Esperaba que la situación no durara mucho, el aire se estaba enrareciendo, y me maldecía por no haber apagado la calefacción antes de hacer nada, ya que se suponía que es a lo que íbamos en un principio. Hice ademán con la mano de no poder respirar, ellas con un gesto, me dieron la razón. Me levanté con cuidado, quería mirar que hacían ahí fuera, y de paso, intentar respirar un poco a través de las delgadas láminas de la puerta.
Indudablemente eso iba a durar un buen rato, el tío que había fuera estaba sobre la madre, que empezaba a quitarse la blusa. Una suave música de Bach, acompañaba la penumbra. Un susurro llegó a mi oído, era Denise que me hablaba.
-¿Que hacen? - dijo, muy intrigada. Despegando mi cara de la puerta por si me podían ver - cosa que dudaba tal y como se lo estaban pasando -, y me di la vuelta hacia ellas, susurrándoles tan bajo como me era posible. -Adivinan lo que hacen - dije con una sonrisa malévola en los labios. Denise estremeció sus ojos, con un brillo fugaz en ellos. No quise desviar la mirada más abajo de su cuello, pero no pude evitar mirar sus pechos, que tenían los pezones completamente erectos. Desvié la mirada hacia Isabella. Ella no parecía estar demasiado contenta, aunque tenía una sonrisa extraña en la boca. Estaba pensativa y no me prestó atención, no sabia si miraba siquiera a través de la puerta. Pronto, unos murmullos ahogados de placer vinieron del otro lado de la puerta, no había duda, estaban haciendo el amor. Mientras, nosotros nos asábamos como pollos al otro lado de la puerta, encerrados quien sabe durante cuanto tiempo en aquel armario. Me quise sentar de nuevo, y ellas me hicieron sitio.
Esta vez, Denise se sentó sobre Isabella, que había ocupado mi sitio. Yo me senté en el pequeño hueco que me habían dejado, empujándolas con la cadera para que me hicieran sitio. Junté los dedos de las manos, apoyé los codos sobre las rodillas y agaché la cabeza, estábamos metidos en un buen lío, no quería salir de ahí corriendo medio desnudo, y a saber donde estaba Hugo ahora. Me giré de nuevo para hablar con ellas, y vi como estaban susurrándose cosas al oído, con idénticas sonrisas pícaras en cada una de sus preciosas bocas. - ¿Que pasa, que me he perdido? - Susurré, alargando el cuello, juntando mi cabeza con las suyas, para evitar ser oído. - Nada, tú tranquilo - dijo Isabella. - ¿Donde esta Hugo? - pregunté intrigado. - Está en el balcón - dijo ella, despreocupada. - ¿Quee? - dije. - Chssssst!, me dijeron ambas al unísono, poniendo sus dedos en mi boca, a modo de silencio. Empezaban a ponerme algo nervioso sus miradas de complicidad, así que me giré de nuevo, mirando a través de la puerta. Temiendo lo que ellas pudieran hacer detrás mía, con.................
Este relato es solo visible para usuarios registrados
Si deseas poder acceder a todos nuestros relatos eroticos, y al 100% del contenido de la pagina, pulsa
Aqui para registrarte o loguearte
|