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 Gay: Como yogur natural, mmm...
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Mi nombre es Uriel, de 23 años. Mi aventura ocurrió cuando trabajaba en un minisuper. Mi turno era a las 7 de la mañana donde trabajaba en el pequeño almacén de inventario del minisuper. Trabajaba yo sólo con mi compañero Juan, quien es mayor que yo y debo confesar que me fascina su cuerpo; es velludo, bien musculoso, con buen paquete y de tez clara. Yo tengo mejor cuerpo que el pues voy al gimnasio diario. Suelo vestirme con ropa demasiado ajustada pues tengo el cuerpo para lucirla.
Una mañana me levanté tarde para el trabajo, me dolía la cabeza pero aún así me levanté con prisa... Me puse lo primero que encontré y salí corriendo a tomar el autobús. Cuando estaba arriba noté que la gente me miraba extraño y me hacía sentir incómodo y no sabía por qué. Me bajé del autobús para tomar un atajo en unos callejones que daban con el minisuper y me detuve en una entrada con grandes espejos, pude descubrir porque la gente me miraba. Como me salí de mi departamento con prisa me puse lo que encontré a la mano del guardarropa: una playera azul que resaltaba mis brazos y mis pectorales y unos pantalones blancos bastante traslúcidos que usualmente suelo usar con una pequeña tanga tipo hilo dental del mismo color para que no se note. Pero esta vez olvidé ponerme esta diminuta prenda pues la había usado hace algunos días y en su lugar traía un slip muy pequeño con estampado a cuadros azules que se me notaba a simple vista. Era horrible eso, y lo peor era que desde que salí llevaba el slip bien metido entre las nalgas y como se nota todo era bien vergonzoso.

Corrí con mas razón al minisuper y bajé al almacén. Ahí estaba Juan, puntual y bien macho como siempre. Estaba checando unas listas de precios y me puso a cargar unas cajas pesadas. Me daba pena estar así frente a él pero por más que trataba de sacarme del culo el slip era muy difícil por lo ajustado del pantalón. Entonces seguí así esperando no lo notara, pero le pareció excitante a mi parecer. Mientras me agachaba para recoger las cajas hasta llevarlas a su lugar no me quitaba la vista de encima, me miraba con deseo y se acariciaba su paquete, que estaba creciendo dentro de sus pantalones con rapidez. Juan no pudo más y me preguntó:

- ¿Es cómoda la tanga que traes puesta?.

Me avergoncé mucho y mi cara enrojeció por lo que no contesté y seguí con lo mío.

- Se te ve muy bien, no sueles usarlas.

A lo que le conteste que no era tanga si no un slip que traía incrustadísimo en el culo. El se acercó a mí descaradamente:

- Me gusta que uses calzoncillos de marica. - y metió sus manos dentro de mi playera.

Me.................

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 Debut: y telón
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Como todos estábamos borrachos quién más quien menos, poco a poco de los seis que éramos nos fuimos yendo a dormir yo me retiré después de algunos y antes que otros, en la cocina cuando salí quedaba solo Aldana y Maxi, cuando llegue a la pieza que comparto con Javier, este, como no pudo subir a su cama por la borrachera se había acostado en la mía, no le di bola y saque el colchón de su cama “a mi no me gusta dormir en la parte de arriba de la superpuesta” y lo tiré al piso, no hace frío aquí adentro aunque afuera hace un tornillo, pero el calefactor al máximo mantiene esto calentito, igual me tape con dos frazadas, no se cuanto tiempo pasó pero deduzco que sería una hora más o menos cuando sentí que me tocaban el hombro.

Maxi - Nicolás, Nicolás.

Lo miro interrogándolo con la vista.

Maxi - No hay más frazadas, y mi cama se la agarró el cordobés con la mina.

Nicolás - ¿Y que queréis que haga? Yo no lo traje, lo trajeron ustedes, acostate en la otra.

Maxi - No, está Cristian con su mina.

Nicolás - ¿Y?

Maxi - ¡Dame este colchón, acostate con Javier vos!

Nicolás - ¡Deja de joder, este está en pedo se vomita todo!

Maxi - ¡Dale boludo, hacedme pata, yo te dejo cuando vos necesitas!... ¡Dale forro, nunca cojo y ahora que puedo no me vas a ayudar!

Me levanto de mala gana. El no me dio bola al rezongo y antes de que termine de levantarme ya estaba juntando las frazadas y el colchón, agarró todo y salió con todo a la rastra para la cocina.

