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 Gay: Mi primera relación con otro hombre
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Cuando llevas casi veinte años casado, como es mi caso, la rutina en el sexo es lo que mata tu matrimonio Como yo me sentía preso de una sexualidad aburrida, empecé a buscar soluciones. Me iba a la biblioteca al salir del trabajo y leía libros de esos de autoayuda, pero no sirvió de nada. Solo ponían generalidades que no pueden aplicarse con precisión a la vida de la gente. Entonces, leí en el periódico algo que me llamó la atención. Estuve pensándomelo mucho, pero al final hablé directamente con Lorena, mi mujer, exponiéndole que me sentía bastante ignorado sexualmente y que yo la quería, pero que me resultaba insoportable esta situación. La discusión duró horas. Podéis imaginárosla: intercambio de reproches, excusas increíbles por ambas partes... Un desastre, sin duda.

Cuando llevábamos media tarde así, me dijo que qué proponía yo y entonces dije que buscásemos otra chica para que estuviese con ella mientras yo miraba. Le enseñé el anuncio que había leído en el periódico y traté de convencerla de que no era nada malo. Entonces sí que se enfadó. Me dijo que era un cerdo, que si quería ver a dos mujeres, me comprase una peli porno y me matase a pajas, pero que con ella no contase. Yo le expliqué que no era por morbo, sino para ver si así nuestra sexualidad mejoraba, pero no hubo forma. Se levantó, se fue al cuarto de baño y estuvo allí como media hora, supongo que llorando o maldiciendo o algo parecido. Cuando salió, estaba bastante más tranquila y se sentó a mi lado. Me cogió la mano y dijo que de acuerdo, que ella se acostaría con una mujer, pero que antes yo tenía que hacerlo con un hombre.

Yo me negué en rotundo. “Eso es muy diferente”, dije. Lorena se puso hecha una furia diciendo que no lo era, dijo que era injusto con ella, que no había sido ella quien había propuesto aquello y que si de verdad lo hacía por mejorar nuestra vida sexual, que empezase dando ejemplo. Me enfadé. Yo no era ningún maricón, le dije. Ella también se cabreó y estuvimos varios días sin hablarnos, hasta que yo me di cuenta de que no era justo pedirle a ella que tuviese relaciones homosexuales y no tenerlas yo también. Poco a poco, la idea fue instalándose en mi cabeza hasta que ya no pude más y llamé a un compañero de trabajo que es gay. Le dije que quería quedar a tomar algo y a contarle un asunto y aceptó. Jamás he sido homófobo, pero tengo que reconocer que me daba una vergüenza espantosa hablar con él de esto. El chico es muy majo, un buen compañero de trabajo, pero algunos en el curro se meten con él y eso hace que sea un poco susceptible. Pensé que se enfadaría conmigo, creyendo que era una especie de broma pesada, así que decidí ser muy sincero y no cortarme en explicarle.................

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 Un lugar: para disfrutar
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

A lo largo de muchos años desde joven hasta hoy mismo he concedido, muy a gusto, mi intimidad posterior a muchos, muchísimos hombres que me han recambiado llevándome al paraíso con sus pollas y sus caricias. Si alguno de ustedes ha tenido la paciencia y la amabilidad de leer mi ultimo relato ("Como mi amante se enteró") y los anteriores en este citados sabrá muy bien de lo que hablo. Desde entonces decidí apostar para satisfacer mis deseos de polla mediante encuentros esporádicos con desconocidos y ya no tuve nunca más un amante fijo, ni lo busqué. Los ambientes más distintos fueron testigos de cómo mi joven traserito era ensanchado y llenado por miembros de muy distinta anatomía, tamaño y color (cierto es también que por lo que al color se refiere solo mucho más tarde, ya en edad de "señora", recibí y disfruté de mi primera polla negra).

Parques públicos, salas de cine, coches aparcados en descampados solitarios, cuartos oscuros de saunas y pisos particulares vieron como un jovencito rubio, inexperto y con buen culo se trasformaba en una putilla hábil e insaciable. De todos estos lugares que he citado quisiera ahora hablar de uno en particular que recuerdo con mucho cariño por haber disfrutado mucho en él dejándome follar, a lo largo de bastantes años, por una verdadera multitud de hombres. Este era un cine X de una gran ciudad mediterránea a donde llegué, y me quedé, después de acabar los estudios: estaba situado en el casco antiguo de la misma, en una pequeña plazoleta, con enfrente unos porches que la separaban de otra más grande. Es con objeto de rendir un cariñoso homenaje a este lugar, que desgraciadamente ya no existe, que deseo relatar cuanto sigue.

