Después de ocho años volvía y me esperaba mi hermana, feliz y muy cariñosa. Nos abrazamos y besamos, yo estaba sorprendido por lo guapa que se veía, siempre había sido una mujer muy hermosa y siempre la deseé, pero nunca pensé que esa noche iba a disfrutar tanto del amor y del sexo con ella.
Después de ocho años en Estados Unidos volvía a España, en Barajas me esperaba mi hermana, ilusionada y alegre por volver a vernos, y muy cariñosa. Nos abrazamos y besamos, qué bien estás, qué moreno, tú también estás muy bien, estás preciosa, se la veía muy contenta y yo también lo estaba, y muy sorprendido por lo guapa que estaba mi hermana, siempre había sido una mujer muy hermosa pero nunca como ahora mismo.
Esperamos el equipaje, ella me tomaba por la cintura y no paraba de mostrarse cariñosa y feliz, y de besarme en las mejillas, tanto que pensé que los otros pasajeros creerían que eramos novios o marido y mujer. Agarramos las maletas y un carro y salimos, después de pasar aduanas y nos dirigimos a su coche, era ya noche cerrada, cargamos y salimos hacia Madrid.
Mi hermana conducía con soltura y seguridad, no había mucho tráfico y paraba de hablarme, y yo no podía evitar admirarla. Se había quitado la chaqueta y vestía un jersey ligero con cuello de pico que dejaba entrever el nacimiento de sus senos, erguidos y sujerentes y con los pezones marcándose claramente bajo la lana, sus muslos se veían firmes y hermosos sobre el asiento, con su falda por encima de las rodillas cuando movía sus pies para accionar los pedales: ¡Joder, qué buena está!", pensé.
Subimos a casa y en el ascensor no dejó de abrazarme y besarme, y de repetirme lo contenta que estaba. Entramos a su casa y me ofreció algo de beber, estarás cansado, siéntate, pónte cómodo, me señaló el sofá, puso la televisión ...¡se arrodillo para quitarme los zapatos! y no lo pude evitar, por más que le pedí que no lo hiciera, que podía hacerlo yo mismo.
Trajo un plato con jamón y queso, y unos pasteles, unas cervezas y una botella de champán, hay que celebrar tu llegada, me decía, y comimos, bebimos, charlamos y reímos contentos y animados. María Luisa se sentó a mi lado, a mi izquierda, qué bien estábamos, me sentía relajado junto a ella, pasé un brazo por su espalda, me besó en la mejilla y apoyó su cabeza en mi hombro, mientras pasaba su brazo izquierdo sobre mi vientre.
Estábamos tranquilos, felices, de cuando en cuando hacíamos un comentario sobre la película que veíamos, nos preguntábamos cosas sin mayor importancia, descansadamente y en paz y de forma instintiva empecé a acariciar su barbilla y su cara con mi mano izquierda. La miré, te quiero mucho, yo también te quiero, estoy muy contenta de que hayas llegado, acerqué mi boca a la suya y la besé suavemente en los labios, casi.................
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