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 Embarazada: La humillación / cap. 2
Enviado por webmaster el Miércoles, 19 Enero, 2005
Relatos diversos

Recuerdo que cuando cumplí los 19 años estaba hecha toda una moza, mi cuerpo era fuerte y tenia mucha energía, un cacharrero pasó por la hacienda y llegó a la casa vendiendo sus cacharros, era muy amable y picarón, no estabamos interesadas en los cacharros que nos ofrecía.

Entonces nos susurró bajito que tenia la última moda de París en ropa interior y nos guiñó un ojo. Ryo y yo nos echamos a reír pícaramente y el señor nos enseñó unos sujetadores y unas braguitas muy pequeñas, nos gustó y se las compramos.
Que lo disfrutéis con vuestros marido nos gritó mientras se
alejaba. Ryo y yo excitadas como dos colegialas nos fuimos a casa a probarnos
las ropitas, ella color rojo y yo color negro, nos sentaban de maravilla y
hacíamos bromas riéndonos. De pronto se abrió la puerta
y Paco apareció bajo la puerta, nos cubrimos rápidamente con
los vestidos, tenia los ojos inyectados en sangre y me entró pánico.
¿Con que os gusta sentiros rameras Eeeehhhh?.
¡¡¡Paco por favor. . . . Cállate puuutaaaaaa!!! chilló sin
dejarme explicar.
Os quiero ver a las dos ahora mismo en el salón, ordenó saliendo
de la habitación.
Ryo me miró completamente acojonada y yo tiritaba de pánico.
Nos vestimos rápidamente y corriendo bajamos al salón, Rafael
estaba a su lado, los dos de pies, nos miraban como si hubiéramos echo
algo malo. Sólo habló Paco "EL AMO", como le llamaban
los campesinos.
Sabes Rafa que tu mujer Ryo y María les gusta ser unas putas?.
Intervine-. Paco por favor deja qu. . . . . .
¡Calla ramera! ¿me vas a negar lo que he visto con mis propios
ojos?
Nos arrancó el vestido a las dos dejándonos con la ropa interior
que acabábamos de comprarnos.
Nos cubrimos nuestras vergüenzas como pudimos. ¿Qué te
parece Rafa?. ¿Son o no son unas rameras?
Rafael no dijo nada, se limitó a decir que si con la cabeza, como los
burros.
Ya que tenéis mucho tiempo libre y os gusta hacer de rameras, he decidido
que lo mejor que podemos hacer es preñaros, así estaréis
más ocupadas y no tendréis tiempo de putear tanto.
( el gran juez había hablado, se creía el juez de sus tierras
y nadie le discutía, la sentencia estaba dictada y no había apelación
posible).
¿Qué te parece compadre?, le dijo a Rafael dándole un
codazo en un costado.
Cojonudo compadre, lo que tú digas.
Pues empecemos y dicho y echo nos arrancaron la ropa y nos dejaron desnudas
y allí mismo humilladas y avergonzadas completamente fuimos jodidas
Ryo y yo. Cuando acabaron de correrse nos dejaron.................

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 Embarazada: La humillación / cap. 1
Enviado por webmaster el Miércoles, 19 Enero, 2005
Relatos diversos

La historia que relato a continuación es real como la vida misma, creo que al contarla una parte de mi se desahogará y podré liberarme de la humillación constante en la que vivo, sometida por mi marido desde hace mucho tiempo.

Bueno y mi amiga tambien, por motivos personales prefiero cambiar los nombres,
aunque no creo que mi marido lea esto nunca, no sé manejar este y esto
me lo escribe un amigo, para mí muy especial, me ha prometido que me enseñará.
Me casé muy joven, a los 18 años, era prácticamente una
niña, pero en el pueblo en que vivo mi marido era entonces el mejor
partido que podía aspirar.
Paco –le llamaré así aunque no es su verdadero nombre-,
era un hombre bastante bruto, criado desde pequeño en la rudeza del
campo, ocupado en mantener la enorme finca que heredó de su padre. Tenemos
cabezas de ganado –prefiero no especificar- y tierras de cultivo.
Dinero, afortunadamente no nos preocupa, Paco es tan tacaño que lo
raciona todo, menos la comida de casa.
Paco tenia 23 años y yo 18 cuando nos casamos, desde un principio sabía
que no era tierno ni tenia delicadeza alguna, pero en un pueblo como el que
vivimos, tampoco tiene mucha importancia, la ternura y la delicadeza quedan
un poco para las madres o son cosas de maricones de la capital, como dice él.
El único contacto que tengo con gente es con el capataz de la finca
y con su mujer. – la llamaré Rosa, y yo María -. Rosa es
más joven que yo, como era huérfana el juez le dio permiso para
casarse con 17 años con Rafael, nuestro capataz. Él tenia 24
años.
Para haceros una idea de la vida en nuestra comarca, os diré que en
las tierras de mi marido vive la gente que nos la trabaja y hasta no hace mucho
existía el derecho de pernada, es decir el dueño de las tierras
era el primero que yacía con la novia cuando se celebraba una boda.
Aunque cueste de creer en las tierras de mi marido todavía sucede,
yo no lo he visto pero he oído comentarios sobre ello a la gente del
campo. Ryo me dijo que a ella nunca la había montado, suponía
que como su marido era el capataz la respetaba.
Rosa es morena como yo, tenemos el pelo muy negro. Y de nuestros cuerpos que
queréis que os diga, yo creo que sin ser modelos si estamos apetecibles
(buenas zorras para joder y preñar como dice mi marido).
En los primeros meses de matrimonio me fui dando cuenta de cómo era
Paco. Un bestia en.................

