Una amiga mía, que por cierto es la mujer más sexy que he conocido, ya que tenía un cuerpo perfecto, con las curvas suficientes para pensar que cuando Dios creó la mujer la tuvo a ella en su mente, y eso permitió que la raza humana se multiplicara forzosamente, como decía antes, esta amiga, con la que tenía amistad desde hacía varios años, y siempre pensé que hacer el amor con ella podría ser algo sublime (aunque nunca me atreví a insinuarle nada).
Un día que nos encontramos tomando un café, me dijo que tenía necesidad de que le ayudaran a pintar la fachada del comercio que tenía y no era posible encargarlo a un equipo de pintores ya que estos lo realizan en horario de atención al publico, con lo que la venta se podría resentir.
Me brinde a ayudarla a pintar en horario anterior a la apertura habitual del comercio, y acordamos realizarlo a las 7 de la mañana del miércoles siguiente, para lo cual prepare el material oportuno (rodillo, brochas, pintura etc.).
Llegado el miércoles me presenté en su casa para recogerla a las 7 como habíamos quedado, y cuando abrió la puerta allí estaba yo con una bolsa en la que llevaba ropa adecuada para cambiarme y dirigirnos hacia su comercio. Mi sorpresa fue que ella aún no estaba vestida para salir, deduje que se había dormido, aunque su aspecto era excelente, era una mujer preciosa y como he dicho antes muy sensual, me hizo pasar, y la acompañé al interior de su casa, un poco inquieto porque veía que se nos iba a pasar el tiempo previsto para pintar y probablemente no terminaríamos antes de las 9 de la mañana, como estaba previsto. Le sugerí que podría ir cambiándome de ropa en el salón mientras ella terminaba de vestirse en su dormitorio, para ganar tiempo.
- Es mejor que te cambies en mi dormitorio, y así podrás colgar tus ropas en el armario - me dijo.
Un poco cohibido contesté:
- De acuerdo.
Comencé a quitarme la ropa que llevaba puesta, y observe por el rabillo del ojo que ella se quitaba el albornoz y dejo ver su magnifico cuerpo desnudo, con lo cual, lo que yo me imaginaba que escondía debajo de sus ropas, era una maravillosa realidad, pero enseguida aparté mi mirada, y me fui a una esquina de su habitación a desvestirme, situándome de espaldas para mantener la discreción. Detrás de mí oía el ruido ropa y cuando estaba ya solo con slip, para comenzar a ponerme la ropa de trabajo, oí su voz diciéndome:
- Date la vuelta un momento.
Me giré y mi sorpresa fue mayúscula al ver que estaba dentro de su cama, tapada hasta la barbilla, con una sonrisa pícara y ojos brillantes, que invitaban...
- Ven aquí conmigo que quiero sentirte a mi lado - a.................
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