Esta noche dormí muy poco, perseguido por las imágenes de nuestra travesía por el bosque.
Las situaciones se me estaban haciendo cada vez más confusas y en mi cerebro hacían filigranas, deseos, perjuicios curiosidades y anhelos. Tenia una clara contradicción en medio de mi mente. Por un lado quería creer que todo lo sucedido tenía perfecta explicación natural y quizás era yo, con mi pensamiento afiebrado, le estaba encontrando significados torcidos. Por otro lado era evidente que las dos situaciones vividas me habían producido excitaciones reales, definitivas, y en una oportunidad un orgasmo memorable.
Lo que no cuadraba para nada en mis análisis, era la actitud de Aída, quien no se había referido en ningún momento a lo sucedido, aunque la verdad era que yo tampoco había hecho alusión a nada.
Pero la figura perturbadora de esta mujer desconcertante me perseguía a cada instante sin poder conciliar el sueño. En el cuarto del lado ella parecía dormir plácidamente.
Durante la mañana siguiente deambulé por el campo y mis meditaciones me llevaron a concluir que, de alguna manera, yo debiera tomar una iniciativa primaria y de algún modo llevar el tema a una conversación sutil de la cual podría sacar alguna información orientadora. Decidí hacerlo en la hora de sobremesa y cuando la servidumbre se retirara..
Durante ese almuerzo creo que bebí un poco mas de la cuenta, seguramente para animarme porque la verdad era que la mujer de alguna manera me infundía respeto, no en vano mi mente estaba poblada de recuerdos infantiles en que ella, a pesar de ser siempre muy cariñosa conmigo, había ejercido en forma continua una autoridad suave, pero efectiva.
Ella estuvo, durante el almuerzo particularmente amena, puedo decir que su temperamento, mas bien adusto, había dado paso a una forma de simpatía que no le conocía y que le sentaba maravillosamente.
Fue aprovechando ese ambiente, que poniéndome de pie, para pasar a la sala contigua con un vaso en la mano, le pregunte si no había pensado en algún momento en contraer matrimonio.
Su risa estridente, pero un tanto forzada, me dio a entender de inmediato que el tema no le era cómodo. Eso para mí fue en regalo, porque le dije enseguida que ella era una mujer muy interesante, que estaba en la plenitud física e intelectualmente, y que tenía un físico sumamente atractivo que no podía ocultarse.
Ella volvió a reír, pero ahora su risa era mas sincera, reflejaba cierta satisfacción ante el halago. En ese momento me sentí alentado a entrar en el terreno que estaba esperando.
Le dije que ella tenía una figura perturbadora, que un hombre no podía permanecer impasible ante sus formas femeninas, que ella seguramente sabía muy bien eso porque habría podido percibir ese impacto en su contacto con alguno de sus pretendientes.
Ella tomó algo de su vaso y luego me dijo, muy calmada, pero segura, que ella no había tenido contacto con.................
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