Llegué a esta ciudad en el mes de Julio de un verano muy caluroso con mucho trabajo por realizar así que durante un par de semanas tuve que solucionar muchos asuntos y tareas pendientes. Llegó por fin el momento en el cual pudo relajarme y fue entonces cuando toda la gana de concederme a un hombre que me hiciera el amor explotó con toda su fuerza. Aquel Sábado de finales de Julio tenia una comida de compromiso con gente del trabajo pero conseguí escaparme a primera hora de la tarde con no sé que excusa. No sé tampoco como elegí este cine X entre todos los que había pero desde luego me costó un poco encontrarlo y tuve que dar bastantes vueltas por las bochornosas y tórridas callejuelas del casco antiguo hasta dar con él.

Finalmente entré en él y al cabo de pocos segundos ya estaba en la sala de proyección, afortunadamente, refrigerada. La sala era amplia así como su pantalla ocupada en aquel momento por la imagen de una morenaza de grandes tetas y coño muy velludo tendida de lado y recibiendo en el coño una polla de gran tamaño. La escena me excitó tremendamente: me hubiera encantado estar en lugar.................

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 Viaje: de negocios
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

La empresa comercial donde laboro estaba en expansión y fuimos un equipo a un país vecino donde nos esperaba un inversionista para negociar y desarrollar un proyecto El equipo de cuatro personas estaba a cargo de un tipo de unos 54 años, Ronald, nuevo en la empresa pero amigo de los dueños de toda la vida y además conocía a la persona que sería el nuevo socio. Yo tenía 35 años y estaba divorciado. No habíamos tenido ningún contacto, solo de saludo, pero al reunirnos para definir el plan se identificó y me pareció simpático, mi sorpresa fue que conocíamos amigos y amigas en común y ambos les apreciábamos mucho. Eso nos identificó plenamente.

Partimos y nos esperaba un tipo adulto el cual nos llevó a las oficinas de nuestro cliente, luego nos llevaron a cenar y al hotel donde había dos habitaciones dobles. Al principio no me gustó, ya que prefiero estar solo, pero al ver las habitaciones, eran suites ejecutivas muy elegantes, con dos recámaras, una sala con todas las condiciones y una vista increíble. Como era de esperar Ronald me dice, me quedo contigo, claro! Le digo, pero no me gustó mucho su expresión pero de inmediato me dice: tranquilo! Así hablaremos en confianza, además ya la tenemos, si o no? En realidad si! le digo. Pero me inquieta cuando me dice que me invitará al bar y la pasaremos bien, nuestros amigos descansarán. Ok acepto, le digo.

Ubicamos nuestras maletas y definimos nuestra recámara, me dio a escoger pero daba igual, al rato salimos al bar y el ambiente era muy sabroso, buena música, mujeres bonitas, clima estupendo y excelentes bocadillos. Tomamos varios tragos de Ron y mi nuevo amigo con los tragos estaba pasado y vulgar. Antes de que pase algo le dije que nos fuéramos, había que trabajar y lo miraba ebrio, al verme decidido a no acompañarlo aceptó y pedí al mesero la cuenta el que muy amable nos avisó que la pasaría a nuestra cuenta.

Subimos y con mi ayuda Ronald llegó bien. Se acostó con ropa y no le hice caso a su solicitud de que lo desvistiera. Me alarmó porque lo ví serio y con los ojos y el aspecto de loco pero por suerte pudo mas el licor y se quedó dormido. Me duché y me acosté cansado por el viaje y los tragos. No había pasado media hora cuando sonó el teléfono, fingí dormir pero mi amigo contestó y saludó a la otra persona quedando de hablar al día siguiente. Luego se duchó y se fue a la sala a ver la TV y a tomar otro trago, yo me quedé dormido con la puerta de mi recámara cerrada, obviamente sin llave.

Al rato siento que me está llamando, me toca la pierna y me despierta, no me asusté pero le pregunto que pasa y me dice que estoy roncando muy fuerte y hablando dormido, lo veo a contraluz.................

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 Tortura gay: tras quedada
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos gay

Quede con aquel hombre a través de Internet. Jamás pensé encontrarme ante tal situación, había quedado con una persona de mí mismo sexo y iba a ser su sumiso para que me hiciera lo que el quisiera conmigo. Por lo que habíamos hablado iban a ser juegos de atar con cuerdas, pinzas, etc. Así que allí estaba... hasta que apareció. Nos saludamos discretamente y me dijo que tenia el coche cerca, así que nos dirigimos hacia allí. Su casa no estaba muy lejos, a unos 10 minutos. En el camino hablamos de cosas muy normales: el tiempo, el fútbol, etc.

