Me puse colorada, pero al coger su hoja vi que me había preparado un gran pedido. Pensé, ¿no quieres vender? pues entonces déjate llevar, y eso justo es lo que había hecho Bueno…. creo que debería comenzar explicando lo que es “AVON”, pero solo para los hombres claro, porque no creo que haya una mujer en el mundo que desconozca sus maravillosos productos (y no es propaganda, que conste). Según pregonan ellos mismos en su publicidad AVON es la mayor compañía de venta directa en el mundo de productos para la mujer, y yo en mis ratos libres tengo el privilegio de ser una más entre sus miles de vendedoras.
Cada año, al finalizar la temporada, AVON premia a sus mejores vendedoras con regalos y viajes. Yo siempre había conseguido estar entre las primeras, pero estos últimos meses estaba dedicando demasiado tiempo a los relatos. Estábamos llegando al final de la temporada y yo distaba mucho de llegar a la meta que me había propuesto.
La experiencia me decía que la forma de conseguir unos buenos pedidos era organizar una serie de reuniones en las que se explican los beneficios de los productos. Las clientas se animan unas a otras y así se multiplican las ventas.
Hablé con mi amiga Blanca, ella es esteticista y tiene una gran clientela que se cuida mucho. Le hablé de una crema reductora para masajes corporales y otra para los pechos que ahora estaban de promoción, y me interesaba mucho venderlas porque daban puntos dobles para conseguir los premios.
Blanca no tuvo inconveniente, estuvo de acuerdo en que era una muy buena idea, pero que la suya era mejor. En vez de hacer una explicación de lo que eran los productos… ¿porque no hacer una demostración en vivo? De esa forma nos promocionábamos las dos. Yo los productos, y ella los masajes.
Estuve totalmente de acuerdo, y llegó el día indicado. Mi amiga lo había preparado todo, en la habitación donde tenía la camilla había puesto una mesita pequeña con refrescos y algunas pastas, y alrededor de la camilla quince sillas para sus convidadas.
Comenzaron a llegar, y tal como tomaban asiento yo les entregaba un catálogo, un bolígrafo, y una hoja donde previamente había impreso los productos que les íbamos a demostrar, para que les fuese mas fácil preparar sus pedidos.
Las quince mujeres eran totalmente diferentes, desde una jovencita, llena de granos, que me comentó que estaba probando una de nuestras gamas, hasta una abuela de unos 65 años, que explicaba a todas las maravillas de nuestras cremas, gracias a las cuales estaba guapísima y casi sin arrugas.
Coloqué el muestrario sobre la mesa camilla, y durante media hora les estuve explicando las excelencias de nuestros productos, y la necesidad de usarlos a cualquier edad, porque la mujer ha de cuidarse que hay mucha competencia, pues los hombres al llegar a cierta edad se vuelven tontos y necesitan tener a su lado una.................
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