Hetero: La Mamada Inolvidable

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Enviado por webmaster el 09 Dic, 2004 - 03:09 PM

Con mi novia llevába más o menos un año de relación y, desde el primer mes, habíamos tenido relaciones sexuales. Estas eran bastante satisfactorias y en cada encuentro, mínimo lográbamos tener tres orgasmos, y en ocasiones, muchos más, especialmente cuando pasábamos toda la noche juntos.
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Con mi novia llevábamos más o menos un año de relación y, desde el primer mes, habíamos tenido relaciones sexuales. Estas eran bastante satisfactorias y en cada encuentro, mínimo lográbamos tener tres orgasmos, y en ocasiones, muchos más, especialmente cuando pasábamos toda la noche juntos.
Todos los orgasmos eran placenteros, muy intensos. Curiosamente ella los lograba muy rápido por lo que antes de que yo me derramara lograba tener dos o tres.
Nuestro sexo es muy creativo y nos gusta mucho variar las posiciones. Probamos conmigo encima, con ella arriba, de lado, desde atrás, penetración anal, en la ducha, de pie, en una silla, sobre una mesa, etc. Es una locura alcanzar dos orgasmos, uno tras otro, sin siquiera sacar el pene o descansar un minuto. Otra cosa que me encanta es que ella es muy expresiva y cuando estamos haciendo el amor suele gemir, suspirar y gritar excitándome mucho más.
Sin embargo, algo que yo deseaba mucho era que ella me hiciera una gran mamada que me permitiera derramarme en su boca y ver como tragaba el semen. Algunas veces, cuando eyaculaba sobre sus tetas, ella lamía un poco y decía que tenía buen sabor, pero nunca se había animado a mamarla.
Un día en mi casa decidí comentárselo. A ella se le iluminaron los ojos y me dijo que, aunque lo había pensado, no podía decirme porque no lo había hecho aún. Yo le dije que la próxima vez que lo hiciéramos podía ser una buena oportunidad para que lo intentáramos y ella comenzó a besarme y a acariciarme. Sus besos eran muy sugerentes y su lengua empujaba con fuerza contra mi paladar y mi lengua. Sus labios succionaban con fuerza y su saliva humedecía más y más mi boca.
Con una mano acariciaba mis tetillas mientras que con la otra llevó mi mano hasta sus tetas y me hizo acariciarla por fuera del corpiño, situación que no duró mucho pues, muy excitado, empecé a meter mis dedos y a pellizcarle sus pezones que estaban ya muy duros. Con la otra mano, mientras tanto, le acariciaba las nalgas y la vulva por encima del pantalón.
Pronto ella bajó la cremallera de mi pantalón y empezó a menear mi pene, que ya estaba duro y humedecido. Deseaba que nos desnudáramos e hiciéramos el amor. Pero ella no opinaba lo mismo, al momento me quitó el cinturón, lo bajó un poco y comenzó a lamerme el pene y a humedecerlo con su saliva.
Primero lo hizo en la parte de abajo, junto al escroto. Con mucha suavidad lo recorría de abajo hacia arriba, deteniéndose placenteramente en el surco que separa el tronco del pene.................
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