Llegamos a su casa y lo primero que me dijo fue: "Desnúdate y entra en esa habitación". Así lo hice. Entre en esa habitación completamente desnudo. Según entraba vi cadenas, grilletes, cuerdas... en aquel momento me entro un poco el miedo pero pensé que ya estaba allí y que no tenia vuelta atrás. Seguía pensando en si había hecho bien en quedar con aquel hombre cuando entro con una bolsa. El no estaba desnudo, llevaba una especie de calzoncillo de cuero, pero nada más. Me ordeno que me pusiera a cuatro patas y así lo hice. Una vez estaba en el suelo me ordeno que echara las dos manos hacia atrás y las juntara. Me ato las manos con una cuerda, estaba completamente a su merced.

Me levanto y saco de la bolsa una especie de pinzas raras y me dijo: "Esto no es lo acordamos pero quizás te guste más". Justo cuando iba a preguntarle que era aquello saco una especie de bozal con una bola y me la coloco en la cabeza y la bola en la boca, así que no pude preguntarle nada, no podía hablar. Cogió las pinzas extrañas y les coloco unos pesos. En ese momento entendí lo que era, eran unas pinzas con pesos para colocármelos en los pezones. Me los puso y no pude evitar gritar, pero debido al bozal y la bola no se oía gran cosa. Aquello dolía. Poco a poco me fui acostumbrando a aquel dolor.

Después de esto y aun con las pinzas en mis pezones me coloco un trozo de madera con unos grilletes en mis tobillos, aquello me separaba las piernas dejándome expuesto totalmente. Ahora no podía ni caminar. Me arrastro hacia la pared y me ato a un gancho que había allí. Estaba atado. Empezaba a temer a este hombre. Se dirigió de nuevo a la bolsa y saco un aparato con cables, lo cual me sorprendió mucho. Parecía ser un aparato de esos de electroestimulación muscular. Me puso un electrodo en el testículo derecho y otro en el izquierdo. Puso el aparato en marcha. Al principio la sensación era de cosquilleo, incluso era agradable, pero poco a poco fue dándole mas fuerza, empezaba a doler aquello, así se lo hice saber a través de una especie de gemido mezclado con grito. Siguió subiendo la potencia, aquello era.................

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 Mi obsesión: Mi obsesión
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

¿Hasta donde puede llegar un hombre que está obsesionado con su sobrina?. La has visto crecer, la has visto hacerse mujer, has compartido sus confidencias sobre sus primeros escarceos amorosos. La has aconsejado, pero no has podido evitar la excitación que te producen sus formas de mujer, sus pechos, sus movimientos. Por su parte siempre parecían inocentes, hasta que un día te das cuenta de que sus miradas y sus gestos tienen algo más que simple coqueteo, parece como si hubiese notado que puede excitar a un hombre y disfruta con ello. Como premio tras su graduación, mi mujer preparó un viaje a Paris, y puesto que ella no podría venir, nos reservó los hoteles para 3 días. Lucía estaba feliz. Era su viaje soñado. Y por mi parte, no me lo podía creer: iba a estar solo con ella durante esos días.

Salimos el 1 de julio.

Cuando al anochecer llegamos al hotel desde el aeropuerto, acudimos a recepción.

- Tengo una reserva a nombre de...

El empleado asintió, y solicitó nuestra documentación. Yo le mostré mi pasaporte, y mientras llenaba el formulario pidió también el de Lucía. ¡Vaya!. Ahora se dará cuenta de que no coinciden los apellidos, veremos a ver su cara. Pero el hombre no mostró ningún reparo.

- Una habitación con dos camas... ¿verdad, señor?

- Si, así es - dije tratando que mi voz pareciese firme.

- La 313, el ascensor del fondo.

En el ascensor hice un comentario que trató de aparecer casual

- Me parece que nos han tomado por un ligue.

- Claro - dijo ella

- ¿Te importa?... Si quieres pido otra habitación individual.

- Para nada. Si además son camas separadas.

La habitación era pequeña, con dos camas juntas, y todos los lujos que un hotel de 4 estrellas puede tener. Hacia un calor horroroso y estábamos sudando tras el caluroso viaje desde el aeropuerto.

- Voy a ducharme- dijo Lucía - estoy muerta de cansancio

Mientras estaba en el baño, me puse el pijama y entonces se me ocurrió una idea diabólica: disolver una pastilla de Rohipnol en la pequeña botella de agua del minibar. Quizás si se dormía, podría tocarla. Cuando volvió del baño estaba envuelta en una toalla, que marcaba claramente sus senos. Disimulé cogiendo un libro, mientras notaba el inicio de una fuerte erección, aunque casi no podía separar los ojos de ella.

- Vuélvete... voy a ponerme el pijama - dijo, mientras se sentaba en el borde de la cama.

- Si claro... – y así lo hice, pero justo enfrente estaba el espejo de la cómoda.

Ella se soltó la toalla y se puso de pie, dejando su figura desnuda, con unos fabulosos pechos que oscilaron levemente al moverse.

- No mires ahora.................

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