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 El salido: de mi hermano
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

La relación con Alfredo, mi hermano dos años mayor que yo, es bastante tensa. Es un chico engreído, malhumorado y amargado de la vida. Según sé (pues íbamos al mismo instituto y conozco algunos amigos y enemigos suyos), Alfredo es un auténtico patoso ligando y con veintiún años, no se ha comido un maldito rosco. Eso me da fuerzas cuando me avergüenza delante de mis padres o cuando hace comentarios salidos de tono delante de alguna amiga. Sé que yo he disfrutado de mi cuerpo mucho más que él y eso me reconforta bastante.

Cierto día, hará dos semanas, me senté en el ordenador que tengo en mi cuarto y lo encendí. El ordenador lo compartimos toda la familia, pero mi padre y yo somos quienes más lo usamos. Ese día quería revisar bien todos los archivos del sistema porque quiero estudiar ingeniería informática al año que viene y me gustaría ir preparada. Por eso, seleccioné en la carpeta que pudiera ver los archivos ocultos y me puse a dar vueltas por los discos duros a ver qué me encontraba y que no conociera. Mi sorpresa fue mayúscula cuando encontré una carpeta titulada «Conversaciones Alfredo». Ni siquiera me di cuenta de que estaba entrando en la intimidad de mi hermano hasta que fue demasiado tarde. En esa carpeta había guardado docenas de conversaciones en un salón de chat y lo que más me alucinó de todo fue descubrir que en todas ellas hablaba de mí.

Le contaba a un amigo suyo que yo era una tía impresionante, que mi cuerpo era escultural y que no podía dejar de pensar en mí a todas horas. Confesaba que se masturbaba dos o tres veces diarias y que siempre lo hacía pensando en mí. Yo estaba flipando, como podéis imaginar. Seguí leyendo, pues aunque eran conversaciones privadas, si mi hermano era un pervertido yo quería saberlo. Las conversaciones eran tremendas: contaba con todo lujo de detalles cómo entraba en mi cuarto cuando estaba dormida y cómo se pajeaba junto a mí, corriéndose en un pañuelo de papel y acercándose a mi cara al hacerlo. También decía que me seguía a todas partes sin que yo lo viese y que me había pillado haciéndole una felación a un novio mío en el portal de casa. Me estaba poniendo de muy mala leche, la verdad. Las conversaciones estaban ordenadas por la fecha, así que pude comprobar que no eran sus fantasías, sino verdades como puños: efectivamente, en agosto del año pasado alquilamos un apartamento en la montaña mi novio y yo y, efectivamente, el apartamento estaba en una planta baja. El muy cerdo había viajado hasta allí y, por la noche, saltaba la verja de la urbanización y de dedicaba a mirar cómo lo hacíamos una y otra vez. Con todo lujo de detalles. Me prometí a mí misma no volver a follar con las persianas levantadas en mi vida, apagué el ordenador y me fui de allí, dispuesta a.................

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 Jugando: con mi madre
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

Soy Javier, un estudiante de 19 años de Derecho en Madrid. Mi madre es viuda, puesto que mi padre falleció cuando yo solo tenia 7 años. Ella tiene 41 años y es una mujer muy atractiva, se pasa el día cuidándose en salones de estética y siempre va vestida a la ultima moda más juvenil para su edad. Se llama Sara. Describirla no es fácil, pero os puedo decir que es altita, morena, con pelo largo y rizado, y una tez muy morena. Tiene unos pechos bastante grandes y, lo más importante, muy firmes, misterio que no logro entender para su edad.
Mi relación con ella es de lo más natural, jugando un papel dual de madre y de amiga, a la cual le confieso absolutamente todos mis secretos. Su vida sentimental es confusa, ya que no le gusta desarrollar largas experiencias de pareja, optando por contactos esporádicos cuando tiene ganas de sexo. Así me lo reconoció en varias ocasiones cuando hablamos del tema, ya os dije que la confianza entre nosotros es amplia para hablar de cualquier cosa, por muy intima que sea. En base a esa confianza, la he visto desnuda muchas veces por casa, y reconozco que siempre me provoca bastante excitación cuando la veo, puesto que nunca he descartado el tener relaciones con ella, aunque jamás hemos hablado de ese tema.

El pasado sábado estábamos cenando y le confesé que a un compañero mío le encantaba, que me decía la suerte que tenia de tener una madre que estuviese tan buena. Ella se reía y me preguntaba que tal estaba ese chico y yo le decía que como se le ocurría pensar en eso, que no quería que ningún compañero mío me pasase por la cara el haberse acostado con mi propia madre. La conversación transcurrió entre risas y comentarios al uso, ella iba vestida con una falda negra larga y una blusa blanca y todavía estaba maquillada, pues acababa de venir de pasear por la calle.

