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Esta es la categoria: Relatos de lesbianas
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 mi mejor amiga me consolo
Enviado por pamel el Domingo, 05 Noviembre, 2006
Relatos de lesbianas

Mi mejor amiga (Laura) y yo cuando para relajarnos a veces íbamos a cabañas (motel, así se le dice a mi país, son habitaciones para dormir, ir un rato, etc.) a pasar un rato bien, pedíamos comida nos bañábamos en el jacussi, muchas veces en ropa interior, o llevamos bikinis.

La pasábamos muy bien, nunca había pasado nada, si a veces notaba que me miraba pero eso es hasta normal entre mujeres, yo también la miraba tenia un cuerpo buenísimo, yo se lo decía y ella me decía que le gustaba mi cuerpo por que soy alta, delgada, senos grandes, morena, soy bien proporcional, dure un tiempo en la escuela de modelaje y antes me dedicaba al ballet clásico.

Ella es blanca su pelo es rubio, pequeña con unos senos llamativos y nalgas bien formaditas, en fin las dos somos diferentes pero hermosas.

Nunca le dije de este pasatiempo a mi novio Luis, por que sabia que si se lo decía se iba a molestar, además el no le gustaba mucho que yo me juntara con ella por que decía que a ella le gustaba salir mucho, salir con muchos chicos etc., ella es extranjera, de Costa Rica.

La relación con Luis duro casi 5 años, lo amaba realmente, lo amaba pero ya al final de la relación teníamos muchas discusiones, peleábamos por todo, casi ya ni salíamos, empezó a celarme sin razón, siempre le fui fiel aunque a veces me costaba por que siempre he tenido muchos pretendientes, pero mi amor por el era tan grande. Pero llegó
que me canse y le dije que lo mejor era terminar, cuando terminamos ambos todavía estábamos enamorados pero cansados y parte de ese amor ya se estaba desapareciendo, al final el reconoció que era lo mejor.

Me sentía tan mal, aunque ya lo había planeado terminar con el sentía que el mundo se me venia encimas, Laura me llamo para ver como me encontraba, me dijo que hablara con ella para desahogarme, así que fuimos al motel, lloré como una magdalena, ella pidió whisky para relajarme yo le dije que seria buena idea.

Me quede en ropa interior para esta más cómoda, después de contarle como había pasado todo, comenzamos a tomar, prendí la televisión y había una película erótica de lesbianas. Ella me dijo que tenia unas galletas en le carro, que la iba a buscar, vino con galletas y aparte de eso con un bulto, le pregunte que era y me dijo que después me decia, era como si lo habia planeado

Le dije que me dolía la espalda, estaba ya media tomada y dormilenta, me dijo que me iba a dar un masaje, Laura comenzó a quitarse parte de la ropa y me dijo que me iba a dar un masaje en la espalda me quito el brassier, y me estaba masajeando la espalda, me sentía bien relajada, después me dijo que me quitara los pantys, le dije que no, insistió me dijo que no era nada malo, y después lo pensé y le dije que tenia razón, luego me masajeaba las piernas y las nalgas , me sentía caliente.

Me estaba empezando a gustar luego me puse boca arriba, me masajeaba los pechos, estaba ya mojada mi vagina cuando se acercaba no me podía aguantar, luego se quedo completamente desnuda,
y me empezó a besar con sus dedos en mi vagina, , luego bajo su cabeza hacia mis senos, los besaba, besaba mi cintura, mis caderas todo, cuando llego a mi vagina no me puede contener y tuve mi primer orgasmos.

Luego me besaba el culo, metia sus delicados y lindos dedos alli, tuve entonces otros orgasmos ni siquiera con Luis me había sentido así, luego puso su vagina enfrente de la mía y comenzó a moverse a frotar clítoris con clítoris, a Dios que me perdone pero en mi vida nunca había experimentado nada tan excitante y con Luis inventaba siempre cosas nuevas y buenas sexualmente, pero esto era totalmente diferente, en ese momento tuve no se cuantos orgasmos, ella también, se sentía todo tan rico, tan mojado, nunca había mojado tanto.

Luego saco algo del bulto que trajo, cuando fue a buscar la galleta y saco un dildo de esos que vienen unidos a una especie de pantys que se amarran, me pidió que me los pusiera, aunque me sentía extrañada me lo puse y ella se subió arriba de mi para que se lo metiera, comenzó a moverse, se sentía rico mientras ella se movía me metía un dedo por mi vagina y yo le frotaba el clítoris, podía sentir como ella se movía, wow que bien me sentía, luego se voltio y le besaba los senos.

