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Esta es la categoria: Relatos Sado Lista de relatos publicados en esta categoria.
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Castrado: La decision de Marwa (Fragmento)
El elastrator
Fue un día excepcionalmente bello, un día de primavera. Marwa estaba muy hermosa y seductora, vestida con ropa de etiqueta y su amante en la puerta, listos para irse a un concierto de música. Por mi parte, casi como siempre, vestido con mis sempiternos pantalones cortos, debía quedarme en casa cuidando a nuestro hijo y haciendo mis trabajos de la universidad. Marwa me informo desde muy temprano que por fin, muy pronto, dejaría de usar el cinturón de castidad.
-Entendiste amor? Entendiste lo que esto significa? me dijo Marwa esa tarde de primavera tan hermosa y radiante. Me quede mirándola sin saber que responder. Que Marwa? ¿Que significa? ¿De verdad mamita ya no usare mas mi cosita? (me refería a mi cinturón de castidad)
-Sebastián, esta semana, quizás hoy mismo, creo que quedare preñada otra vez pero para asegurarme que no sea tuyo, he decidido de paso, por fin, el castigo al que te someteré. Te acuerdas el día que alumbré a nuestro hijo y cuanto sufrí por tu arrebato de querer eyacular y lo peor de todo, dentro de mí marranito? Te acuerdas porquería? Si Marwa, claro que si. Dime tú que quieres que haga amor.
-Serás castrado Sebastián, te castrare esta semana misma. Hoy en la noche viene una especialista de mi grupo de estudio (su secta, practicaba la wicca) para explicarnos las opciones y pueda elegir. Tomare una decisión importante en tu vida esta noche así que no te me desaparezcas por nada del mundo.
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Por fin estaba de vacaciones, lejos de la oficina y el odiado jefe. Me llamo María y trabajo como secretaria en una multinacional. Mi jefe es un tipo gris, siempre vestido correcto, siempre serio, no dedica ni medio minuto al día para mostrarse amable.
Me extrañó que me diera las vacaciones en los días que pedí pero bueno supongo que se estaría volviendo humano.
Decidí ir a la playa, y como quería estar sola y relajada no dije
nada a mis amigas. Ya alojada en el hotel, mi sorpresa fue cuando veo a mi jefe
llegar y pedir habitación. Casi me muero del susto. Se acerco a mi, y
me miró de arriba a abajo de una manera que jamás había
notado en él.
Me puse como un tomate, pero él, al contrario que en la oficina, me
saludó. Eso si se le notaba esa superioridad que demostraba en el trabajo.
Estaba hay que reconocerlo muy guapo con ropa informal, y pese a que tendría
unos 40 años se conservaba muy bien.
Yo seguí con mi rutina de playa y lectura, y ahí estaba tumbada
tomando el sol, cuando se acercó a mi y me dijo que si aceptaba una
invitación para comer. Yo no me lo podía creer el jefe y ligando
conmigo. No sabía que hacer pero me atraía mucho así que
dije que si.
En la comida me dijo que estaba celebrando su divorcio, que su mujer se había
vuelto muy aburrida en la cama, que a él le gustaba cierto tipo de juegos.
Yo le pregunté "¿Qué tipo de juegos?"
El se rió, y me dijo que eran juegos de perversión.
Noté que miraba mi cuerpo de una forma que me hacía poner susy.
El me dijo, mira te habrá extrañado que te diera las vacaciones
justo cuando las pediste. Yo le dije que si.
El me dijo te las di porque quería estar contigo, porque quiero que
juegues conmigo a esos juegos perversos que tanto escandalizaban a mi mujer.
No se porque no me sentí violenta ante la situación, en mis fantasías
mas ocultas también había soñado con probar mas cosas
en el sexo.
Le pregunté que tipo de perversiones quería practicar y el me
contesto diciendo que tendría que someterme a él como esclava.
