se lo metí primero a Betina, lentamente sintiendo como entraba, luego de bombear un rato, se lo metí a Palola, que fue donde me entretuve mas tiempo, sintiendo como gozaba
Siempre quise comentar con alguien lo que nos sucedió en casa con mi esposa (la que llamaré Betina, es una trigueña alta delgada de bonita figura, no exuberante, pero tiene un buen atractivo), pero no me atrevía, por razones obvias, hasta que un día me metí a Internet y leí los relatos que ahí se reproducían, entonces eso me animó a publicar nuestra maravillosa experiencia.
Resulta que teníamos una criada, que iba a nuestra casa tres veces por semana, ya que ambos trabajamos saliendo muy temprano en las mañanas y llegando todos los días muy tarde, casi de noche, los días sábados se hacia acompañar por su hija, de entonces 16 años, para así terminar temprano los quehaceres de la casa y retirarse a mediodía. Paola, así se llama la hija, no es ningún monumento de mujer, como siempre presentan en los relatos.
Es una morenita de estatura normal, con unos senos exquisitos, propios de la edad, de cara simpaticona más bien picaresca y siempre anda con la sonrisa a flor de labios, con un trato muy suave, lo que la hace ser más amorosa y tierna.
Fue así que un día sábado de verano me termino de duchar y salgo desnudo a la pieza, como es mi costumbre, y ahí estaba Paola, haciendo el aseo del dormitorio. En la ducha estaba con algunos pensamientos eróticos relacionados con una película que había visto por televisión en la noche, por lo que salí con mi pico, como le decimos en Chile, entre que quería estar erecto y no, tiene un tamaño de 19 centímetros, por lo que ofrecía una buena vista. Paola me saludó y quedó con la vista clavada en mi entrepierna, yo me corté y no tenía con que taparme, por lo que di medía vuelta y regresé al baño en busca de una toalla que resultó ser chica de esas de mano, para cubrirme e inmediatamente volví al dormitorio con un morbo espectacular.
Atiné a decir, hola Paola, como estás, disculpá la aparición. No se preocupe Don. Raúl, debería haber avisado que estaba aquí. Mientras nos decíamos esto, mi erección iba en aumento y se marcaba exageradamente en la toalla pequeña.
Paola me miraba y se le dibujo nuevamente esa sonrisa pícara en su cara. Por favor alcánzame esos short que están en el vestidor, dije, sujetándome la toalla. Ella los tomó y me los pasó casi sin despegar la vista de mi bulto, que a pesar de mi morbo trataba de minimizarlo. Medio de lado y aun mostrando algún recato me desprendí de la toalla y.................
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