Mi hermana se casaba y yo debía llevarla al juzgado, pero la ví desnuda, no me pude contener y la hice mía y me vacíe en ella antes de que lo hiciera su marido.
En cinco horas se casaba mi hermana, 26 años, rubia, ojos azules, un cuerpazo de mujer, no sé porqué lo hacía, salvo por la posición del que sería su marido, 4
3 años, un tío forrado de pasta, no era mala persona, que, indudablemente, quería alguien que a su edad le diera calor en la cama y de vez en cuando le hiciera una mamada, suponía yo, porque no parecía estar en condiciones de mayor ejercicio.
Habíamos quedado en que yo iría a buscarla para trasladarla al juzgado, teníamos tiempo de sobra pero decidí acercarme a su casa por si mi hermana necesitaba algo. Estaba desayunando, servida por la gorda de su sirvienta, con una negligée completamente transparente y subida en unos zapatos altísimos de tacón, era lo que me gustaba de mi hermana, siempre vestida (o desnuda) con elegancia.
Tomé un zumo de naranja, ella acabó y dijo que se daría un baño antes de vestirse, acompáñame, me pidió, la seguí a su habitación y disfruté del espectáculo. Se desnudó para bañarse, ¡dios qué cuerpo!, pensé, llevaba unos días sin follar y a pura paja, y sus tetas, sus caderas y su culo, el sexo entre sus muslos, eran cosa de verse.
Al rato salió del baño envuelta en una toalla, se sentó en el borde de la cama y me pidió: "¡ayúdame a secarme!, ¿quieres?". Por supuesto dije que sí encantado, y comencé a secar su espalda, me estaba excitando, bajé con la toalla hacia sus nalgas, dáte la vuelta, se giró sobre la cama y se puso de espaldas, la seguí secando pero aproveché para llegar al hueco donde su culo se unía con el sexo y pasé el paño suavemente.
Mi hermana parecía no inmutarse, como una cosa totalmente natural y me arriesgué a meter mis dedos en el hueco y acariciar los labios de su vagina, mmm, qué gusto, estaba calentito y húmedo y disfruté con la caricia, abusando del momento. Ella se dió cuenta, no podía ser de otra manera, porque yo seguía acariciando, y me dijo: "¿Qué haces?".
Yo estaba ardiendo, me mareaba, sentía mi verga que se había puesto como la de un buey, no contesté, me arrodillé junto a la cama y metí mi cara por detrás entre sus muslos, buscando su culo y su chocho con mi lengua, ella se envaró. Por un momento pensé que me iba a gritar y a afear mi conducta, pero también se debió sentir excitada y abrió sus muslos un poco más gimiendo del placer de mi lengua.
Me lancé desbocado, chupé y rechupé, hundí mi lengua caliente y húmeda, borracha de saliva ahora en su culo ahora en su vagina, me estaba volviendo ciego de excitación, envalentonado al ver que la calentura de.................
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