SEXO: EN SU JUSTA MEDIDA
relatos / Relatos de lesbianas
Enviado por webmaster el 25 Nov, 2004 - 04:34 PM
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Mi madre tenía la cabeza de Laisa entre su manos y la presionaba sobre su sexo con tal calentura que se corrieron abrazadas. Apenas se cerró la puerta tras ellas, mi hermana y yo, nos fundimos ya sin ningún cuidado en un abrazo frenético besándonos como locas y dejando que la calentura acumulada hiciera presa de nuestros cuerpos Martina
es una mujer físicamente atractiva. Sin embargo ella parece ignorar esa cualidad y habla de cualquier otro tema como si quisiera voluntariamente ignorar ese tipo de atributos. Es como si se avergonzara de ser hermosa. A mi me habría gustado tener su figura , sus movimientos graciosos y su rostro bonito, pues no soy agraciada en exceso aunque dentro de mi cuerpo un torrente de pasión se mantiene inalterable. Ha de ser por esos caracteres opuesto que somos dos hermanas muy unidas como si cada una tratara de encontrar en la otra su perfecto complemento y aunque yo soy quien contara lo que esta sucediendo la verdad es que hablo en nombre de las dos
Era evidente que nuestro tío Samuel pretendía a nuestra madre cuya viudez exuberante pedía a gritos la satisfacción de podría darle un hombre como mi tío y aunque mi hermana y yo veíamos con buenos ojos aquella posible relación la verdad era que nada nos podía demostrar que aquello se hubiese consumado. Habíamos examinado el cuarto de mamá con todo detalle sin dejar rincón por explorar sin que nada nos dijera que en ese cuarto podría haberse desarrollado intensas sesiones de sexo y en el cuarto de mi tío por su lado ni siquiera una fotografía ni una carta ni nada que delatara una relación entre ellos más allá de lo puramente formal. En tono de broma habíamos tratado de obtener de parte de Laisa, la empleada de la casa, alguna información confidencial, pero ella nos afirmó con vehemencia que a su juicio, nuestras ideas eran una pura locura pues ella nunca había observado nada al respecto. Lo que más nos intrigaba era que en realidad mi madre, una mujer de gloriosos 40 años lucía en todo momento como una mujer satisfecha y feliz como si ni su mente ni su cuerpo tuviesen carencia alguna en el plano sentimental ni erótico.
En eso estábamos cuando mi hermana me contó con mucha parsimonia como correspondía a su carácter, que habiendo despertado a media noche había escuchado ruidos sospechosos en la planta alta de la casa y que juraba que había visto a mi madre subir las escaleras que conducían hasta la espaciosa mansarda en que se guardaban esos muebles antiguos y todo lo que estaba ya desechado. Mi imaginación comenzó a girar en forma acelerada y mil imágenes imposibles y candentes poblaron mi mente, porque de inmediato todo pareció calzar a la perfección y estaba segura y convencí a mi hermana que habíamos descubierto el lugar secreto en que mi madre y su amante se entregaban a las delicias.................
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