Lesbico: Andrea (II)

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Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 05:29 PM

Andrea me presentó a sus amigos del pueblo, a cuya casa iba todos los fines de semana y los cuales se alegraron de que hubiera encontrado una amiga que la acompañara en sus correrías. Por ello no les extrañó que pasáramos muchas horas juntas, incluso que alguna noche pernoctara en mi casa
En la ciudad también todo eran facilidades. La familia de Andrea vivía a dos calles de mi apartamento, y el Instituto donde ésta finalizaba unas asignaturas para luego ir a la Universidad, estaba frente por frente a mi casa. Todo iba sobre ruedas. Le di una llave para que entrara cuando lo deseara, estuviera yo o no, y que dispusiera de cuanto en ella había. Yo solía dejarle una nota sobre la mesilla del salón diciéndole cuando volvería, mi horario de trabajo y lo que pudiera interesarle para tenerme localizada en una incidencia. Ella me correspondía con la misma moneda.

En fin, que éramos felices y con una gran libertad para nuestras cosas. Andrea estaba totalmente entregada a mí. Lo que yo le ordenara lo hacía contra viento y marea, con gusto aunque no estuviera muy de acuerdo. Solo pedía cariño, mucho cariño; que la apretara contra mí y la besara locamente. Yo no abusaba de esta sumisión y daba a Andrea la libre elección de sus preferencias.

Nuestras sesiones de sexo eran prolongadas. Andrea siempre estaba a punto para entregarse, y cuando observaba que yo me demoraba en cogerla se me arrimaba haciendo arrumacos y ronroneando como una gata. Eran encuentros maravillosos en los que me brindaba lo más encantador de su inexperiencia y su nueva faceta de discípula que quiere aprender pronto. Pasaba de la total entrega sumisa a ser la mujer que tocaba y experimentaba para dar nuevos placeres. Me pedía que la enseñara, que la enseñara todo, fuera como fuera.

Un día, cuando yo visitaba con mis besos su sexo estremecido y tocaba con la punta de la lengua el clítoris erguido, me hizo dar la vuelta y poner sobre su boca mi vulva humedecida. Fue un 69 en el que Andrea se despachó a gusto remedando mis acciones anteriores. Y lo hizo con arte sumiéndome en un orgasmo estremecedor.

A los poco días algo turbó nuestros habituales encuentros. Algo que no había previsto, pese a que debí tenerlo en cuenta.

Estábamos las dos desnudas sobre la cama. Descansábamos de un día agotador para ambas. Exámenes para Andrea, y trabajo duro para mí en la Clínica. Comentábamos las incidencias, cuando sonó el timbre de la puerta. Nos miramos sorprendidas. Volvió a sonar, y me levanté poniéndome una bata. Fui a abrir, quedando Andrea en el lecho. Era Luisa la que llamaba. ¿Se acuerdan ustedes de Luisa? Luisa fue mi compañera de habitación en la Escuela de Enfermería, con la que tuve mi primera experiencia lésbica total y cuyas incidencias relaté en "Todo empezó sobre ruedas".

Luisa solía visitarme de cuando en cuando. Hablábamos, salíamos juntas de.................
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