Me acuesto al lado de Javi que parece totalmente dormido, lo empujo un poco porque la cama es angosta, no se como acomodarme no puedo dormir boca arriba y si me pongo de costado mirando hacia afuera le doy el culo a Javi, si giro para el otro, tengo su cara frente a mí, pero entonces el se da vuelta y pone el culo hacia el centro de la cama, yo hago lo mismo y aunque siento los cachetes calentitos de su culo contra los míos unos minutos, por lo que me siento incomodo, pero luego me duermo por el cansancio y la borrachera, me despierto boca arriba, en mis manos tengo las de Javi que me acaricia la pija, ya la tengo dura, no se cuanto hace que me la toca, no se por qué no doy muestras de haberme despertado, me quedo sin reaccionar, pienso a mil, (“está dormido y me confunde con la mina”, - medio boludo porque aún dormido, no puede confundir una pija con una concha) - unos segundos me late el corazón a full, él tiene una mano acariciándome y trata de meterla por debajo del elástico de.................

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 Mi vida: en la cárcel
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Alguien puso una botella de poppers bajo mi nariz y aspire profundamente. Todo se nublo ante mí y empecé a sentirme mas perra que nunca El negro que me tenia agarrado por la cintura empezó a empujarme la verga dentro del culo y la leche que ya tenia dentro empezó a salir por los lados y a resbalar por sus cojones y mis piernas. Cerré los ojos y sentí ese trozo de carne negra y dura deslizándose violentamente por mi ano. La tenia enorme, pero no mas que los que me habían montado primero. Por lo menos diez de los convictos ya se habían corrido en mi culo y habían otros veinte esperando.

Todo había comenzado esa misma tarde, hacia apenas una hora. Era mi primer día en la cárcel. Había sido condenado a dos años por posesión ilícita de estupefacientes. Había sido trasladado al penal esa misma mañana, inmediatamente después de que se dictase la sentencia. Luego del almuerzo fui al baño y vi como tres de los reclusos se me acercaban sigilosamente. Sabía para que venían. Todos los "nuevos" debían pasar por esa experiencia. No iba a resistirme. Haría lo que ellos quisieran. Un puertorriqueño enorme se planto frente a mí. "Ven aquí perrita. Ven a darle placer a tu macho" me dijo llevándose groseramente la mano al paquete y mostrando una sonrisa con dos dientes de oro.

Otros convictos empezaron a llegar. Me acerque lentamente al puertorriqueño y me arrodille frente a él. Los convictos se sorprendieron. Parece que estaban acostumbrados a que los "nuevos" se resistiesen. Al menos el primer día. Lentamente le desanudé el lazo y le bajé el pantalón hasta la rodilla. La verga se le estaba parando. Cogió violentamente un mechón de mi pelo rubio y me levanto la cabeza. Miró directamente hacia mis ojos azules. "Carne blanca", murmuro con lascivia. Los otros convictos empezaron a arrecharse también. Podía sentir el olor de sus vergas que empezaban a pararse. "Mámamela", me ordenó el puertorriqueño. Lentamente fui acercando mis labios hasta su verga y la envolví con toda la ternura y suavidad de que fui capaz, quería decirle con eso que lo respetaba como macho y que yo estaba allí para darle placer, para ser su perra.

El puertorriqueño dio un gemido de placer y a mí la verga se me empezó a parar abultándose bajo la tela del pantalón. "Miren a la perra", dijo un convicto con acento colombiano. "Se la ha parado la pinga. ¡Qué tal puta!" De pronto sentí cómo unos fuertes brazos me levantaban en vilo y otros me bajaban el pantalón dejándome el culo al aire. Me volvieron a dejar en cuatro patas. "¡Que rica puta!" volvió a decir el colombiano. "¡Miren que buen culo!". "¡Vamos a chingarla!" dijo otro con acento mexicano. Eso me puso más arrecho y empecé a mamársela cada vez más rápido al puertorriqueño. El colombiano trato de meterme un dedo por el culo. No pudo, lo tenia.................

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 El padre: de mi mejor amiga
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Hola amigos, soy nuevo en esto de los relatos ya que este es el primero. Me llamo Rodrigo soy de Montevideo Uruguay, me encantan los hombres maduros y sobre todo si están bien dotados ya que esa es mi fantasía desde hace un tiempo. De joven fantaseaba con hombres mayores que me ofrecían sus enormes vergas para chupar y poder sentarme en ellas, eso nunca se cumplió y lo más cercano que estuve de eso es lo que a continuación les voy a relatar.
El padre de mi mejor amiga fue mi primer hombre es un señor mayor (50 años en ese entonces) albañil de profesión y se encontraba en mi casa realizando unos arreglos, hombre muy vividor de las mujeres y sexualmente muy activo según las conversaciones que escuchaba en mi casa a escondidas, lo cual le traía problemas con su señora. Cierto día nos encontrábamos solos en casa el trabajando y yo mirando videos, cuando encuentro entre los videos de mi hermano uno porno, en este se veía una chica jovencita con un señor muy mayor y de una verga descomunal la cual se tragaba sin problemas. En cierto momento el ruido de la película atrajo a Gonzalo el cual con una mirada lidivinosa me dijo:

- Pate estas castigando.

