Lesb. Un marido engañado por su mujer prepara una venganza para la infiel: ya que rechaza las relaciones homosexuales tiene que dejarse follar por dos mujeres.
Antes que nada, quiero decir que esta historia tiene unos prolegómenos muy largos, pero creo que merecen la pena.
Empecé a sospechar de mi mujer en los primeros meses en que nos casamos.
Demasiadas ausencias, demasiadas cuestiones que no encajaban. Tengo cuarenta años, dos años más que cuando me casé. Comprendo que dedico mucho tiempo a mi trabajo, pero esa era mi vida de soltero, eso es lo que requiere mi trabajo, y es el tipo de vida que ella tanto admiraba cuando me conoció.
Como soy un perro viejo, contraté a un detective privado para que vigilara a aquella chica de veinticuatro años con la que me había casado. Tengo que decir que estaba locamente enamorado de ella.
Moira es rubia, alta y esbelta. Podría haberse dedicado a la moda o a actriz, pues no le falta belleza. Sus ojos son marrones claros y almendrados y sus labios cortos y sensuales. Su nariz es respingona y sus cejas delgadas y arqueadas. Su cara es redonda. En fin, es una "barbie".
Tiene las caderas anchas y la cintura estrecha, un culito bien puesto y respingón. Sus piernas son largas y torneadas. Tiene un ombligo perfecto, unos senos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, con unos pezones rosados y bien definidos, con la punta bien abultada. Su espalda es ancha y sus brazos como sus piernas, se acaban en unas manos largas y finas, con unos dedos larguísimos.
Mi nombre es Enrique. Desde hace unos años estoy un poco calvo, moreno de pelo y de piel clara. Soy un tipo no muy alto y un poco bajito que he conseguido estar donde estoy un poco como los editors: arriesgando mucho y no guardándome nada. Esto es otro asunto.
Cuando el detective me mostró aquellas fotos comprometedoras, aquellas direcciones de hoteles, aquellas listas de teléfonos y distintos nombres de amigos me di cuenta de que en realidad Moira era una desconocida.
Por lo demás, me lo tomé con mayor sangre fría de lo que pensaba. Cuando la vi, al llegar a casa y le dije que quería hablar con ella, me notó sólo al verme que la había descubierto. ¿Se me verían tanto los cuernos?.
Moira me negó categóricamente que hubiera sido infiel, así que comencé por darle los nombres de sus amantes. Luego le enseñé la lista de las llamadas realizadas y recibidas, a lo que Moira siguió negándose a todo. Así que al final tuve que decirle los sitios donde se habían visto, las horas, los días... Y finalmente las fotos. Sólo cuando vio las fotos Moira se puso a llorar aMoiramente, jurándome que me amaba, que lo ocurrido era injusto pero que pasaba demasiado tiempo sola, demasiadas noches en las que yo llegaba cansado...
No podía odiar.................
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