Después puso su coño en mi cara como ordenándome que se lo chupara, aunque nunca lo había hecho no pude contenerme y comencé a lamérselo y ella a gemir, con ese liquido tan delicioso se lo pasaba por el culo, le entraba un dedo, ella gritaba con tal excitación que le dije que me quería metérselo por atrás, ella me dijo que nunca lo había hecho así, pero que quería hacerlo.

Le lamía ese culito blanco que lo tenia tan delicioso, así que se iba introduciendo poco a poco con mucha delicadeza, ella me decía que le dolía pero que no parara, al fin empezó a sentirse excitada y me decía que le diera duro y yo como una esclava hacia todo lo que ella me decía, ella gritaba de placer cuando le metía mis dedos por sus vagina mientras se lo metía por detrás.

Después terminamos, nos dormimos profundamente, cuando me desperté estaba tan confusa luego nos fuimos, en el momento me sentía mal por que siempre he sido muy catolica y la iglesia va en contra de eso pero después me di cuenta de que realmente lo había disfrutado.

Días después Luis me llamo para regresar conmigo, yo le dije que si y casualmente Laura tenia que regresar a su país natal a quedarse por que su padre se enfermó. Por supuesto nunca le dije nada a Luis por que lo amo. Y aunque no creo que eso se repitiera por que como dije el amor de mi vida es el fue lo mas excitante que he experimentado.



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 Lesbico: la estacion de servicio
Enviado por webmaster el Viernes, 21 Enero, 2005
Relatos de lesbianas

Macarena detuvo el auto en la estación de servicio para cargar nafta, cansada y aburrida de un largo día de problemas por resolver en la oficina. Encendio un cigarrilo mientras esperaba su turno. Se sorprendio al ver que era una chica quién venía a atenderla....es decir, ya había visto chicas trabajando en estaciones de servicio, pero no en esa que era a la que solía acudir siempre, dado que era la única que estaba abierta mas allá de las 20 hrs, que era su hora habitual de regeso a casa.
- ¿Sí?.
- Lleno por favor.
Distraída la siguió con la mirada mientras la chica puso a cargar
el tanque, luego tomó el pequeño lampazo para limpiar el vidrio
de su auto. Por unos segundos sus miradas se cruzaron y se percató que
tenía unos hermosos ojos verdes. Sintio curiosidad por saber como sería
su cabello, ya que lo llevaba dentro de la gorra gris que formaba parte del uniforme
de la estación. Rapidamente la chica limpio su parabrisas, llenó el
tanque y le diijo el importe. La vio alejarse a buscar el cambio, y notó que
aún con ese pantalón masculino y de feo color gris sucio, la cola
de la muchacha era firme y redondita. Se llamó a sí misma vieja
verde cuando salío de la estación y siguió hasta su apartamento,
deseando llegar para acostarse. Esos días no había parado un minuto,
con la presentación de la campaña para la línea de electrdomésticos
GAFA...era fascinante trabajar en publicidad, pero agotador también .
Durante ese mes siguió viendo a la chica de la estación...solo
que no de forma tan distraída como el primer día. Comenzó a
fijarse en ella, se adivinaba una linda figura debajo de la camisa roja y el
pantalón gris que formaban parte del uniforme de la estación...y
se le formaban dos hoyuelos pícaros cuando sonreía por algo. Debía
tener unos 25 años calculaba Macarena...y una voz muy linda. Llevaba mucho
tiempo sin fijarse en una mujer, tan atareada estaba con el trabajo...que había
relegado el costado amoroso de su vida. Esa nochecita, mientras Rosana, así se
llamaba la muchacha (había oído a unos de sus compañeros
cuando le llamaba), limpiaba su parabrisas se dijo que de verdad le gustaba.
Como si leyera su pensamiento Rosana se quedó unos segundos mas de lo
necesario limpiando su parabrisas...viéndola...Macarena podía jurar
que estaba solo viéndola. Mas se sorprendió cuando Rosana le guiñó un
ojo....casi pegó un respingo. Notó que una sonrisa traviesa aleteaba
en el rostro de Rosana y se dijo que se veía mas linda que nunca. Se puso
nerviosa y tomó un billete de denominación demasiado alta para
pagar la nafta. Rosana le devolvió el cambio en un rollito y se alejó a
atender otro auto.
Macarena guardó el dinero sin fijarse mucho más. Cuando llegó a
casa no pudo con su obsesión de guardar los billetes ordenados y por denominación
en su billetera...y encontró el papel blanco con el número de.................