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 Lluvia dorada: El último tabú
Enviado por webmaster el Miércoles, 19 Enero, 2005
Relatos de fetichismo

Afortunadamente nací en el seno de una familia poco tradicional, una familia donde solo reina la libertad y no hay prejuicios ni tabúes, casi podría decir que los limites entre y para nosotros son inexistentes

Desde mi infancia me percate de la bisexualidad de mis padres. Sus rituales de
amor con otras parejas, sus infidelidades consentidas mutuamente, el material
restringido para adultos por toda la casa, sus grandes cantidades de LSD y otras
peculiares substancias que están de mas mencionarlas aquí. En medio
de este aparente caos aprendí a aceptar todo lo que vivía a mí alrededor,
a disfrutarlo y a tratar de ser feliz con la simple filosofía de la total
libertad... "Hacer lo que me plazca".

Mi nombre es Isabel, latinoamericana de 25 años, soltera. Soy travestí.
Desde muy chica comenze a sentir esa atracción tan especial por las
prendas del sexo opuesto. Gracias a la tolerancia de la que hable anteriormente,
no encontré ningún obstáculo para desarrollar mi lado
femenino como cualquier chica. Mis padres siempre consintieron mis caprichos,
nunca trate de ocultar mi condición y gracias a ellos me convertí en
una señorita, aun en el closet por decisión propia. Mi madre
siempre me ayudo con tips de belleza, depilación, incluso salimos de
compras frecuentemente y muchas veces insisto en pedirle que me obsequie alguna
prenda sexy, zapatillas, joya o perfume de mi agrado.

Trabajo administrando unos de los tantos negocios de mi padre. Paso gran parte
del día en la oficina, rodeada de papeles y demás asuntos sumamente
aburridos. Seguramente se sorprenderían al saber que soy bastante
tranquila dentro de mi entorno social a pesar de la libertad de la que he
gozado toda mi vida. Aun vivo en casa de mis padres, no he querido independizarme,
ya que me encanta disfrutar la comodidad de esta enorme casa y el amor y
respeto que hay en mi familia.

En cuanto termino mis actividades laborales regreso a mi hogar, tomo un baño
caliente y me visto como lo que soy, una mujer. Suelto mis largos y rizados
cabellos, me maquillo y elijo algo de mi vasto closet. Desde hace muchos años
he seguido esta rutina tan placentera. Prácticamente todos los días
alguno de mis padres o ambos suelen verme arreglada como jovencita; para nosotros
es lo más normal. Incluso me gusta cocinar y hacer ciertas tareas así.
Hasta he lucido frente a ellos mis pequeñas pijamas de satín
o ropas de cama mas atrevidas, transparencias, encajes, sin ningún problema.

Cabe mencionar que soy adicta al material XXX. Tengo una enorme colección
.................

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 Lluvia dorada: El baño
Enviado por webmaster el Miércoles, 19 Enero, 2005
Relatos diversos

La puerta ladra su mala lubricación y junto al sonido de los pasos el cuchicheo extraño de las voces.

