Baño: Baño de medianoche

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Enviado por webmaster el 10 Nov, 2004 - 04:16 PM

Veraneaba en La Gomera... Por la mañana, a primera hora, recorríamos el duro y difícil
camino hasta el mar, vereda abajo. Nos llevaba alrededor de una hora de lento
esfuerzo por senderos de picón negro, pisando rocas y traicioneras zarzas,
por entre palmeras canarias, hacia las aldeas de los pescadores...
Todos los días bajaba a la cala, donde el mar penetraba en una pequeña
bahía redonda de tal transparencia, que podía sumergirme hasta
el fondo y ver bancos de peces e insólitas plantas acuáticas.

Los pescadores me contaron una extraña historia. Las mujeres gomeras
eran muy inaccesibles, puritanas y religiosas. Cuando se bañaban llevaban
anticuados trajes de largas faldas y medias negras.
La mayor parte de ellas no creía en absoluto en las virtudes del baño
y lo dejaban para las desvergonzadas veraneantes extranjeras. También
los pescadores condenaban los modernos bañadores y la conducta obscena
de los veraneantes de fuera de la Isla. Decían de ellas que eran nudistas,
que esperaban la menor oportunidad para desvestirse por completo y echarse al
sol desnudas como paganas. También miraban con desaprobación los
baños de medianoche introducidos por los europeos que allí veraneaban.

Una noche, hace varios años, la hija de un pescador, de 17 años,
caminaba a la orilla del mar, brincando de roca en roca, con su vestido blanco
ceñido al cuerpo. Paseando así, soñando y contemplando
los efectos de la luna sobre el mar, con el suave chapaleo de las olas a sus
pies, llegó a una recoleta cala donde se dio cuenta de que alguien estaba
bañándose. Sólo podía ver una cabeza que se movía
y, de vez en cuando, un brazo. El bañista se encontraba muy alejado.
La joven oyó entonces una voz alegre que la llamaba:
- Ven y báñate. Es maravilloso. -Estas palabras fueron pronunciadas
en español, con acento extranjero. - - La voz la llamó-: ¡Eh,
Irian! -Era alguien que la conocía. Debía de tratarse de una de
las jóvenes europeas que se bañaban allí durante el día.

- ¿Quién eres? -preguntó Irian.
- Soy Martha. ¡Ven y báñate conmigo!
Era una tentación. Podía despojarse fácilmente de su vestido
blanco, y quedarse en camisa. Miró a su alrededor. No había nadie.
El mar estaba en calma, manchado de luz de luna. Por primera vez, Irian compartió
la afición de las extranjeras por el baño de medianoche. Se quitó
el vestido. Tenía el cabello largo y negro, cara pálida y ojos
rasgados y verdes, más.................
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