqué mi vagina a sus pezones y me rocé con cuidado, me tumbé sobre su tripa con cuidado y mientras Carmen me metía dos dedos en el ano, yo empecé a masturbarme como siempre he hecho. La mano derecha sobre la vagina y la izquierda presionando. Primero presiones ligeras y cada vez más fuertes. Enseguida me corrí. Fue el orgasmo más increíble de mi vida. Me incorporé y masturbé de igual manera a Carmen. Por su expresión creo que no lo olvidará nunca. No hemos vuelto a practicar sexo pero cuando la veo en el trabajo tengo que ir al baño y masturbarme inmediatamente. Que excitación follar con una embarazada. Os lo recomiendo






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 La mesa: de billar
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de lesbianas

Esto que voy a relatar me ocurrió hace un año. Soy una chica de 20 años, morena, alta, ojos verdes, delgada, mis pechos son medianos y mi trasero es pequeñito y respingón. Estaba durmiendo la siesta cuando de pronto la mujer que limpia y cuida la casa me despertó, y me dijo: tengo una sorpresa para ti. En un principio me cabree bastante, odio que me despierten pero lo de la sorpresa aplaco un poco mi cabreo Mi criada es ya mi amiga, suelo contarle bastantes cosas ya que pasa mucho rato en mi casa, mi casa es un chalet enorme decorado al estilo antiguo pero equipado con las ultimas tecnologías, mi familia no esta nada mal de dinero, vivo con mis padres pero apenas noto su presencia en casa ya que la mayor parte del tiempo están fuera. Me levante, la seguí y había una caja del tamaño de una de zapatos, se acerca y me dice toma ábrela, es mi regalo de navidad, la mire y le dije que no tenia que haberlo hecho pero me dijo que daba igual porque me iba a encantar.

Total lo desenvolví del papel de regalo y vi que la caja era de un sex-shop, la abrí y era un pedazo de consolador con dos pollas unidas que se podían desmontar y ser solo una o luego enroscar y tener dos, una pasada. Total la mire y dije sonriendo ¡vaya regalito! Ella también rió y me explico que lo compro porque entro en un sex-shop con su novio a comprar algunas cosillas y vio eso y se acordó de lo que yo le contaba. Yo en ocasiones le comentaba a ella mis tendencias sexuales, le dije que era bisexual y a veces le contaba mis experiencias con chicas y que los aparatos que utilizábamos no me gustaban tanto como una polla de verdad, total que me regaló eso a ver si eso me parecía mejor.

Ella se fue a los pocos minutos con su novio y yo me quede alucinando, tenia que poner en uso aquel maravilloso aparato, era de un color verde azulado, no olía a nada, se veía que estaba echo solo para dar placer. No quería utilizarlo como consolador, tenia que hacerlo con alguna chica, pensé en llamar a alguna con la que lo hubiera echo ya pero mis relaciones con ellas ya casi eran inexistentes, pensé en una amiga mía, muy amiga con la cual no había surgido aun nada pero todo lo que hacia con ella rozaba el limite entre la amistad y la sexualidad, ella es morena tiene un pelo liso perfecto, ojos enormes verdes, un poco mas baja que yo y con pechos grandes y trasero perfecto.

Había dormido con ella mil veces, me enseñaba sus pechos, me pedía que se los tocase, nos pasábamos el tiempo acariciándonos, lo mejor era cundo estábamos borrachas, me hacia todo tipo de insinuaciones, me chupaba los dedos mientras me miraba con.................

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