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Lentamente se fue introduciendo mi verga en su vagina , que me quemaba tras cada centímetro que ingresaba en ese orificio ardiente, luego de tenerla en su totalidad dentro empezó a cabalgarme como una loca mientras su marido se masturbaba parado al lado de la cama. Pero yo anhelaba a mi doctor El pediatra del centro médico se casó hace un mes y en su reemplazo llego un colega suyo muy joven, recién salido del horno. Casi al instante que lo vi me llamó la atención porque además de ser tan joven, era muy guapo, unos 28 años , 1.80 , rubio , ojos verdes, y unos pectorales de película, para que decirles su redondo y prieto culo. Desde el primer día que llegó me asignaron para que le ayudara a ubicarse y se sintiera gusto. Ya pasada una semana teníamos mucha confianza, tanto que me comenta que hacía 2 años que era casado y que con su esposa tenía problemas en el aspecto sexual. Le insistí en que me dijera cual era su problema y si podía orientarlo, pero, el doctor (no voy a dar su nombre para evitar exponerlo), vaciló unos instantes antes de decirme que su problema era su verga, la cual tenía muy pequeña, por eso, siempre su esposa se quejaba que no le satisfacía. Le dije que el porte no tenía importancia que solamente debía saber prepararla antes de la penetración. Insistió que todas esas cosas ya las había intentado pero, que al parecer su esposa era insaciable. Bueno desde ese día nos veíamos muy poco porque él ya estaba al tanto de su trabajo y no me necesitaba, solo nos saludábamos cuando nos topábamos en el centro médico. Hasta que en cierta ocasión en que yo estaba en el baño, justamente vaciando mi vejiga, cuando de pronto apareció mi doctor bello, el cual enseguida se bajó el cierre del pantalón y se colocó a mi lado a orinar:
¡¡¡¡Oye, Ramiro te pasaste¡¡¡
¿por qué?
¡¡¡Tienes la verga muy grande!!!
¿y eso que?
¡¡¡Mira la mía!!!
Le miré , y efectivamente su verga era pequeña. Espera me dijo y enseguida fue y cerró la puerta de entrada al baño con llave.
¡¡¡¡Me gustaría vértela erecta, si no te molesta!!!
Sentí un poco de vergüenza ante tal petición, pero, tengo que reconocer que aquel rubio me tenía loco por lo que accedí tras hacerme de rogar:
¡¡¡Necesito que me la toques!!!
¡¡¡Seguro, te masturbo!!!
Acto seguido, tímidamente agarró mi verga y fue friccionando su mano contra mi barra de carne , que no demoró en levantarse, ante la atónita mirada del rubio:
¡¡¡Que grande, cuanto te mide!!!
Sobre excitado le dije que 21, mientras me acariciaba la cabeza que evidenciaba excitación , la cual él esparcía por todo el contorno de mi pene.
¡¡¡Quiero ver el tuyo!!!
Mira me dijo, y pude ver que no sobrepasaba los 12 centímetros y muy delgada. Sin pensarlo se la.................
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Caminando por el Malecón del bello puerto de Veracruz encontré a un morenito y caliente Jarocho con quien pude mitigar el calor del momento.
LA HISTORIA: Omar, mi socio y yo teníamos que ir al Puerto de Veracruz a hacer algunos trámites aduanales de unos bienes que habíamos comprado del Extranjero... el jueves por la tarde salimos de la Ciudad de México... El único trayecto complicado fue la salida de la Ciudad por la conflictiva Calzada Ignacio Zaragoza... una vez que pagamos la caseta nos dedicamos a contemplar una hermosa tarde... puse el Cruise Control de mi camioneta y nos entrelazamos en una amena charla... los habitantes del Distrito Federal siempre vivimos de prisa... estresados... no tenemos tiempo para platicar... en aquella ocasión mi socio y yo encontramos un momento ideal para platicar tantas cosas que desde hace algunas semanas teníamos pendientes... la Oficina... las Finanzas... los proyectos... los clientes... la plática fluyó en un ambiente de tranquilidad... eran ya las cinco y media de la tarde y llegábamos a Puebla... pasamos de lado rumbo a Orizaba y Córdoba... la carretera en perfectas condiciones hizo que el camino fuera muy agradable... poco tráfico... manejando siempre con precaución... pasamos el trayecto de las cumbres de Acutzingo todavía con luz de día...
