A grandes males...

relatos / Relatos de intercambios
Enviado por webmaster el 23 Sep, 2004 - 04:15 PM

Desde luego mi mujer no es muy adicta al sexo. Cumple con su débito matrimonial normalmente, se corre o lo imita, y pare ustéd de contar. Algunas veces llega tan pronto al orgasmo que se descubre con toda claridad, ya que una mujer que sea tán rápida es una calentona que está dispuesta a otro, y otro... y ella en cambio a los poco movimientos se queda quieta dejándome in albis.

Y yo creo que la culpa es mía. Pese a que de novios nos echamos bastantes polvos, todos fueron como vulgarmente se dice a salto de mata, desparramando la vista a todos lados por si alguien llegaba y nos interrumpía, ya que lo hacíamos en los sitios más inverosímiles e insospechados, verbi gratia: detras de unas rocas en días de excursión; en una oficina vacía por las tardes, pero en peligro de que llegara alguien; en algún callejón oscuro y solitario..., incluso dentro del mar, cosa harto difícil, separados de la playa pero casi a la vista de los bañistas. En fín, que aprovechábamos cualquier ocasión, pero en realidad gozábamos poco y solo apagábamos algunas veces las calenturas. Principalmente yo, pues ella casi siempre quedaba frustrada.
Cuando nos casamos yo fui muy inexperto y me dediqué a hacer las cosas por la vía normal, sin mucha imaginación: así que cuando intenté darle por detrás sin haber dilatado previamente el orificio, se quejó y abandoné; cuando quise que me la chupara y dejé que se tragara mi sémen, surgieron los inconvenientes al decir que le daba asco. Yo no realizaba mucho el calentamiento previo, y así salían las cosas. Es una extraordinaria mujer a carta cabal, que me quiere profundamente y es incapaz de la más mínima infidelidad, pero que ha caído casi en la frigidez por mi inexperiencia y ahora yo no puedo despertar su libido..

Un día tomando unas copas hablé del tema con mi amigo Manu, en esos momentos que exponemos nuestra vida sin tapujos ante el compañero. Y Manu me comprendió. Manu es un médico psiquiatra y un buen amigo, cosa que nadie lo hubiera creído cuando me dijo que para que mi mujer despertara, si es que todavía tenía algún remedio, debería él tirársela antes. Y me contó un plan maquiavélico que a duras penas y tras varios días de pesar los pros y los contras, acepté como último recurso. A grandes males, grandes remedios.

Aquella noche estábamos en la cama leyendo. Mi mujer advirtió que la bombilla de la lámpara de su mesilla de noche estaba fundida, por lo que se arrimó a mí para aprovechar la luz de la mia. Yo la toqué un poco... ¿Qué te pasa? ¿Quieres jaleo? ¡Apaga la luz!, pues mi mujer hace el amor a oscuras. Apagué la luz, le hice un par de caricias y me levanté al baño, donde le dí el relevo a Manu, desnudo, tras haber usado mi pasta dentífrica y perfumarse con mi colonia habitual. Le.................
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