Estoy empezando a descubrir que uno de los mayores tesoros que uno pueda encontrar en el terreno del erotismo es una mujer reprimida. Estoy descubriendo que ella es una fuente inagotable de sensaciones y una verdadera veta de pasión y éxtasis si uno sabe manejar adecuadamente la situación. Yo al menos pondré todo mi empeño en ello.
Debo decir queCuando yo era pequeño, algunas veces me había masturbado mirándola a escondidas mientras ella se desvestía antes de acostarse, pero esa fueron evoluciones naturales de mi infancia y en ese tiempo ella era una muchacha. Pero lo de ahora era brutalmente distinto, ella era una hembra madura y hermosa que estaba allí en cualquier punto del agua cerca de m, agitando sus muslos, estirando sus brazos dejando que el agua, esa misma agua en la yo estaba quizás a centímetros de ella, rodeara sus muslos, tocara suavemente sus pezones, y se introdujera sin dificultades en todos su orificios seguramente brutalmente lubricados.
Yo me deslizaba entonces unas cuantas brazadas en cualquier dirección, sintiendo un grueso y robusto timón allí en el centro de mis piernas, apuntando hacia el fondo.
Y de pronto no escuchaba su braceo y sabía que se había sumergido y en ese mismo momento podría pasar con sus pechos justo sobre mi miembro tenso, o yo, al sumergirme, podría tocar con el justamente en medio de su nalgas suaves y ese pensamiento me paralizaba y volvía yo a emerger quizás para serenarme.
Fue en ese momento cuando la vi sumergida, impulsándose únicamente con el movimiento de sus piernas, viniendo directamente hacia mi.
Me quedé paralizado, el encuentro era inevitable yo estaba apenas unos cincuenta centímetros bajo ella y aún con la poca luz existente vi su cuerpo acercándose. Era una visión fabulosa. Avanzaba lentamente, como un pez erótico de belleza inaudita, con su cabellera extendida en el agua y sus manos bajo sus tetas que en ese momento me parecieron luminosas, las levantaba suavemente, como afreciendomelas y creí que podría alcanzarlas con mi boca, pero se deslizo a centímetros de mi de modo que pude ver la curva de su vientre y luego sus vellos pubicos contrastando la blancura de su piel y luego la cinta de sus piernas alejándose.
Se alejó hacia el borde de la piscina ascendiendo lentamente por la escalera para luego quedarse allí imponentemente de pié.
Ahora ya no podía yo tener su figura contorneada por los efectos ópticos del agua sino que la tenía allí en medio de la noche.
Salí del agua con mi erección brutal tratando de situarme detrás de ella porque no quería manifestar la evidencia de mi estado. Ella estaba frente a la piscina , su cuerpo bañado ahora por una luz difusa y yo allí a un paso, tratando de sujetar apenas mi mástil con una mano que no hacia sino comprobar la tensión de esa musculatura palpitante.
Aída estrujaba su cabello con sus manos y.................
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