Mujer: Fantasías de Mujer

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Enviado por webmaster el 08 Nov, 2004 - 02:44 PM

Luisa se sentó en la mesa del bar, un poco nerviosa Había demorado bastante en decidir qué estilo de ropa debía ponerse para esa ocasión, ya que éste no era un encuentro cualquiera. Por fin, eligió una blusa roja que dejaba ver sus hombros y resaltaba su elegante y largo cuello, y la combinó con una pollera negra, corta y ajustada, que había comprado para lucir sólo en la cómoda intimidad de su dormitorio, con su fantasioso marido. Unos zapatos rojos de tacones altos, maquillaje y perfume, resaltaban la sensualidad de esta mujer que por fin se había decidido a cumplir sus fantasías más ocultas.

De tanto en tanto, miraba disimuladamente la puerta principal de aquel bar, mientras revolvía monótonamente y por enésima vez su taza de café. A pesar de sus 36 años le había costado tanto decidirse, había postergado tanto esta cita ( ni ella entendía por qué secreta razón) que no podía concebir la idea de que su amiga le fallara, después de haber invertido tantas horas y días y meses en el chat.
Su amiga, Luzmar, era una adolescente ingenua como su nombre, pero audaz y quizás un poco inconsciente, tal vez por sus cortos 18 años y por su falta de experiencia en el amor y el sexo; y estaba decidida a probar de todo y a disfrutar de cuanto la vida le presente en frente. Transitaba sus días sin prejuicios ni tabúes, pero no se daba cuenta de que ciertos juegos, a esa edad, podrían llegar a tornarse peligrosos...

Cuando Luisa vio a la adolescente atravesar la puerta como un huracán y dirigirse directamente hacia ella, el corazón parecía salírsele del pecho; tal vez de alegría, o tal vez de excitación....Por primera vez vio el cuerpo atlético de esa pendeja atrevida con la que se había ratoneado tantas veces..... y le gustó lo que vio.

Luzmar había llegado apurada porque se había retrasado por su clase de gimnasia, y todavía llevaba puesta su ropa deportiva: su diminuto short de lycra color verde parecía adherirse gustoso a ese pubis y a esas nalgas fibrosas y redondeadas. La remera blanca, húmeda todavía por la transpiración, dejaba traslucir un corpiño de encaje también verde sobre unos pechos deliciosamente contorneados. Todavía llevaba su mochila al hombro, tal vez por venir directamente del gimnasio.

—Hola, Luisa.¿Cómo estás?—Le dio un beso en la mejilla y se dejó caer en la silla, mientras acomodaba su mochila en el espaldar con una mano y, con la otra, tomaba un sorbo de la soda que Luisa había dejado sin probar. Luego, respiró profundamente para calmar su agitación, esperó unos segundos, y mirando a Luisa a los ojos, le dijo: -Eres una mujer muy interesante, quisiera que me enseñes lo que sabes.....y ya tengo el lugar adecuado para eso.

Luisa no lo podía creer. Se sentía exitada y desconcertada al mismo tiempo. Tal vez la fantasías con su marido habían llegado demasiado lejos, y la inhibía.................
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