Mjer: A una encantadora mujer

relatos / Relatos de lesbianas
Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 05:27 PM

Todo ocurrió como un torrente.

Cuando con 25 años decidí escribir mis experiencias y rememorar la época en que con dieciséis años me inicié en el sexo, publiqué "El placer de comenzar" en el "Rincón de Fidonet" (http://www.marqueze.net). Ello originó un cúmulo de e-mails que me dejó verdaderamente abrumada. Eran de todos los gustos y colores, y para todos los colores y gustos fueron mis respuestas, cosa que me llevó bastante tiempo. Así contenté a unos, informé a otros, y emprendí incluso una mayor dedicación epistolar con algunos. Todos fueron hombres, o al menos así me lo pareció, pues al ir aliviando la carpeta de "mensajes recibidos" encontré uno firmado por Marianaque yo, en principio, había confundido con Manuel. Su nota era muy sencilla, decía que al leer mi relato se había sentido impelida a escribirme y que quería saber cosas de mí. Le contesté expresándole mi alegría por recibir la carta de una mujer y le señalé que de ella dependía el curso de nuestra amistad. Y pasaron los días, casi diez, que se hicieron interminables.
Y al fin contestó. Era una delicia. Desde el primer momento nos compenetramos totalmente y nos comunicamos de forma sencilla, sin falsos pudores ni oscuros recovecos. Como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Nos enviamos fotos, Ella, la llamaré Mariana, tenía diecisiete años, a punto de los dieciocho, casi un año más que cuando yo comencé a gozar, y tenía toda la osada imaginación de sus años, y una extraordinaria virtud: quería aprender, ser discípula y enterarse de todo. Se situaba en una dulce pasividad que la hacía más atrayente y que me sumió en una turbadora dedicación hacia aquella chiquilla encantadora. Yo, que soy una mujer bisexual, pues considero que es el estado femenino más perfecto, me cubrí con el manto de las sacerdotisas de Lesbos y solo estaba pendiente de la llegada de sus noticias o atareada contestando a sus preguntas, que siempre finalizaban con una especie de "ménage a deux" epistolar, cosa bastante magra si solo actúa la imaginación.
Entonces, a no más de quince días del inicio de nuestra correspondencia, se produjo lo que nunca pude pensar por más optimistas que fueran mis lucubraciones. Dicen que hay un duende, elfo, hada, trasgo... o lo que sea que ayuda a los enamorados, ¡y esta vez trabajó a destajo! Por arte de birlibirloque, o del duende, fui elegida para asistir a un Congreso de Enfermería a celebrar en la ciudad del país hispanoamericano donde residía Mariana. Eran seis días, y tenía solo tres para hacer las maletas. Por supuesto no le dije nada a ella.
Llegué por la mañana. La habitación del hotel era espléndida, con solo el inconveniente de que tendría que compartirla con una cubana, pero al ser la secretaria del congreso y otras varias tareas, solo se presentaría a dormir. Bueno, ahora lo interesante era llamar a Mariana. Días antes le había pedido su teléfono, ante la hipótesis de que en alguna.................
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