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 Lesbico: la chica del kiosco
Enviado por webmaster el Viernes, 21 Enero, 2005
Relatos de lesbianas

Los primeros días en el nuevo barrio fueron extraños para Pilar, quién había pasado toda su vida en un apartamento en pleno centro de la ciudad, rodeada de bocinazos, ruidos, música, humo de motores, las conversaciones de las personas que paseaban por allí. Tener ahora esa casita con jardín y un pequeño patio al fondo, en un lugar tan tranquilo, era como un sueño. Al fin que lo que al principio había parecido tan malo, tener que vender el apartamento para pagarle a su hermano la mitad que le correspondía por herencia, había resultado en su beneficio.
Pronto Pilar se habituó a su nuevo entorno, a correr en el parque por las mañanas, a pasar por el kiosco que quedaba como a cinco calles de su casa, pero
que tenía todas las revistas que le gustaban...y especialmente porque
estaba esa dependienta tan bonita, aunque algo parca que atendía el lugar
en las tardecitas. Pilar es lesbiana. Lo descubrió apenas al salir de
la adolescencia, cuando en lugar de mirar a los chicos....sus ojos se perdían
detrás de los traseros de las chicas, o cuando tenía que hacer
esfuerzos para poder apartar la mirada del escote de sus amigas cuando iban a
bailar a alguna disco y se ponían ropa sensual. Desde aquellas épocas
en que no comprendía que le sucedía, hasta ahora que acababa de
cumplir 33 años, había tenido tres parejas, alguna aventurilla,
y había confirmado que lo que le atraían eran las mujeres. Sin
embargo aún no había tenido una pareja fija, una con quién
tuviera ganas de compartir la vida, en parte porque le tenía pánico
al compromiso, en parte porque no se había enamorado realmente hasta ese
momento, así que dejaba solo que las cosas sucedieran
Pero Pilar tuvo que aceptar que le sucedía algo extraño con la
chica del kiosco, cuando comenzó a buscar excusas ante si misma para ir
a comprar cosas allí, a pesar de no ser el negocio mas cercano a su casa.
Y no se explicaba qué le atraía, dado que la muchacha siempre vestía
con camisas amplias, unas polleras bastante largas, usaba unos anteojos con montura
dorada y el largo cabello castaño recogido la mas de las veces en una
cola de caballo. Los ojos de la chica son intensamente verdes, sin embargo al
pasar los días, Pilar descubrió que se ponían en algunas
ocasiones de un verde azulado profundo y en otras cambiaban a tener pintas de
color marrón. Un día, como al descuido, se lo comentó, para
poder oír de ella algo mas que un "Hola....¿qué llevas?".
- Hoy tienes los ojos de diferente color.
Por primera vez vio sonreír a la chica del kiosco....y se dijo a sí misma
que tenía una sonrisa preciosa.
- Es de familia...mi padre también tenía los ojos así, cambian
con el estado del tiempo.
- ¿Cómo es eso?.
- Pues cuando tienen pintas marrones habrá lluvia...si están muy
verdes hará buen tiempo, cuando se aclaran es que hay.................

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 Sexo lesbico: Recuerdos
Enviado por webmaster el Martes, 04 Enero, 2005
Relatos de lesbianas