Llegamos al Puerto de Veracruz hacia las ocho y media de la noche... aquel día solamente cenamos en el tradicional café de la Parroquia y nos dormimos... Al día siguiente, el viernes, fuimos a la Aduana a hacer nuestros trámites... debo de alabar a los Funcionarios de la Aduana que nos habían citado... tenían toda la documentación preparada... nos atendieron con suma amabilidad y a pesar de lo tortuoso del trámite, todo se terminó satisfactoriamente pasado el mediodía... Omar, mi socio, debía de regresar a la Ciudad de México por un compromiso familiar, así que lo dejé en el aeropuerto y con toda tranquilidad regresé al hotel para iniciar el fin de semana... Mi hotel quedaba ubicado a dos cuadras del Malecón justo detrás de una Zona Marítima Militar... Estacioné mi auto en el estacionamiento del hotel y decidí prescindir de él hasta el domingo... caminé por el Malecón y mis ojos se dieron un agasajo tremendo al ver a los Marinos completamente vestidos de blanco... caminé hacia el Museo y lo recorrí... caminé hacia el Café de la Parroquia y cené de nuevo en él... Era viernes y e
l Malecón se llenaba de gente... familias enteras... parejas echando novio y grupos de muchachos... había fiesta... había color... aviones de papel, globos y luces... las tiendas cerraban pero la fiesta aún comenzaba... Con una bolsa de Café en la mano caminé todo el Malecón... fui y regresé... se respiraba un ambiente de tranquilidad... a gente buena... gente de puerto... vendedores ambulantes aparecieron vendiendo barcos de madera, cinturones, ropa, artesanías y chucherías (porquerías en el léxico mexicano)... hacía calor... el calor húmedo del puerto... sentado en una banca ví a un muchacho divino....................
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Enrollarse con una bruja puede traer complicaciones cuando además ésta tiene muchos poderes y mucho carácter.
Cuando me enteré de que la chica con la que me había acostado, amiga íntima de mi novia, era una bruja, no supe cómo reaccionar; me dio miedo, terror, y ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error, amenacé con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.
Estábamos en su casa, acabábamos de hacer el amor, y sus profundos ojos negros me estaban mirando fijamente cuando yo estaba de los nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena negra azabache desparramada por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes, todo hacía que perdiera la cabeza por ella, pero estaba tan asustado que no me paré a pensar en lo que estaba diciendo.
Entonces, mientras me estaba vistiendo, Esther se concentró, me miró, apuntó su dedito hacia mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me encontraba dentro de una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué que ella volviera a apuntar su dedo, y me vi rápidamente fuertemente atado y amordazado. Me explicó que la única forma de controlarme es cuando estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya nunca se separaría de mí, por mucho que yo protestase; ya podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi familia, de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría por servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos, ya que con un movimiento de su dedo podía hacer de mí lo que quisiese; me había puesto una mordaza en un instante, a lo mismo que las ataduras, y la jaula, algo más grande no le había costado ni un segundo.
La jaula desapareció en un visto y no visto, y mi mordaza desapareció también; fui levantado por una fuerza desconocida, levitado unos centímetros y acercado a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y acariciándose el sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo quería girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado en el aire, la fuerza que me mantenía la cabeza desapareció, pero sin un momento para relajarme, las manos de Esther me la cogieron y la apretaron contra su sexo ávido de placer.
Mi nariz se enterró en el bien recortado monte de Venus, mientras mis labios se pegaban como una ventosa a sus labios vaginales, pero mi lengua se negó a dar el placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los pabellones auditivos, aplastó más mi cara en su coño, instándome a que le proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró una nueva treta; yo sentí como si una lengua saliese de su propio coño, se enroscara a mi lengua y la atrajese hacia el interior de la gruta. Cuando mi.................
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Guasa. Sigue la cadena si lo que quieres es sexo hasta saciarte.
USTED TAMBIEN PODRA HARTARSE DE SEXO
A los cuatro dias de recibir esta carta, siempre y cuando continue la cadena. Ya que la carta debe dar la vuelta al mundo, debe hacer diez copias y enviarlas inmediatamente. Esto no es ninguna broma. No envie dinero. Envie copias a personas que necesiten comerse algo antes de 96 horas.
Despues de pasar esta carta, a un funcionario de abastos de Santander se le atasco el pene en una maquina ordenadora y experimento la serie de orgasmos mas larga de su vida. John Elliot intento llevarse a casa a una prostituta, pero como habia interrumpido la cadena, la policia se lo llevo a el. Cuando registraron su domicilio encontraron revistas de ninos pequenos que ensenaron a todos sus vecinos. En un suburbio de Paris una ereccion incontenible le revento los pantalones a Don Loray 51 dias despues de haber interrumpido la cadena. Sin embargo, antes de que esto ocurriera una maquina de condones le dio tres por el precio de uno. ?Un premio de consolacion?
Tenga en cuenta lo siguiente: Herbert Pudstrom recibio la cadena en 1953. Le dijo a su secretaria que hiciera diez copias y las enviara. Pocos dias despues se la encontro en el barrio chino de Copenhague ganando cuatro veces mas de lo que el le habia pagado nunca. En una ocasion el general George Patton, que tambien envio la carta, creyo ver en la calle algo que parecia una moneda. Cuando se agacho a recogerla paso a su lado una mujer impresionante en minifalda y pudo disfrutar de una vista unica. Heywood Dadditt, un onanista compulsivo en paro, recibio la carta y olvido que tenia que enviarla antes de 96 horas. Su esposa se fue a jugar a los bolos con su mejor amigo y no volvio. Meses despues, al encontrar la carta, envio diez copias. A los pocos dias conocio a otra mujer y descubrio que durante todos aquellos anos su antigua esposa, que a el le parecia una maravilla, se habia portado en la cama como una caballa muerta. Alan Fairchild recibio la carta, pero no se la creyo y la tiro. Nueve dias mas tarde se le derramo un cafe ardiendo en la entrepierna.
