Lesbico: De nuevo en el taller

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Enviado por webmaster el 03 Dic, 2004 - 04:27 PM

Hola a todas/os, como lo prometido es deuda, hoy les voy a contar lo que pasó en la bañera del taller de mis mecánicos. Resulta que un buen día, me llama uno de mis mecánicos y me invitan a conocer una amiga de ellos. Como yo les había comentado sobre mi preferencia por las de mí mismo sexo, habían planeado este encuentro. Curiosa por ver que sucedía, me bañé y me vestí con jeans, una blusa rosa ajustadita y sin sostén, y calzando unas maravillosas sandalias de taco alto. (Como ya les conté, soy una fanática de los pies y los zapatos, y estas sandalias son unas de mis preferidas. Confieso que me pasé unos cuantos minutos haciendo poses frente al espejo, viendo mis pies desde distintos ángulos).

Bien sigamos. Subí a mi auto y me dirigí al taller. Allí cuando entré, estaban mis mecánicos esperando por mí. Me saludaron como siempre y me hicieron pasar. Cuando entré en las oficinas no vi ninguna mujer esperando. Medio entre ofuscada y ofendida, les reproché el engaño.

- Nuestra amiga está en el baño, no hemos mentido - respondió el más bajito.

- Déjenos hacer y no se arrepentirá - dijo él más alto.

Ya con la experiencia anterior, decidí confiar en ellos, después de todo aún hoy me excita el recuerdo de aquel día. Como la vez anterior, lo primero que hicieron, fue ponerme la bincha en los ojos. Ya saben lo que se siente cuando nos hacen eso. Y comenzaron a desvestirme. Me quitaron mis queridas sandalias, el pantalón, la bombachita y la blusa. Obviamente, la bincha era mi única vestimenta.

A continuación me tomaron de las manos y me llevaron al baño, ese con la gran bañera que les conté la vez anterior. Supe que era el baño porque mis pies pasaron de la suave caricia de la alfombra de la oficina, al frío piso cerámico del baño. Una vez en el baño, juntaron mis manos al frente y me pusieron unas esposas. Me llevaron hasta la bañera y me ayudaron a entrar en ella y grande fue mi sorpresa cuando con mi pie rocé la piel de alguien que ya estaba en el piso.

- ¿Quién está ahí? - pregunté.

- Ya las vamos a presentar como corresponde, ahora la ayudaremos a sentarse - dijeron.

Al sentarme, sentí el frío de la bañera que estaba vacía, en mi sentadero. Por suerte el día estaba caluroso. También sentía el roce de mi brazo izquierdo con el de otra persona, que obviamente debía ser la amiga de ellos y que estaba también estaba sentada junto a mí.

- Candela, ella es Cristina. Cristina, ella es Candela - dijo uno de ellos.

Ellos guiaron nuestras cabezas para que nos besáramos. Fue un estremecedor roce entre nuestros labios.

- Hola, hola - fueron nuestros mutuos saludos.

Sentí.................
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