Al llegar a casa de Ana, fui recibió por una señora.
- Sí?... Tu debes ser Claudio no?
- Sí.
Pasa. Yo soy la tía de Ana. Carmen.
- Mucho gusto.
-Desde que llegue, estas dos mujeres me hablando de vos...
- Espero que bien.
- Esta tranquilo que fue así.
- Hola Claudio. Sentate que ya viene Ana.
Esa tarde conocí a la tía de Ana. Ella como después
me entere hacia un mes que se acababa de separar, y había venido a Buenos
Aires, con su hija con intenciones de pasar las vacaciones de verano en casa
de Irma.
Clara, era el nombre de la hija de Carmen, chica de trece años, inocente
como ahí pocas, quizás por la crianza de provincia en un pueblo
alejado de la ciudad.
Mi vida transcurría en la escuela y en la casa de Ana, en mi casa
eran contadas veces las que estaba, lo que no extrañaba a mis padres,
por que conocieron a la familia de mi novia y les dieron su aprobación,
mientras que mi noviazgo no interfiriera en mis estudios todo esta bien.
Una de las tantas noche que me quedaba a dormir, en la sobremesa que muchas
veces se prolongaba hasta el fin de una película. La hermana de Irma
se viene a despedir y su hija también.
-Bueno hasta mañana. Mañana parto mas temprano que vos, quiero
llegar primera y salir primera de todos lados. Me acompañas Ana?
- No me mires a mí, por no hay ningún problema, así aprovecho
a estudiar.
- Bueno tía pero me despiertas vos, por yo soy una roca.
- Bueno Carmen, otro día viajamos juntas. Mañana ya tienes compañía.
- Hasta mañana, sino quien me despierta.
Se despidieron a las dos con un beso.
Es mi hermana pero que horrible gusto para la ropa interior, el camisón
que le compro a Clarita, la hace parece una vieja.
- Hay mama... voy a buscar mas café.
- Si es verdad no? Claudio.
- Si la verdad le queda horrible, pero es una nena todavía.
- Y ahora que no esta Ana te digo, viste el cuerpito que tiene la nena,
parece que allá se alimentan bien no?.
- Y viene de familia le dije mirándola.
- Hay Gracias.
- Bueno quien quiere mas café vos Claudio?.
- Sí.
En ese momento no le di importancia al comentario, pero me sentí bien
por haberme animado a decirle un piropo tan abiertamente cara a cara.
La mañana siguiente, al despertar ya se habían ido Ana
y su
tía.
Para mi sorpresa fui despertado por Clarita, que llevaba puesto solamente una
bombachita.................
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