Interracial: Susurrando entre tus morenos muslos

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Enviado por webmaster el 11 Ene, 2005 - 06:30 AM

Susurrando entre tus muslos morenos, paso mis dedos sintiendo la dorada sensación de tocar lo más suave que dio una madre a su hija. Delicadas son tus piernas En ellas puedo pasar horas y horas, sabiendo que no llegaré a fin alguno, columnas que suben al cielo desde el paraíso donde posas tus pies. Tiernos y pequeños son esos pies que recorro con mi húmeda lengua sintiendo la magia del sudor salado... Los alzo y los apoyo contra
la pared para poder dedicarme a tus piernas sin distracciones. No dejo de recorrer
cada porción de tus piernas. Llegando a la parte suave de todas, a la
que no se ve desde fuera. Con mi cabeza entre tus piernas me acerco a tu floreada
pasión, que es tu protegido pozo con el que refrescaré mi sed,
saciándome con sus flujos interiores, segregados por mi proximidad.
Apenas me alejo de tu maravillosa joya oscura, como una noche sin su luna.
Observo tu famoso abdomen, tan moreno como tu rostro, brillante por el aceite
de coco, que delicadamente tus manitas esparcieron por todo tu cuerpo. Tus
senos parecen adquirir más dimensiones que mis encantados sentidos advierten.
Los sujeto, con ambas manos, tanteando su volumen y densidad. Grande es la
sensación que recorre mis manos al contacto de tus turgentes pechos.
Rodeo con mi lengua tu estómago camino hacia la espalda, acaricio todas
tus vértebras, dando forma a tu espalda, dirigiéndome hacia el
cuello. Sujeto tus brazos y me dedico en exclusiva a tus hombros, tu cuello
y tu nuca. Jamás, algo fue tan sabroso de ser besado, que la distancia
de que hay de hombro a hombro. Mi lengua sigue su camino, con independencia
de mi voluntad, dirigiéndose a tus tetas. Ya conocemos su peso, ahora
veremos su sabor. No dices ni palabra, pareces sumida en un sueño del
que no deseas salir. Eres una selva virgen que esta siendo explorada para mejor
conocimiento de su encanto natural.
¡Ohh! esto ya es otra canción, si lo anterior había sido
una tórrida serenata llena del encanto que tienen los atardeceres sedientos
de la refrescante noche, ésta es intensa como el calor del desierto.
Música sin letra endulza mis oídos. Sujetándolos dulcemente
para mantenerlos en el aire, voy tanteando sus alrededores, poniendo especial
cuidado en la separación que hay entre estas dos nubes blancas que me
vuelven loco de pasión. Su sabor es una variante del anterior, aquí la
magia de tu sexo se entiende de otra forma. La sensualidad adquiere mayor sofisticación
y más tentador me resulta tu cuerpo. Mis labios se acercan a tus pezones,
que pellizco delicadamente con mis dedos. Éstos, van adquiriendo firmeza
a la presión aplicada. Duros, como rocas, se.................
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