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Por un tiempo las cosas se normalizaron. La vida transcurrio mas o menos normalmente hasta que misteriosamente mi ropa interior empezo a desaparecer. Cada vez que me bañaba e intentaba cambiarme de ropa tenia menos y menos calzones hasta que me di
cuenta que solo me quedaban dos. El que traia puesto y uno mas. Yo no atinaba
entender que era lo que sucedia. Muy a pesar me tuve que ver en la necesidad
de decirle a mi padrino que necesitaba ropa. El me hizo preguntas y la verdad
no sabia que decirle asi que le menti y le dije que me habia traido muy poquita
ropa y que ya se me habia acabado. El me respondio de mala gana que luego se
haria cargo y ahí quedo todo. Pasaron varios dias y yo seguia en la misma
situación hasta que un dia llego Daniel y me avento una bolsa con ropa
y me dijo que su papa le habia mandado a comprarme lo que me hacia falta. Me
acerque a la bolsa para ver que tenia y no pude evitar ver la cara de burla que
el tenia y me dijo:
-A ver si te gusta lo que te compre- y riendose me dejo solo.
Empeze a sacar la ropa y eran varios calzones. Un par de truzas nada mas y
los demas eran calzones que yo jamas habia visto. A diferencia de los que
yo usaba, estos no tenian agujero al frente y tenian colores como ryo,
anaranjado, amarillo, etc. En es tiempo no lo comprendi, muchos años
después me di cuenta que Daniel en su locura se habia encargado de
comprarme pantaletas de niña con la intencion de humillarme mas. No
conforme con eso, y pienso que lo hizo adrede, las truzas que me compro eran
de una talla mas chica asi que cuando me las ponia me quedaban demasiado
ajustadas y entalladas por todos lados causandome cierta incomodidad al principio.
Esto no seria tan importante a no ser por el hecho de que mas ropa mia siguió desapareciendo
y termine durmiendo en calzones y playera pues todos mis shorts y mis pijamas
las "perdi". Pocos dias después me di cuenta que Daniel
no perdia ocasión para acecharme y en un par de ocasiones en que yo
ya estaba acostado, el pasaba por el pasillo y caminaba mas lentamente y
me volteaba a ver muy raro, de una forma que yo no comprendia en aquel momento.
Otro dia en la mañana medio desperte y pude ver que el se me quedaba
viendo el trasero pues.................
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Asi fue. En este momento aun me tiemblan los dedos al pulsar estas teclas pues aun recuerdo todo como si apenas hubiese sucedido. Un secreto sepultado dentro de mi por muchos años y que jamas se habia revelado. ¿Para que? Posiblemente nadie lo entienda. ¿En donde sucedió? En una pequeña localidad de provincia como tantas otras. ¿Cuándo? Hace ya tiempo.
Como sucede en muchos casos, mi padre fallecio siendo yo muy niño por
lo cual mi madre tuvo que ingeniarselas para sacar el sustento de cada dia.
Alrededor de mis 13 años tuvo la suerte de que le dieran un trabajo
en la capital del estado, el unico gran problema fue que se lo darian a ella
sola. Es decir, tuvo que renunciar a mi y con la promesa de mejorar me deposito
en casa de mi padrino sin saber al gran peligro que me estaba exponiendo.
Ese dia, el mas triste de mi vida, la fuimos a despedir a la central de autobuses.
Aun recuerdo como sus ultimas palabras fueron de aliento y de advertencia al
decirme que me portara bien y que obedeciera en todo para no contrariar a nadie
pues no queria que causara problemas.
Nos quedamos hasta que el camion desaparecio y aunque trate de hacerme el fuerte
no puede evitar el llanto. Aun las lagrimas corrian por mis mejillas cuando
mi padrino con una voz seca me ordeno que nos fueramos pues mi madre ya se
habia ido. Dandome un empujon, me impulso a caminar y con largos pasos se
adelanto a la camioneta quedandome yo rezagado. De repente senti un manazo
en la espalda.
-¡Deja de chillar!-escuche-¡Pareces mariquita!
Ese era Daniel el hijo mayor de mi padrino que andaba entre los 16 casi 17
según recuerdo. Ese manazo fue nuestro primer contacto.
