Fiesta: en la playa

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Enviado por webmaster el 03 Dic, 2004 - 04:48 PM

Me llamo Mario, tengo 28 años y normalmente veraneo quince días al año en la misma playa. El verano pasado tuve una despedida muy especial El último día de vacaciones me llamó la hermana de un amigo del trabajo, Jorge. Nunca la había visto personalmente. Tan sólo habíamos hablado alguna vez por teléfono cuando ella recogía mis recados para su hermano. La última noche de vacaciones telefoneó para invitarme a que me acercase a una fiesta en casa de una amiga. Decidí aceptar porque estaba cerca, no necesitaba el coche.

Llegué a la fiesta a eso de la media noche y la juerga ya estaba montada. Después supe que aquello ya había empezado dos horas antes. Sara me había dicho que ella me reconocería, pues me había visto en fotos de Jorge. Así que, tras servirme una copa, esperé. La fiesta estaba muy concurrida, casi no se podía andar por la casa. La música estaba alta y algunos ya habían decidido bajar a la playa, se estaba un poco más frescos.

- Hola Mario

- ¿Sara? - Contesté mientras dibujaba con la mirada su espectacular cuerpo. Una escueta camiseta dibujaba sus pezones bajo su color blanco. Era evidente que no se había puesto sujetador. Un pareo semitransparente cubría torpemente su braga naranja. Dudé si sería un bikini, pero no me importó. Conformé mi excitación con las desnudas piernas terminadas en sandalias de suela plana.

- Me alegro de que hayas venido - sonrió Sara enloqueciéndome con su tez morena y sus labios carnosos.

Charlamos durante varias horas. Ella me contó cosas de su hermano y anécdotas divertidas. Aunque la escuchaba con atención no podía dejar de desearla. Supongo que se percató, o que el sentimiento era mutuo, pues poco a poco hablábamos desde más cerca y sus pechos me rozaba cada vez con más claridad. Así hasta que un beso terminó con la conversación.

-Vamos fuera - propuse.

Ella asintió con la cabeza y tomándome de la mano me llevó a la parte de atrás de la casa. Acabamos besándonos arrimados a la pared de la casa, en un rincón con escasa luz. Poco a poco deslicé suavemente mi mano desde su cintura. Bajo mis dedos se describían aquellas piernas firmes de nalgas redondeadas. Alcancé por fin la meta buscada, las bragas de llamativo color que tanto había mirado con disimulo en la fiesta. Tiré suavemente de ellas hasta que, pasado el inicio de los muslos, cayeron por su propio peso. Para entonces, nuestras lenguas batallaban indómitas y lujuriosas en su boca. No quise quitarle el Pareo. Lo dejé puesto a sabiendas. Sin saber por qué, eso me daba morbo.

Descendí por el cuello hasta la clavícula, mi lengua acariciaba la piel ardiente de Sara. Para entonces la respiración de ambos era acelerada y el corazón golpeaba galopante en el pecho. Levanté su camiseta y pude deleitarme con la visión de los voluminosos.................
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