Hetero: Viaje fructífero

relatos / Relatos genericos
Enviado por webmaster el 13 Ene, 2005 - 07:33 AM

Debo confesar que sin ser un empedernido usuario de las páginas de relatos eróticos o sexuales, representan para mi una ventana interesante a la diversión y a la exploración de las diferentes formas que tiene la gente para sacar sus fantasías a la luz y en otras ocasiones, como esta, de contar situaciones, donde el deseo, la lujuria y el sexo están como actor principal en sus vidas. ¡Que viva el buen sexo!


Voy a empezar intentando describir de la mejor manera los dos personajes principales
de esta historia. Somos de Colombia. Los llamaremos Ricardo (yo) y Estela (Ella).
Empecemos por describirla; Estela es una mujer de tez morena acanelada, con un
brillo intenso en sus ojos y con unos labios que invitan al juego sexual, con
carnes firmes y torneadas, de unos 1.65 metros de estatura, de pelo negro azabache
lo mismo que sus ojos, con unas tetas no muy grandes, pero turgentes y altivas,
con un culo paradito y redondo, sostenido por unas piernas firmes y tersas. De
mi parte, mido aproximadamente 1.70 de estatura, 29 años, de tez morena
y cuerpo digamos semiatlético, para no osar de sobrado, debo decir, que
no pocas me miran con ojos de lujuria y que tengo una mirada que llaman "inquietante" que
se convierte a la hora de la conquista en una muy buena arma. Ambos somos casados.

Ahora sí, al punto. Por razones económicas me encuentro trabajando
en una ciudad distinta a la que vive mi familia nuclear (esposa e hijos), razón
por la cual cuando el trabajo me lo permite me desplazo a visitarlos. Fue en
uno de esos viajes cuando conocí a Estela. Llegué un poco atrasado
a la terminal de transporte de donde debía tomar el bus que me llevaría
a visitar a mi familia; esta circunstancia hizo que, como no tenía reservas
de pasajes, aceptara irme en el único puesto que había; el último
de la parte trasera del bus, por lo que debí atravesar totalmente el
bus al subirme a buscar mi puesto asignado. En la mitad del recorrido hasta
mi silla, estaba esa morena hermosa sentada y a su lado una señora avanzada
en edad. Debo decir que desde que puse mi primer píe en el bus sentí que
alguien me estaba mirando y cuando llegué hasta la mitad del mismo supe
que era ella; ya toda mi sensualidad y sexualidad estaba encendida de tal forma
que cuando nuestras miradas se cruzaron sentí la sensación de
querer estar a su lado besándola, acariciándola y luego supe
que ella sintió algo parecido.

Pero no había caso, el sitio a su lado estaba ocupado y era por su mamá,
supuse en ese momento. Transcurrió un viaje de seis horas en el cual
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