Tras las revueltas de hermanos propios y de otras órdenes que pedían la abolición de las rígidas normas conventuales que nos alejaban cada día más de nuestros propios convecinos, que a su vez se revelaban contra la opulencia de las órdenes religiosas Nuestro vetusto y pobre monasterio de San editor , comenzó a sufrir los
síntomas de una inminente rebelión no tanto porque nuestros aparceros
nos reclamasen mejoras, que ya tenían y gozaban a diferencia de otros monasterios,
sino por las noticias que llegaban de otros cenobios aledaños, lo que hizo
que el Abad Pérez del Castillo me llamara a capítulo lo más
urgente posible.
Entré en aquél austero recinto que eran las dependencias del
Padre Abad, con el alma un tanto encogida por lo que pudiera suceder de tan
imprevista reunión, fuera del capítulo general de hermanos.
Estimado Abelardo,- decía el inmenso y Venerable Padre-, llevas años
entre nosotros y he venido observando tus movimientos en estos últimos
meses y veo que estás inquieto, y que como los perros en celo , alzas
la cabeza en pos de rastrear en el fresco aire que en estos días sopla
hipotéticos aromas que en nada te convienen...,- no quiero entrar en
tus recuerdos ni añoranzas, pero veo que estás como halcón
enjaulado, y por ello daré una oportunidad de conocer ese mundo que añoras.
En medio de este discurso con la mesa albacial por medio , con un grueso tapete
que tapaba hasta las patas, vi asomar unos pies adolescentes y desnudos, que
si no me equivoco pertenecían a la joven Beatriz que debía estar
ordeñando con su suave boca mientras el vetusto abad, continuaba con
su angelical rostro incólume con sus reconvenciones y mensajes.
Tengo necesidad por otra parte de librarte, por el cariño fraternal
que te tengo de ciertos males que te acechan en este monasterio por tu juventud
y donaire, y como además necesito tener noticias de los Hermanos del
Norte, de forma fiable, de cara a un posible asentamiento del monasterio, te
enviaré con una misiva personal y en forma disimulada de peregrino te
llegarás al Monasterio de San Pelayo donde entregarás al Abad
German en persona mi carta.
Reflexiona pues sobre dicho encargo, y prepara cuanto te sea necesario para
el largo viaje de casi dos meses que tienes por delante. Como sabes en el monasterio
somos pobres y por tanto tan solo te podremos proveer del pequeño Celedonio
, algunas viandas y unos cuantos cuartos para el camino, procura pues hospedarte
en conventos y monasterios de hermanos y con gente sencilla que.................
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