Los mosaicos lucen una limpieza pocas veces creíble en estos lugares. La abundancia de papel higiénico y el cerrojo que calza con una precisión absoluta en la ranura, acusan un prestigio que desciende por el baño del restaurante hasta la atención impecable de los mozos. Dan ganas de quedarse una vida sacando e introduciendo
el cañito de acero, al menos hasta que falsee o la presión sea
tan fuerte que todo parezca volver a la normalidad. Los inodoros cargan encapuchados
con sus respectivas tablas. Nechu con la pollera levantada y las rodillas tirando
de la bombacha intenta hacer pis en posición de galope; sólo por
costumbre y no porque el sitio realmente lo merezca. Cae el primer goteo y se
interrumpe con la entrada blanda de las dos mujeres. Intuye que no hay una sola
por el ruido desparejo del calzado pero tampoco está segura de que sean
un par. Palanquea desde la vejiga siendo inútil el esfuerzo por terminar
de mear. Se empareja fastidiosa la ropa, abre con placer la manija del compartimento
y escucha un gemido que rebota como eco y vuelve a instalarse en otro más
aflautado cerca de las canillas. Cierra con urbanidad la puerta y en lo que dura
el asombro procura descifrar los murmullos constantes que invaden la totalidad
del baño. Se levanta nuevamente la pollera y se sienta sobre el brillo
de la tabla. –Esto es ridículo - piensa – Salgo rápido
y listo -. Antes de tomar el envión para huir una de las tantas palabras
toma forma, y al instante la siguiente; son comestibles y llevan en la melosidad
de los dientes las ganas apretadas desde hace mucho tiempo. Tan solo palabras
desgarradas con la protección innata de no ser oídas ni por ellas
mismas.

Nechu está a punto de toser adrede, carraspear con el disimulo falso
de la inocencia sorda. No es mala opción tirar de la cadena o levantar
la tabla; algo que ponga aviso y rompa con su cuadrado transformado involuntariamente
en su pequeño escondite. No hace nada de esto, al contrario, apoya los
pies, es decir, los tacos de los zapatos sobre el canto de la puerta y espera
que ninguna de ellas localice su presencia. La gelatina de los besos ligada
al salto ronroneado de vocales cambian por completo su estado de ánimo.
Ahora nace la intriga de cómo son, sus caras, sus cuerpos, sus ropas.
La palabra de una de ellas delata que no tiene más de treinta, la otra
sostiene un descanso natural en la voz, no parece mayor en edad pero sí en
experiencia. Unos labios finos y rectos inauguran en la imaginación
de Nechu la figura desconocida. Un maquillaje desapercibido estiliza los rasgos<br.................

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 Lluvia dorada: Viaje de egresadas
Enviado por webmaster el Miércoles, 19 Enero, 2005
Relatos diversos

La mayoría de las chicas del Instituto venían de familias de plata. Por eso no tuvieron inconvenientes para pagarles el viaje de egresadas, ni los correspondientes profesores particulares para que alcanzaran realmente esa condición. Sin embargo, las familias de Lau, Pau, Caro y Romi no se encontraban en la misma situación

En la cafetería del colegio, las cuatro alumnas intentaban sobrellevar sus amarguras:
—Che, ¿los viejos de ustedes saben las notas que se sacaron?— Dijo
Laura.
—¿
Estas loca? Si les digo me matan.— Contestó Romi.

Yo no sé que hacer, mi viejo nunca las supo pero a mi vieja ¿qué le
digo?

No le digas nada, Pau. Decile que perdiste el boletín.

No, se va a dar cuenta. ¿Qué te crees?
—¿
Y vos, Caro que nota te sacaste?

Un dos, igual que ustedes.

Chicas, no puede ser este bajón. Tengo una idea.— sentenció Laura —vayámonos
de viaje de egresadas.
Las chicas al principio no aceptaron la propuesta pero al salir del café la
huida ya estaba planificada. El día elegido Laura iría al colegio
con el coche del hermano, lo estacionaría a la vuelta de la escuela
y así lo hizo. A la salida las amigas se encontraron ahí y zarparon
con destino incierto. Cuando oscureció ya hacía varias horas
que estaban viajando y sus estómagos empezaron a quejarse, entonces
pararon en un Mac. Donal’s. Estaban sentadas charlando cuando de pronto
se quedaron heladas. Una imagen de las cuatro en el televisor denunciaba acerca
de unas estudiantes desaparecidas buscadas por sus padres. Tomaron sus bolsos
y tratando de pasar lo más desapercibidas posible abandonaron el lugar.
Todas llevaban aún sus uniformes y eso las delataba pero, con el apuro,
no se habían podido cambiar. Laura maniobraba tratando de encontrar
un baño donde hacerlo, pero sin éxito.
—¡Hay!, chicas— balbució Carolina —m’estoy
haciendo pis— Las vejigas de sus compañeras también estaban
llegando a su limite.

En serio, no aguanto mas— insistió.

Ya va, espera un poquito.
—¡
Hay, hay! por favor.
—¡
Ya vamos, espera!

No puedo más, me hago— En ese momento una estación de servicio
apareció y las amigas se sintieron salvadas. Con el coche todavía
en marcha, Carolina salió corriendo al baño. Romina la siguió.
Paula y Laura no, puesto que esta última debía apagar el auto
y cerrarlo.
—¡Dale Lau! apurate— le decía mientras retorcía
hasta el último músculo de su cuerpo tratando de evitar un accidente.
Instantes después corrían tras sus compañeras. Cuando
llegaron encontraron.................

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