Me dijo que el se ocuparía de mi entrenamiento y doma, pero que para
ello tenía que aceptar. Yo no sabía que decir, y él me
dijo, no hace falta que me contestes ahora, si quieres te haré una sesión
de prueba y tras ellas decides. Entonces me dijo que.................
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La llamada me dejó intranquilo, "Querido, cuando llegues a casa. prepárate para una sorpresa", me dijo.
Aunque ya estaba bastante acostumbrado a sus "sorpresas", nunca dejaban de inquietarme.
Continué trabajando hasta tarde y cuando deje la oficina ya me había
olvidado del tema. Casi antes de llegar, lo recordé, me detuve en un
puesto de flores y elegí un ramo de rosas muy rojas. Luego en un market
y me lleve un buen Chardonnay y muy contento conmigo mismo, seguí camino
a casa.
Al llegar, abrí sigilosamente la puerta, mire en el living: nadie. Muy
despacio seguí a la cocina: vacía y a oscuras. Puse el Chardonnay
a enfriar. Revise toda la casa y no estaba. Desilusionado volví a la
cocina prendí la luz y entonces vi la nota:
- He salido. Quiero que me esperes en el sótano, desnudo y con los ojos
vendados. A las 10 en punto. – firmado . ¡Yo!
- ¡Pues mira con la Señora! – me dije – bien, veamos
que me tiene preparado.
Me tome mi tiempo, faltaba una hora. Me prepare lentamente, tome una cerveza,
y cuando se acercaban las 22, baje al sótano y cumplí con su
pedido. Me desnude, me puse el pañuelo vendando mis ojos y así en
total oscuridad, me senté en una silla a esperar. Sentí ruido
en la cerradura y sonido de pasos arriba. Los tacos iban y venían
y mi inquietud comenzaba a crecer, se tardaba demasiado. Pasaron largos minutos,
hasta que finalmente los tacos dejaron de escucharse. Pero aun así,
no bajaba. Un roce de manos en mi rostro me sobresalto, ni cuenta me había
dado de su presencia ... claro, estaba descalza.
Willy
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Llegue a casa, poco antes de las 10 de la noche, estaba muy nerviosa, no sabia
si él había llegado, pero ambos nos conocíamos muy bien,
y seguramente estaría esperando en el sótano, nuestro refugio.
Aunque no se por que se me ocurrió decirle que bajara al sótano,
ya que estábamos solos ese fin de semana, debe ser por que hacía
mucho que no bajábamos, lo que me hacia añorar aquel lugar, mudo
testigo de nuestras fantasías hechas realidad, de nuestro amor, y por
sobre todo, nuestro secreto, la afición por el spanking.
Me aligeré de ropas, baje con algo muy sensual, muy seductor, esperando
que le gustara, lo había comprado esa tarde, pensando en su cara al
.................
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Preámbulos
De que mi vecina Angelines sentía placer cuando azotaba a los niños con una zapatilla, ya no había duda.
No estoy muy seguro de que su marido la maltratara, pero no se llevaba bien con él y después de cualquier discusión, buscaba la forma de provocar situaciones en las que los niños hicieran travesuras, para luego poder desahogarse con ellos, procurando estar
ella sola para no ser observada. De esa manera podía desarrollar sus instintos
y desviaciones sexuales, a costa de los más pequeños.
Hubo una temporada, a comienzos del verano, en la que mi madre debía
ausentarse dos veces en semana, para acudir al médico y recibir un tratamiento
especial para sus dolencias. Durante su ausencia, siempre nos dejó bajo
el cuidado de nuestra vecina, lo que ésta aceptaba de muy buen grado.
Mi vecina, según contaba ella, dedicaba su tiempo de ocio a realizar
trabajos manuales de macramé, pero necesitaba estar sola, sin que nadie
la molestara, motivo por el que muchas de aquellas tardes, enviaba a sus tres
hijos a nuestra casa, para que todos durmiéramos la siesta, juntos.
