Profesora: Aprendiendo de la profesora

relatos / Relatos de la primera vez
Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 05:17 PM

Ella nos estaba mirando fijamente Julian y yo estábamos de pie, en frente de ella restregándonos las cuquitas tal y como nos lo había ordenado. Esa tarde ya no quedaba casi nadie en el cole y nuestra profesora de gimnasia nos había vuelto a castigar por segunda vez esta semana. La diferencia era que ahora no nos había pegado la típica cachetada. Se la veía disfrutar al vernos realizar aquellos movimientos. De hecho, nosotros también estábamos empezando a disfrutar. Al principio me había dolido un poquito. Pero luego empecé a cogerle soltura y manoseaba sobre todo mi pequeña cabezita. Algo dentro de mi empezó a querer salir y cuando me di cuenta manché el suelo con un líquido blanquecino y espeso. Estaba confuso y me sentía avergonzado. Julian, que tenía los ojos cerrados, no tardó y derramó eso contra la pared del vestuario. La señorita Mona nos miró sonriendo y dijo que nos limpiaramos.

Nos dio dos toallitas y luego nos fuimos.

De regreso a nuestras casa Julian y yo comentamos lo sucedido intercambiando impresiones pero a nuestros 12 años no teníamos ni idea de lo que había ocurrido. Y sin embargo, había sido el mejor castigo de nuestras vidas. Eso si, jamás podríamos hablar de esto con nadie porque sentíamos que habíamos hecho algo muy malo.

Durante las siguiente semanas la seño nos castigó múltiples veces y siempre teníamos que ir con ella al vestuario para tocarnos la colita y luego limpiar lo que mancháramos. Aquello era horrible, porque a veces no queríamos terminar así pero ella nos avisaba de que si no manchábamos con nuestra leche el suelo o la pared nos suspendería la asignatura.

Recuerdo que a veces ella nos pedía que lo hicieramos con los ojos cerrados y en esos instantes la oía suspirar profundamente como si le faltara aire.

La seño Mona era muy guapa. Tendría unos veintiocho años. Morena de piel, con ojos verdes y pelo oscuro. Llevaba una melena corta y su figura era la típica de una persona que hace deporte todos los días. Por lo menos eso es lo que decía mi Papa desde que una vez la vimos por la calle. A mi me dio mucho corte porque pensé que le iba a contar algo sobre nuestros castigos, pero lo único que hizo fue acariciarme la cabeza y decir cosas estupendas de mi. Desde entonces pensé que no era tan mala como creía y que lo hacía por nuestro bien.

Llegaron las navidades y el papá de Julian le regaló una cámara de esas superpequeñas y llenas de botones para hacer un millón de cosas. Ese año fue estupendo porque aprovechando que yo vivía en un ático y que la cámara tiene un montón de zoom podíamos grabar a todo el mundo mientras jugábamos a que éramos espías secretos. Fue entonces cuando se me ocurrió llevar la cámara a la clase de deporte y grabar uno de los castigos de la profesora Mona.<br.................
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