Después de cenar nos fuimos a ver la tele y, mientras veíamos un programa de cotilleo me dijo que había estado comprando ropa y que me la iba a enseñar a ver si a mí me gustaba. Sin mas se fue para su habitación y allí estuvo como diez o quince minutos sin salir mientras yo seguía mirando la tele. Al cabo de ese tiempo salió con un precioso y escotado traje de fiesta y se dio un par de paseos por el salón preguntándome si me gustaba, a lo que le dije que estaba preciosa, mientras volvía a la habitación, para volver a pasearse con un traje chaqueta más tradicional, a lo cual volví a decirle lo mismo. Después del pase me dijo que ya no había comprado nada mas, salvo un par de detalles de lencería, que si quería me los enseñaba también. Yo, evidentemente, le dije que si, que estaba deseando vérselos, y en broma le comente que iba.................

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 Desvirgando: a mi hija
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

Soy un hombre de 49 años, casado y con dos buenas muy buenas diría) hijas. Mi esposa se llama Claudia y mis hijas se llaman Susana y Nancy. Claudia es morena clara, mide 1.68 y tiene todo en su lugar, un par de tetas bien duras y un culito bien parado y respingón, por su modo de ser le gusta ser muy coqueta con todos; mi hija Susy es de tez clara, mide 1.58 y tiene unas buenas medidas de 87-58-89, a ella le gusta vestir muy sexy, y sinceramente me caliento mucho con sólo verla; pero de las tres la que más me excita es Nancy, y por eso sucedió esta historia, ella es de tez clara mide 1.60 y sí que tiene medidas de modelo, 90-59-91 y todo bien duro y paradito.

Un día que llegue de la oficina, me encontré con una nota de mi esposa que decía que se había ido con su hermana a comprar, y mis hijas me habían llamado a la oficina para decirme que se irían al cine después del instituto, así que iba a tener toda la tarde para mí solo la casa, así que decidí aprovecharlo para andar semi desnudo, como a mí me gusta andar, así que me di un baño y con sólo mi bata, sin nada abajo estuve en la sala y me dispuse a ver una película porno que me habían prestado hasta que repentinamente llego Nancy, ella vestía su uniforme del instituto, muy sexy por cierto, que es de una faldita escocesa de cuadros de color rojo que le llega un poco más arriba de la rodilla, también con su camisa blanca que hacía que sus tetitas se vieran muy apetecibles.

Al verla apagué rápidamente la Tv. sin embargo, ella al verme se acercó y me saludó como cualquier hija saluda a su papá.

- ¡Hola hija cómo te fue!

- Hola papi bien.

- ¿Y tu hermana?

- Se fue con unos amigos de su clase y preferí venir aquí.

Entonces ella se sentó a un lado de mí, pero no lo había yo notado pero al no tener ropa interior y después de ver un poco de pornografía mi pene obviamente tuvo su reacción y Nancy lo notó y se puso nerviosa.

- Bueno papi, quizás sea mejor que vaya a fuera a comprar algo.

- ¿Por qué hija?

- Es que bueno no era mi intención pero vi tu entrepierna y...

Yo al principio me sentí fatal, pero al ver ella como que tenía un aire picaresco me di valor y decidí sacar provecho con la que más me ha excitado en toda mi vida sexual.

- Bueno hija, ya eres mayor de edad y bueno creo que es natural que ya sepas cosas relacionadas al sexo.

- Sí papi pero no sé mucho..................

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 Filial: Conseguí follarme a mi hijo
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

Después de haber encontrado esta excitante página, he decidido contaros la historia de como un día conseguí follarme a mi hijo Soy una mujer de Barcelona de cuarenta y ocho años. Me considero guapa. Tengo unos grandes ojos oscuros, una boca generosa de labios gruesos y soy pelirroja natural. Mi cuerpo es como os lo diría... especial. Soy lo que podríamos describir como una mujer abundante, o más bien gorda. Tengo un grandioso culo y unos muslos enormes, tengo bastante barriga y algunos michelines, pero no tengo celulitis, mi piel es finísima y muy blanca. Me depilo el conejito cada semana para que esté totalmente rasurado y es como una almohadilla de grandes y tiernos labios. Por último mis pechos, estoy muy orgullosa de ellos pues a pesar de que no son muy grandes son preciosos. Mis pezones son grandes y oscuros y no están apenas caídos a pesar de mi edad y mi peso. Forman un canalillo muy sensual y a mi hijo le vuelven loco. Me pongo terriblemente caliente cuando juega con ellos.