Puede que en un principio fuera así, aunque ya se sabe que si se tienta
al diablo... Como es de suponer, todos estábamos encantados por el hecho
de tener compañeros distintos de juego y a nadie se le escapa la idea
de que tantos niños juntos, solos en una casa, sin que alguien les contenga,
lo único que harán será divertirse ideando nuevas travesuras.
Y eso era lo que sucedía. De ahí mi duda ante los verdaderos
motivos que tenía mi vecina para juntarnos.
El tratamiento de mi madre sólo duró un mes, pero fue uno de
los más extrañamente deliciosos que recuerde. Dos veces por semana,
se me presentaba la oportunidad de ser testigo y receptor de alguna azotaina
con la zapatilla de mi vecina y el solo hecho de pensarlo, me excitaba. Su
técnica era siempre la misma, cuando se marchaba mi madre, ella se quedaba
un rato con nosotros, hasta que nos despojábamos de la ropa y nos metíamos
en la cama, en ropa interior. Una vez hecho esto, desde el umbral de la puerta
de la habitación, la señora Angelines, se quitaba una zapatilla
y con la suela de ésta hacia arriba, la blandía en el aire, haciendo
un gesto rotativo, amenazante, con la mano que la sostenía.
- ¿La veis? Ya sabéis la que os espera si no os dormís
enseguida ¿verdad?
- ¡Síii! -Contestábamos todos al unísono-.
- ¡Bueno! Pues si no queréis.................
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Terminados mis estudios de aquel año, decidí no salir de vacaciones con mis padres y quedarme solo en casa. Tenía diecisiete años y no me apetecía nada pasar todo el verano con el aburrimiento rutinario de la playa, sin mis amigos.
Por esta razón, y para sacarme algún dinero, acepté trabajar durante el mes de agosto, supliendo al conserje de unas viviendas,
que a su vez era el padre de uno de estos amigos míos.
El trabajo en sí no implicaba la menor complicación y resultaba
ser francamente atractivo. Debía encargarme de los jardines, de los
contenedores de basura, y de poco más. De la limpieza de los cinco portales,
se encargaban unas señoras que estaban contratadas aparte. Además,
el sueldo que iba a ganar era francamente importante, pues fueron sesenta mil
pesetas de las de hace veinticinco años.
A las mujeres que vivían allí, la idea les encantó. No
así a sus maridos. Yo era un joven francamente atractivo, a juzgar por
los comentarios que escuché en muchas ocasiones de boca de aquellas
mujeres. Con esa edad, ya medía un metro y ochenta y dos centímetros,
pesaba unos ochenta kilos y practicaba mucho deporte que, sin ser de alta competición,
mantenía mi cuerpo en perfecta forma física; supongo que por
estas razones, se produjeron aquellos enfrentamientos entre matrimonios.
Pero se dio la circunstancia de que una joven andaluza, de la misma edad que
yo, se vino a vivir al piso de su hermano, durante el verano, para cuidar
de su sobrino, que tenía unos cinco o seis años. Enseguida
entablamos amistad y se pasaba las horas conmigo mientras su sobrinito jugaba
en la calle. Aquella circunstancia hizo que comenzáramos a salir juntos,
convirtiéndose en mi primera novia oficial.
Era natural de Huelva y aunque llevaba muchos años en Madrid, todavía
conservaba ese acento tan gracioso. Su rostro se parecía mucho al de
la actriz italiana Sofía Loren, medía como un metro y setenta
centímetros, su piel era morena, casi como las mulatas, con las piernas
largas muy bien contoneadas que finalizaban en unos pies prácticamente
perfectos. Sus pechos eran redonditos, de tamaño medio, levantados y
firmes. Su cabello largo, ondulado y negro como el carbón.
Cuando caminaba, parecía que lo hacía bailando, con una gracia
y un salero especiales, típicos de las mujeres andaluzas, enviando las
nalgas hacia uno y otro lado, según daba cada paso, con un culito empinado
y ligeramente sobresaliente. Los labios eran suavemente carnosos y sus ojos,
marrón oscuro, de una mirada penetrante,.................
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