Vesta: Vesta

relatos / Relatos de lesbianas
Enviado por webmaster el 08 Nov, 2004 - 02:40 PM

Corrió la sábana de seda suavemente y se levantó, completamente desnuda de ropas y sabores exóticos... al apoyar el pie derecho un leve dolor en la pantorrilla hizo que frunciera su apetecible boca aún dormida y laxa.
Eso la hizo sonreír con encanto. Fue a sentarse en la silla frente al gran ventanal de la habitación, daba a la incansable ciudad de Buenos Aires.
Sin saber que eran las 4 de la mañana prendió un cigarrillo limpiando una mancha imaginaria en la impecable mesa de fórmica gris oscuro... salió de las estructuras... jamás fumaba un cigarrillo a la madrugada, porque fumar sin tener algo en el estómago le caía mal... Salió de las estructuras... tampoco esa pequeña mesa redonda había estado ocupada con absolutamente nada por más de media hora... Largó el humo con suavidad a las sombras... y hacía más de 4 horas estaba ocupada por ropas desordenadas y pueriles, medias blancas con tiernas flores adornando, ropa interior blanquecina de suave sabor a virgen...
"Vesta" murmuraron sus labios por milésima vez, pero ya no a oídos candentes, sí al espacio entre la ventana llena de luces y sus labios..

"Vestales, jóvenes doncellas vírgenes, elegidas para el cuidado y la protección del Fuego Sagrado, hasta tal vez el fin de sus días..."

Recordé cuando en la clase de historia mencioné aquel tema que tanto me apasiona. Y todo comenzó...
Me recibí de profesora de historia a los 25 años, hacía un año que ejercía, y esta era mi segunda escuela, en un papel mucho más importante, yo no era suplente, ahora quería pelear por ser titular. Pero siempre me apasionó la mitología, y exacerbaba a mis alumnos de entre 16 y 18 años con relatos fantásticos de pasiones desgarradas y tormentos de amor... el que más me atraía era el de la diosa Vesta y su perdurable inocencia, como llamaba a la abnegación de las pasiones, y la contención de los sentimientos más íntimos.
Cuando la vi de repente, en el momento en que la narración afloraba de mis labios como manjares predilectos, sus ojos fueron a los míos con extraña insistencia; yo pude ver como sus pálidas mejillas se colorearon sutilmente....
Me desvié de sus ojos grises a instante, ojos fríos que de repente habían enviado un calor inquietante.
Soy una mujer que básicamente sigo estructuras y cálculos, nada se me dio fácil y así me acostumbré. No demasiado sexual ni mucho menos acreedora de las prohibidas artes lésbicas, dos novios con contadas experiencias sexuales y luego mi carrera, con ella si me iba a dormir entre sábanas de seda oscuras....
Bueno, es que aún nada sabía...
Era una niña, una jovencita de 16 o 17 años a la cual no había visto nunca.
__Cambio de colegio repentino__ dijo la directora cuando se lo comenté a la mañana siguiente, hace exactamente dos semanas atrás__ El.................
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