Como se podran imaginar por ese primer "saludo", mi vida se convirtió poco
a poco en un infierno. De las tantas cosas prometidas por mi padrino a mi madre
muy pocas se cumplieron. Desde un principio se mostro seco y distante conmigo,
como si mi presencia le molestara. Ni siquiera me dio un cuarto sino me hizo
dormir en una pequeña salita de un corredor de esas casas antiguas de
pueblo y mi ropa la puse en unas cajas cerca del sofa que se convirtio en mi
cama. Mi madrina era un poco mas amigable pero en aquel tiempo su madre se
encontraba enferma y ella se iba a cuidarla al pueblo mas cercano asi que pasaban
dias sin que la viera y a veces cuando regresaba.................
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Como ya os he contado en otros relatos, Leticia era camarera en el restaurante donde yo iba a comer algunas veces. Habíamos empezado una relación extraña. Sólo sexo. Nunca habíamos hablado de ningún tema que no hubiera sido sexo y no habíamos quedado nada más que para follar. De hecho no habíamos quedado nunca, yo iba a buscarla consciente de lo que iba a encontrar.
Ella era alta, rubia (natural), siempre llevaba su melena cogida en una coleta,
su culo era grande y duro y sus tetas también hermosas estaban coronadas
de unos pezones pequeños. Era muy sensual y le gustaba experimentar
en la cama. Hasta que la conocí yo había sido muy tradicional
pero me gustaba ser parte de sus experimentos y me fiaba de ella.
Aquel día volví al restaurante para comer. Era la primera vez
que lo hacía desde la primera vez que tuvimos sexo. Como no me atendió Leticia.
- Hola. ¿Otra vez te toca comer sólo?
- Hola. Sí. Todo el mundo está preparando una presentación
importante para mañana.
- ¿Qué vas a tomar?
Le canté los platos, y ella se fue. Cuando trabajaba no quería
que nos relacionasen así que me comportaba como un cliente más.
Me trajo el primer plato y bajo él había una nota: “Te
espero en mi casa a las 23.30. Vamos a empezar ha hacer realidad nuestras fantasías”.
En nuestro último encuentro nos habíamos confesado que para mí acostarme
con dos tías era mi fantasía y para ella hacerlo con dos tíos
bisexuales. Al principio la idea no me hizo mucha gracia pero me fiaba de Leticia.
Y además sabía que si preguntaba algo o me negaba a algo se acabaría
nuestra relación sexual.
Pasé la tarde muy nervioso. ¿Qué fantasía querrá satisfacer? ¿La
Suya o la mía?
Llegaron las 23.00 y me encaminé hacia su casa junto a la playa. Desde
la mía tenía como 30 minutos en coche. Cuando toqué el
timbre el corazón parecía que se iba a salir de la camiseta.
Me abrió una chica que en principio se me hizo cara conocida pero no
sabía quien era.
- Hola. Tú debes ser Ignacio ¿no?
- Sí. ¿Y tú?
- Yo soy Noemí. Te he visto alguna vez por el bar.
- Claro. Tú eres la chica que está en la barra.
- La misma. Jajajaja.
Ya estaba mucho más tranquilo porque parecía que la fantasía
a satisfacer era la mía. Noemí hacía de anfitriona porque
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Jueves a la noche. Sólo en casa. Calor. Me acordaba de Leticia. Sabía donde encontrarla. Salí de casa. Cogí el coche con la única idea de tener una noche de sexo con ella. En la oficina del restaurante habíamos tenido nuestro primer escarceo. Una mamada y sexo anal.
Me dirigí hasta la playa, y entré en el restaurante. Allí estaba ella. Con su sonrisa infantil y su mirada de ingenua. Me vio pero no
dijo nada. UUUHHHH malo, pensé. ¿Habrá quedado con alguien? ¿no
se acordará de mí? Lo que tenía claro es que fuera lo que
fuera yo de allí no me movía hasta no estar seguro de que no iba
a follar con ella.