No me di cuenta hasta que se lo oí a mis hermanas. Nunca había reparado en eso y desde entonces pienso que es lo primero que delata a una mujer y desde niña creo que me ha llamado más la atención que cualquier otra parte de la fisonomía de la mujer. Mis hermanas me abrieron la mente y en ese momento entendí que era mujer, una niña-mujer y mi futuro podría convertirse en un proyecto de curvas. En su cuarto, mis hermanas se intercambiaban sujetadores, con el torso desnudo
sus carnes sonrosadas emulaban el color de los tizianos. Se entretenían
mirándose al espejo y lo que el azogue les devolvía lo robaba con
mi mirada, ellas no eran iguales a mí, ellas tenían senos, los
pechos abultados como entonces pensé, me secuestraron la atención
y recordaré embelesada esa escena hasta que pierda la memoria.
Ahora recuerdo a una niña con la obsesiva intención de querer
crecer, de hacerse adulta y abandonar un cuerpo imperfecto al que le faltaban
pechos y le sobraban lazos. Hasta entonces que nunca había visto tetas,
o no había reparado en ellas, mi atención en ellas era nula y
sin embargo a partir de entonces aparecían por todos los momentos de
mi vida. Mi abstracción a la pantalla era superior a la de mis padres
llamándome para que al ir a la cama no viera los cuerpos desnudos de
los amantes ansiosos de las películas de medianoche. La niña
que en la bañera se miraba al espejo y tiraba ligeramente de sus huecos
pezones para aparentar lo invisible. Recuerdo mi despertar a la pubertad, al
crecimiento del tapiz moreno que invadió mi inocencia como queriéndolo
ocultar de los lascivos pensamientos. Despertar por la noche con una leve sensación
en el pecho y desear que la naturaleza fuera generosa conmigo y poner las manos
encima de mi pecho esperando notar su crecimiento. La paciencia no era virtud
de mi cosecha, si encima mis mejores amigas comenzaban a llevar sujetadores,
mi inquietud retorcía mi corazón para desesperarme. En las ocasiones
en las que podía observar a estas llegué a odiarlas, pues no
entendía como era posible que fueran tan crueles conmigo y enseñando
sus blancos mamelones se dirigían a mí recordando mis formas
o más concretamente mis no-formas. Las miraba discretamente sin desviar
mi atención hacia cualquier otra parte, no me interesaban ni los culos
respingones, ni los ralos pubis, ni las finas y largas piernas adolescentes.
Los senos eran reclamo incandescente de toda mi ignorancia y perder la oportunidad
de ver unos pechos desnudos suponía un fracaso por conocer una nueva
forma, posición, color, textura, desarrollo. Fui descubriéndolos
uno por uno, todos distintos con su cualidad.................

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 Lesbico: La hoguera
Enviado por webmaster el Martes, 04 Enero, 2005
Relatos de lesbianas

No se depilan jamás para que el triángulo
de la diosa marque su vientre como un templo.
de Las sacerdotisas de Astaré

Desde pequeña, el pubis de las mujeres me ha parecido más misterioso y sugestivo que el de los hombres. El sexo oculto en esa musgosa
intimidad parece querer pasar inadvertido ante la indiscreción de miradas
iguales o parecidas a las mías. De niña me fascinaba ver a mis
hermanas mayores a la hora del baño. Intuía que bajo aquellas leves
sombras incipientes, palpitaba una doble y aromática carnosidad como la
que yo aspiraba poseer al llegar a sus edades.
El pubis de los varones, en cambio, carece de gracia y permanece ajeno al
falo, adonde irremediablemente desembocan el ojo y la caricia, sin permitir
el paso de la mirada o de los dedos por otras rizadas geografías. Al
menos ha sido ese mi caso con la mayor parte de los novios y amantes que he
tenido, quienes sucesivamente y con orgullo han esgrimido sus penes ante mis
pupilas sedientas o en el vértice de mi entrepierna, como si todo el
placer y el deseo se concentraran únicamente en la posesión y
en la gratificación de ese dulcemente salado fragmento de sus cuerpos.
En la secundaria admiraba con pudor y de reojo los ralos triangulitos de mis
compañeras del equipo de nado sincronizado al cambiarnos de ropa en
los vestuarios. Más tarde, en la preparatoria y después en la
universidad, seguí admirando con eficaz discreción los montes
de Venus de mis condiscípulas y amigas, obviando la fresca redondez
de sus formas e intentando condensar en mi retina las cavidades que palpitaban
tras el dibujo cuidadosamente recortado de su pelambre. De cierto modo, mi
práctica contemplativa obedecía a que la escasez de mi propio
vello me orilló a depilarlo por completo cada semana, a partir de la
adolescencia, dejando expuestos mis labios al roce de la tela y la intemperie.
Pero el pubis que más me ha fascinado es el de Amarilis, mi amiga con
quien desde hace algunos meses y dos tardes por semana comparto los vestidores
y el sauna al concluir nuestra clase de aeróbic. Es tan espeso y abundante
su vello pelirrojo que cuando está de espaldas en el vapor, éste
sobresale con generosidad de entre sus nalgas; de frente bosqueja un fino sendero
que asciende de la pelvis a su ombligo en el que ha colocado un anillo diminuto,
similar a los que cuelgan de cada uno de sus grandes pezones.
Algunas mujeres la ven con desagrado y recelo; otras, como yo parecen extasiarse
ante las compactas marañas que por igual enriquecen su pelvis y sus
axilas. Ella me ha contado que jamás.................

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