Hetero: Un descanso fenomenal

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Enviado por webmaster el 03 Dic, 2004 - 04:49 PM

No podía luchar más. Tenia 18 años, estaba cansada de mi corta vida, de las presiones que pasaba en casa, de mi pasión por bailar. Y es que si algo se me daba bien, lo único en mi vida, era bailar. Había estado en algún grupo de baile, tenia algunos premios de varios concursos, peor no me llenaba. Acababa de pasar también por el peor momento de mi vida. Me enamore de un chico, y durante un año sufrí mil lagrimas en silencio, sin respuesta por su parte. Finalmente cuando por fin dimos un paso mas, tuvo que marcharse a vivir a otra ciudad lejana. Era realmente triste que el destino me la jugara de aquella manera. Entonces eran otros tiempos, no todos teníamos Internet, las cartas eran demasiado frías, y por aquel entonces el móvil era solo un invento a punto de introducirse en nuestras vidas. Hablo del año 1996.

Resumiendo, cuando llegue a mis 18 años, mi mayoría de edad, quise romper con todo. Me despedí una triste tarde gris de otoño de todos mis amigos. Dejaba tras de mi amistades verdaderamente maravillosas y un pasado que no volvería jamás. Uno de mis amigos, alguien que también fue especial para mí particularmente, me pidió que no lo hiciera. Yo por aquel entonces no tenia mas ganas de amoríos y tampoco quise indagar en el porque de su pena, así que solo sonreí y me marche. En el aeropuerto mi familia me decía adiós con la mano, mientras embarcaba rumbo a Londres a que el baile sacara lo mejor de mí.

Llegue al apartamento que habíamos alquilado. Económicamente a mis padres no les iba mal y me dieron algo de dinero para que empezara. De no ser por ello, casi creía imposible conseguir salir del pozo negro de mi vida. Rápidamente entre en un grupo de baile recomendada por mi profesora de Madrid. Nos dedicábamos a hacer coreografías sobre canciones del momento. Entre mi grupo, eran 4 chicas y 6 chicos. Solo mencionare a Carlos, que era italiano pero hablaba perfectamente el español. Enseguida congenie con él, y tras esos ojos verdes y la dulzura de sus labios, se escondía algo que no tarde en descubrir. Solíamos ensayar todos los días de 3 de la tarde a 11 de la noche. Por las mañanas empecé a trabajar en un gimnasio dando algunas clases de aeróbic. Y así pasaban mis días, colmada de tranquilidad, lejos de mi mundo anterior.

Una noche que llovía bastante, Carlos quería llevarme a casa. La verdad es que llevaba unos días observándole, cada día me atraía más y más, además hacia mucho tiempo que no tenia una buena sesión de sexo. Así que acepte que me llevara a casa.

Subimos corriendo prácticamente empapados por la lluvia. Le pedí que se acomodara mientras yo me daba una ducha. Entre risas me insinuó que el también necesitaba una ducha. No le hice caso y me metí en.................
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