En 1987 una joven de Texas recibio una carta muy desgastada y casi ilegible, por eso no se dio cuenta de que este parrafo hablaba de ella. Se prometio que volveria a mecanografiarla y que la enviaria, pero entre unas cosas y otras lo fue dejando. A partir de entonces se sucedieron los problemas, entre otros un herpes genital y diversas enfermedades venereas que contrajo en sus futiles intentos de encontrar al hombre perfecto en bares de solteros. No se habia desprendido de la carta en 96 horas. Finalmente envio las copias y al poco tiempo conocio a un hombre de medidas excepcionales.
Pero no olvide el triste destino de un estudiante de la universidad de Trent, Peterborough, que se envio la carta a si mismo cinco mil veces por correo electronico el mismo dia. Cuando iba a abandonar la sala de ordenadores una extrana mujer se le acerco por detras, le mordio una oreja y le echo mano al paquete. El comprensible sobresalto le hizo tropezar con unos cables mientras lanzaba un grito. Al intentar frenar la caida agarrandose a un ordenador cercano, unas babas que le habian salido de la boca (al gritar) se introdujeron hasta las profundidades mas reconditas del ordenador, y los tres (estudiante, extrana mujer y ordenador) experimentaron un ciber-orgasmo simultaneo de intensidad exponencial antes de explotar convirtiendose en una nube de datos humeantes.
Debe enviar al menos diez copias de esta carta antes de que pasen 96 horas. Los que lo hagan tendran una vida sexual plena e intensa. Los que no, se veran condenados a pasar largas veladas en compania de utensilios mecanicos.
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Intercambio de notas entre un cliente de un hotel y su servicio de haitaciones Estimada señora de la limpieza:Por favor no vuelva a dejar más de esos jaboncillos en mi cuarto de baño.
Tengo mi propia pastilla de jabón de tamañonormal y no utilizo estos jaboncillos. Por favor llévese los seisjaboncillos que están junto al grifo del lavabo y losotros tres en la jabonera de la ducha, solo sirven para molestar.
Muy agradecido,S. Mc. Faerland
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Estimado cliente:
No soy la señora de la limpieza que atiende su habitación habitualmente, hoyes su día de fiesta y mañana ella podrá atenderle. Sin embargo, siguiendosus instruccioneshe retirado los 6 jaboncillos de su lavabo y los otros 3 de la jabonera dela ducha y los he puesto encima del aparatito de toallitas kleenex por sicambia de opinión.
Así que solo observará los 3 jaboncillos que he dejado hoy siguiendo lasordenes del jefe de servicio del hotel. Espero que sea satisfactorio parausted.
Kathy, señora de la limpieza de apoyo.
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Estimada señora de la limpieza:
Espero que sea mi señora de la limpieza habitual, parece ser que Kathy no lecomunicó mi nota referente a los jaboncillos. Cuando regresé a mi habitaciónme encontréque había usted añadido 3 jaboncillos al estante de debajo del botiquín. Voya estar 20 días en el hotel y no necesito para nada esos 6 jaboncillos delestante, memolestan cuando me afeito o me lavo los dientes, por favor lléveselos deahí.
S. Mc. Faerland
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Estimado Sr. Mc. Faerland:
El pasado miércoles fue mi día libre, por lo que la doncella suplente dejólos tres jaboncillos como mandan los jefes de servicio del hotel que se hagaa diario. He recogidolos 6 jaboncillos del estante y que al parecer le molestaban en su aseopersonal y los he puesto en la jabonera de la ducha donde había una pastillade jabón que alparecer le Pertenece.
Esa pastilla la he guardado en el botiquín por la falta de espacio en lajabonera. No he movido los 3 jaboncillos que habitualmente se guardan en elbotiquín para el casode entrada de un nuevo cliente en la habitación y que al parecer a usted nole molestan. Por favor dígame si puedo serle de alguna otra ayuda.
Su doncella habitual, Dotty
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Querido Sr. Mc. Faerland:
El gerente, Sr. Kensendder, me ha informado esta mañana de que usted llamóla pasada noche y dijo que no estaba satisfecho con la atención del serviciode limpieza dehabitaciones. Le hemos asignado una nueva doncella y espero que aceptenuestras disculpas por cualquier molestia. Si desea presentar cualquier otraqueja me gustaríapoder atenderle personalmente. Llame a la extensión 1108 de 8:00 a 17.00 yle atenderé muy gustosamente.
Gracias.
Elaine Maria DoloresRecepción
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Estimada Srta. Maria Dolores:
Me es imposible ponerme en contacto con usted por teléfono porque tengo queabandonar el hotel cada mañana a las 7:30 por cuestiones de negocios y noregreso hastalas 19:00 horas mas o menos.
Por ese motivo llamé al Sr. Kensendder ayernoche. Usted ya había terminado su jornada.................
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