Noche: NOCHE DE TRABAJO

relatos / Relatos de Infidelidades
Enviado por webmaster el 25 Nov, 2004 - 04:20 PM

Ella cogió un pecho entre sus manos y lo apuntó directamente hacia mis labios que se abrieron sobre él y dejaron paso a mi lengua que se entretuvo en mojarlos mientras los succionaba. Sus pezones eran oscuros y abultados y coronaban perfectamente unos senos que confirmé grandes pero no enormes. Lo que ahora me propongo contaros sucedió no hace muchos años en Madrid y significó un gran cambio en mi vida. Entonces ya estaba casado y jamás había pensado en ser infiel a mi mujer, no por falta de ganas desde luego ya que por mi profesión trataba con muchas mujeres y la mayoría muy deseables. Pero yo me limitaba siempre a mirarlas y admirarlas sin mayores pretensiones. No quería líos y mucho menos en el trabajo a pesar de que mi matrimonio era demasiado convencional y los intentos que había hecho para sacarlo de la monotonía habían sido siempre un fracaso. En el territorio sexual el veredicto resultaba exactamente el mismo: aburrimiento.

Así andaban las cosas hasta que conocí a Marta.

La primera vez que la vi ella estaba de espaldas y vestía una blusa blanca, una minifalda verde muy estrecha, medias negras y zapatos de tacón. Bueno una mujer más para mirar, así de espaldas no aparentaba mucho más. Pero se volvió de repente y en ese mismo instante me cazó: Sus ojos verdes eran impresionantes, su pelo negro y algo rizado enmarcaban un rostro muy bello con unos labios carnosos que inmediatamente deseé y el perfil de su figura estaba redondeado por unos pechos ajustados en la blusa y un trasero prominente que tenía imán para mi mirada. Lo que digo, no se por qué pero me atrapó en ese mismo instante y sin dudarlo me acerqué para conocerla y empezar a seducirla de inmediato.

La presentación no dio para todo lo que yo deseaba en aquel momento pero después del saludo y los besos de rigor y tras la interrupción de otra compañera, la vi alejarse con un espectacular contoneo de caderas hasta una mesa en el departamento vecino que quedaba dentro de mi campo de visión. ¡Y que visión! Inmediatamente comprobé, aunque sólo por un instante, que sus medias eran medias y no pantys y desde allí me lanzó una primera sonrisa que me supo a gloria pura y a la que contesté con un guiño y la sonrisa más pícara que pude encontrar en mi repertorio. Pero aquel día no acabó del todo bien casi a última hora me anunciaron un nuevo trabajo a realizar de forma urgente como siempre y del que hablaríamos más despacio al día siguiente. De todas formas tendría un nuevo aliciente para acudir a la oficina y no laboral precisamente.

A la mañana siguiente me explicaron el nuevo trabajo y lo convirtieron en terriblemente atractivo para mi al fin de la explicación cuando me propusieron que incluyera en el equipo a “esa chiquita” nueva que acababan de contratar. Cuando volví a mi mesa la.................
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