En la cabaña: En la cabaña

relatos / Relatos genericos
Enviado por webmaster el 01 Dic, 2004 - 05:26 PM

Era otra noche en que Yajaira y yo compartíamos nuestro talento literario y dejábamos volar nuestra imaginación.


Yajaira y yo éramos amigos ya muy íntimos, con una gran afición a la escritura. Comenzamos con el juego de escribir relatos conjuntamente hasta que un buen día nos confesamos nuestro gusto por la literatura erótica; fue entonces que nuestras creaciones derivaron para el lado del sexo: relatos de orgías y todo lo que el morbo nos dictara.
A partir de entonces, comencé a disfrutar cada vez más escribir con ella, y nuestra amistad se hizo cada vez más íntima.

Yajaira es una chica, a mi parecer, hermosa. Es algo más baja que yo, con una sonrisa encantadora y unos negros cabellos lacios que caen sensualmente por sus hombros. Pero lo que más me gusta de su físico son sus pechos. Cada vez que conversábamos, ya sea por nuestros escritos o por cualquier otro tema, mis ojos caían inevitablemente hacia su escote, no podía dejar de mirar sus grandes y redondas tetas. Imaginaba esos pechos duros en mi boca, imaginaba su sabor...

El resto de su cuerpo también era de locura. Sus piernas asomadas por sus faldas aumentaban mi excitación por ella, y cuando la veía irse, siempre me quedaba mirando su espectacular trasero. Sin embargo, nunca habíamos hecho el amor hasta el momento. Cuando la veía, yo siempre le hacía comentarios como "¡qué linda estás!", "¡qué bien te queda ese vestido!", o "hoy te viniste bien erótica, así podemos estar a tono para escribir"; y siempre trataba de tirarme un lance más atrevido, ya que nuestra relación de morbosos coautores parecía dar cada vez más licencia para soltarme.

Como decía al principio, era otra noche en aquella cabaña que el padre de Yajaira había transferido para la propiedad de ella como regalo de graduación, y nosotros la aprovechábamos para nuestros encuentros literarios.

Era una noche de invierno, por lo que encendimos el hogar, abrimos un buen vino tinto y brindamos por nosotros y nuestros relatos.

Ella estaba hermosa, con una blusa de hilo larga que le llegaba hasta la mitad de los muslos y unos pantalones negros ajustados que dejaban ver las formas de sus piernas.

Nos sentamos sobre la alfombra y dejamos volar nuestra imaginación. Comenzamos a contar la historia de dos parejas que pasan juntas un fin de semana y al final todo resultaba en una orgía entre los cuatro. Entre el fuego del hogar, el vino y la excitabilidad del relato, la temperatura fue aumentando y comenzamos a sentir cierto calor. Yajaira me preguntó si no me molestaba que se quitara el pantalón; yo le respondí que en absoluto (al contrario, me excitó más la idea). Se bajo el pantalón por debajo de su blusa, dejando ver sus muslos y sus pantorrillas; los límites de la visión de su piel eran el borde inferior de su blusa, de donde salían sus muslos, y sus medias blancas que cubrían sus.................
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