AIDA: Aida IV : Preámbulo

relatos / Relatos de amor filial
Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 04:18 PM

No volvimos a hablar del tema. Parecía como si mutuamente estuviésemos de acuerdo en que se había establecido entre nosotros una comunicación que era mucho mejor que las palabras.


Así las cosas, fuimos ese día a la ciudad cercana, a realizar algunas compras.que Aída había postergado luego de mi llegada a su casa. Ella estaba radiante y lucía francamente hermosa. Toda esa tensión que yo le había observado a mi llegada, parecía haber desaparecido y me tomaba del brazo igual como lo hacía cuando yo estaba en el colegio y regresaba a casa para las vacaciones

Estuvimos todo el día en la ciudad y solo al anochecer regresamos a la casa de campo. Aída le había dado el día libre a la servidumbre, cosa de la que me alegre porque ahora me encantaba estar sola con ella y además que por fin me había decidido a tomar la iniciativa en mis relaciones con esta mujer que había cambiado definitivamente mi esquema.

Así las cosas después de la cena le propuse que nos tomáramos unos tragos en la terraza junto a la piscina, a lo que ella accedió gustosa y nos instalamos uno junto al otro en la gran mecedora blanca.

En silencio nos fuimos acercando cariñosamente. al tiempo que le acariciaba los muslos. El contacto con la piel de sus piernas me resultó muy placentero porque ella las separó dé modo que pude sin problemas avanzar hasta su sexo levemente cubierto por sus pequeños calzones. Por fin tenía en mis manos esa mata de pelos que había visto bajo el agua y luego en el bosque. La acariciaba con ternura y ella en ningún momento se resistía dé modo que hábilmente separé los cuadros y entre en contacto directo con su sexo.

Fue un momento supremo. Ella se acomodaba en la mecedora para facilitarme las caricias y en un momento que yo trate de avanzar, de pronto cerro las piernas y me dijo al oído.-

Tengo miedo.-

Me detuve un momento y casi en forma instintiva me puse de pie tomándola de las manos Era de mi misma altura. Caminamos hasta el borde de la piscina y entonces la abracé acariciándole las mejillas.La besé en los labios. Ella me respondió con suavidad al comienzo y luego de un momento estabamos besándonos llenos de ardor y nuestras lenguas se buscaban como tratando de saciar una sed de años.

Nuestros besos iban acompañados por mis caricias sobre sus pechos que me tenían loco y que como de costumbre ella mantenía sin sostén. Ahora se dejaba acariciar sin problemas y estábamos tan apegados el uno al otro que ella podía percibir claramente mi erección.

Fuimos caminando lentamente, como en un baile, sin soltarnos, hasta el interior de la casa dirigiéndonos hasta su cuarto donde la extendí suavemente sobre la cama.

Aída ya había comprendido todo y supe que estaba deseando lo mismo que yo cuando vi que.................
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