Esta historia empezó un día en que estando solos mi hijo y yo en casa, al pasar por delante del cuarto de baño, me dí cuenta que estaba masturbándose. Todas las madres sabemos que nuestros hijos se hacen pajas, pero esa vez al pararme junto a la puerta me pareció que le oía decir mamá entre jadeos. Me quedé extrañada y creí que no lo había oído bien así que me fuí a la cocina. Al poco rato mi hijo salió del cuarto de baño y vino a la cocina, sin decirme nada me abrazó y me dió un beso en la mejilla, junto a los labios al tiempo que me decía:

- Que guapa eres mamá, si no fuera tu hijo, me casaba contigo.

Debo deciros que mi hijo tiene veinticinco años, no es un crío, es muy guapo y muy cariñoso. Esas muestras de afecto eran naturales en él, pero aquel día después de lo que había oído, me quedé un poco azorada. Me dejó sola y fue al salón a ver la televisión, mientras yo me quedaba con mis pensamientos. No se como pasó, pero me puse muy susy pensando en mi hijo y en que yo su propia madre pudiera excitarle. Seguía dándole vueltas al asunto cuando noté que tenía los pezones duros como piedras y las bragas empapadas y ya solo tenía una idea en la cabeza, necesitaba que me follaran y quería que fuera mi hijo. Dejé la cocina y fuí a mi habitación, al pasar por el salón me acerqué a mi hijo por detrás del sofá donde estaba sentado y acariciándole el pecho, le di un beso en los labios, mientras le decía:

- Cariño, me a gustado mucho lo que me has dicho en la cocina, si no fuera tu madre... te comería.

Lo dejé en el sofá notando como empezaba a tener otra erección.................

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 Mi hijo:, mi nuera y yo
Enviado por webmaster el Viernes, 03 Diciembre, 2004
Relatos de amor filial

Todo comenzó hace poco más de diez meses cuando cumplí 50 años. Me quedé viuda hace 12 años por culpa de un trágico accidente en el que falleció mi marido y desde entonces mis hijos se han esforzado siempre en hacerme sentir lo mejor posible. El día de mi cumpleaños siempre se convierte en una fiesta tremenda en la que todos mis seres queridos me hacen sentir la mujer más afortunada del mundo.
En concreto, a este último cumpleaños vinieron mis cinco hijos, los tres mayores con sus mujeres e hijos, mientras que mi única hija y mi pequeño, como todavía le llamo, lo hicieron solos pues ambos son todavía solteros. Mi hijo mayor de 33 años es precisamente la causa de que esté escribiendo estas líneas. Vive en Benidorm y es dueño de un famoso hotel de esa bella ciudad. Tras la fiesta todos intentaron convencerme de que sería una maravillosa idea celebrar mi 50 cumpleaños pasando unos días en la playa con mi hijo y su familia. Me negué rotundamente, no quería dejar solos a mi pequeño y a su hermana en casa, porque nunca me había separado de ellos y no creía que pudiesen valerse por sí mismos. De nada me sirvió ya que, antes de darme cuenta, me encontraba de camino hacia Benidorm.

Llegamos a la enorme y preciosa casa de mi hijo la cual por cierto está ubicada en una zona magnífica y tiene su propia piscina privada. Cenamos y tras indicarme cuál iba a ser mi habitación durante mi estancia allí, nos acostamos para descansar de tan largo viaje. Me costó dormirme, pero a eso de las dos de la mañana me desperté acalorada. Me habían dicho cómo se encendía el aire acondicionado, pero tras un par de inútiles intentos me había dado por vencida y me había acostado con él apagado. Estaba sedienta así que me levanté para tomar un vaso de agua y dirigí mis pasos hacia la cocina. Al pasar junto al dormitorio de mi hijo y su mujer, escuché saliendo de su interior los clásicos sonidos de una pareja amándose. Todavía no sé por qué, pero me acerqué con cuidado y miré por la puerta entreabierta. Lo que vi me dejó paralizada, mi nuera estaba desnuda y a cuatro patas sobre la cama, mientras mi hijo la poseía desde atrás como hacen los animales.

Me quedé asombrada, la media luz que provenía de una pequeña lámpara y los líquidos que emanaban de la vagina de mi nuera hacían brillar el pene de mi hijo que entraba y salía a gran velocidad de su mujer. La verdad es que nunca había imaginado que pudiera hacerse el amor en esa posición y disfrutar de tanto placer como ellos estaban teniendo. Pero lo que más me impresionó fue el gran tamaño del pene de mi hijo, largo y grueso. Me quedé observando desde la puerta, hasta que sus gemidos de placer me empezaron a excitar de.................

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