Y yo le dije si, la encontré entre las películas de mi hermano. Aprovechando la situación le comente:

- ¿Gonzalo le parece que existirán vergas de ese tamaño?

Y él me respondió:

- Si claro que existen. ¿Te gustaría conocer una?

- Si la verdad que si, le respondí.

Haciendo un minuto de silencio me pidió para pasar al baño. Le dije que sí. Pasado unos minutos me llamo del baño y me dijo:

- Che Rodri ¿En serio te gusta la verga?

- Si mucho, aunque nunca vi ninguna que no fuera la mía.

El me hizo pasar al baño y me dijo:

- Ven mira la vergota que tengo para vos

Sacando de su pantalón una verga gruesa y muy larga semi parada (descubriendo después su verdadero tamaño 21 x 6) y me dijo:

- ¿Nunca chupaste una?

- No.

- ¿No quieres probar?

- Si me encantaría aunque es un poco grande.

- No esta bien tiene que ser grande para que la goces.

Cuando me agache para ponerme esa terrible tranca en la boca me paro y me dijo:

- Mira que esto tiene que quedar entre nosotros nadie se puede enterar.

- Por mi parte nadie se va a enterar.

- Bueno dale metetela en la boca.

Con lo cual comencé a intentar tragarme esa tranca que apenas si cabía la cabeza en mi boca sintiendo un gemido de placer que salió de los labios de.................

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 Gay: El sabor de un hombre y un habano
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Yo era un chico de veinte años con la sexualidad por descubrir y muchas dudas que solventar. Hasta que apareció Julian, el mejor amigo de mi padre, y me descubrió que todo lo que yo quería era posible.
Lo único que salvaba aquel verano aburrido de hace dos años con asignaturas pendientes eran las dos semanas que mis padres iban a irse de viaje quedándome solo en casa. Yo tenía veinte años y muchas cosas por descubrir.

Yo no era un chico desagradable físicamente, pero mi timidez con las chicas estropeaba cualquier posible relación, incluso de amistad, que pudiera tener con ellas y eso me acarreaba muchas dudas. A la hora de pensar en el sexo con ellas, me ponía muy nervioso puesto que no sabía qué era lo que se esperaba exactamente de mí. Así que nunca lograba llegar al orgasmo a la hora de masturbarme porque la presión mental me bajaba la erección. Sin embargo, inconscientemente, en una de mis frustraciones al masturbarme pensé que con un hombre sería más fácil ya que sé qué es lo que le gusta porque lo mismo me gusta a mí. Ese pensamiento me excitó y me tranquilizó. Así que, con veinte años, tuve mi primera eyaculación. Pero tenía un problema. Lo hice pensando en mí mismo teniendo sexo con un hombre.

Las siguientes veces que me masturbé, por el mero hecho de alcanzar placer rápidamente, seguían siendo imaginándome hombres de mi entorno, aquello me parecía muy fácil y factible, mucho más que tirarme a una chica, que me parecía un mundo que jamás lograría entender, y lo que en un principio era algo pasajero, se convirtió en mi fantasía sexual.

Me veía teniendo sexo con hombres, es más, lo deseaba, lo necesitaba y me parecía muy fácil hacerlo. Sin embargo, no me veía enamorado de uno. Era sólo sexo, el amor lo dejaba en el campo de las chicas. Así que así estaba yo ese verano, hecho un lío sin saber qué me gustaba o qué quería. Por eso necesitaba aquellos días solos para pensar por mí mismo y decidir qué era lo que yo quería.

Sin embargo, mis planes se iban a truncar.

Unos días antes de que mis padres se fueran, recibimos una llamada telefónica. Era Julián, uno de los mejores amigos de mi padre que vivía en Estados Unidos y al que yo no veía desde que era pequeño. Venía a España en viaje de negocios y necesitaba alojarse en algún sitio. Por eso había pensado en mi casa. Por supuesto, su viaje eran exactamente las dos semanas que mis padres iban a estar fuera y mi padre le dijo que no había ningún problema, que yo me quedaba en casa y que podía hacer uso de ella el tiempo que quisiera. Es más, jocosamente le comentó que así se encargaría de que yo no hiciese locuras y que así me cuidaría. No sabía mi.................

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