Me senté en la barra y pedí una copa. Había una puerta
que daba acceso a la zona de restaurante y siempre estaba abierta. Perdí la
mirada por aquella puerta Leticia pasaba constantemente por delante moviendo
su hermoso culo de forma muy sensual. Me miraba pero cuando se percataba de
que yo la miraba se hacía la despistada.
Quedaba muy poca gente cenando así que pronto se descubriría
el entuerto.
Se marchó el último cliente del restaurante y en la barra ya
no quedaba nadie más que yo. Habían barrido todo el local y una
chica me indicó que iban a cerrar. Salí fuera y me senté en
un pequeño muro a ver el mar. Estaba precioso. De pronto noté como
alguien me abrazaba por detrás envolviéndome con una mano a la
altura de los hombros y llevando la otra directamente a mi paquete.
- Creías que no te iba a hacer caso, eh?
- ¿Y si me llego a marchar?
- Sabía que no lo harías. Tienes tantas ganas de follarme como
yo a ti. Vamos a mi casa.
Me cogió de la mano y anduvimos unos 100 metros. Sacó la llave
y abrió un portal acristalado.
- No hay ascensor. Y vivo en el último.Ella iba abriendo el camino y
yo detrás como hipnotizado mirando ese culo que me gustaba tanto y que
estaba siendo violado por sus pantalones vaqueros sumamente ajustados. Su camiseta
de tirantes también ajustada dejaba al descubierto los tirantes de un
sujetador azul.
Por fin llegamos. Habíamos subido siete pisos por una escalera bastante
antigua. Entramos y me indicó donde estaba la sala.
- Ponte todo lo cómodo que quieras. Tienes para hacerte una copa si
quieres, pon música si te apetece, o la tele. Si quieres estimularte
o hacerte una paja hay alguna peli porno en la balda encima de la tele. Yo
voy a ducharme.
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Soy un chico de treinta años. Mido 1.80 y me gusta mucho hacer deporte.
Como cada día fui a comer a los restaurantes que están en la zona de la playa. Esta vez me toco ir a mí solo porque a la hora de comer todo el mundo se había ido.
Me senté en una mesa que tenía un amplio ventanal en frente y
podía ver el mar y los barcos entrando al puerto. La vista era muy bonita,
pero me agradó más ver la visión de la camarera. La chica
era alta más de 1.75, rubia y no excesivamente guapa, aunque tampoco
era fea. Pero se movía de una forma que parecía la típica
que se hace la tontita y la inocente y luego resulta ser una susy. Además
me di cuenta que sus senos eran grandes y no llevaba sujetador porque casi
bailaban al son de sus movimientos.
- ¿Vas a ser tú solito?
- Sí. Hoy me ha tocado solo.
Elegí los platos. Cuando se alejaba hacia la cocina pude ver que su
culo era hermoso, y estaba embutido en unos baqueros muy apretados que lo hacían
muy apetecible. Después de esa visón tan erótica me tuve
que resignar viendo los barcos entrando en el puerto.
Ella volvió con el primer plato en la mano, una botella de agua y una
amplia sonrisa. Dejó el plato y cuando se dispuso a abrir la botella
de agua, apoyándola en la mesa para hacer más fuerza con el abridor.
Tanta fue la fuerza que hizo que la botella al abrirse se cayó encima
de mí. Me mojó todos los pantalones.
Ella parecía avergonzada, y cogiendo una servilleta intentó secar
algo del agua que ya calaba mis pantalones. Pero cual fue mi sorpresa cuando
su mano abandonó la zona humedecida para plantarse encima de mi paquete,
el cual empezó a reaccionar ante sus caricias. Ella había abandonado
su expresión de niña avergonzada, y ahora volvía a ser
la de susy, ingenua que volvía a sonreírme. Estaba ya muy
cachondo.
- Ven tenemos un secador en el despacho.
Me levanté de la silla y la acompañé por una puerta que
ponía reservado.
Ella iba delante y yo volvía a ver ese culo con los baquero que se
metían por la raja. Antes de entrar en por una puerta que ponía
oficina, ella ya se había quitado la camiseta.
Una vez dentro se dio la vuelta y pude ver sus tetas que eran bastante grandes:
- Quítate lo mojado. à decía.................
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