Aventura: AVENTURA EN UN PUEBLO DE LA MONTAÑA
relatos / Relatos de orgias
Enviado por webmaster el 28 Oct, 2004 - 03:46 PM
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Esta experiencia me ocurrió en un pueblecito, este tipo de experiencias aunque parezcan difíciles de ocurrir os aseguro que a veces pasan por miedo o por dejarte llevar en situaciones determinadas supongo que algunas de las personas que lean este relato entenderán lo que les intento explicar y se sentirán familiarizadas con el mismo.
Hacia finales de agosto mi novio, yo y una pareja de buenos amigos decidimos pasar un fin de semana en un pueblo de la sierra. Mi novio se llama Corcho y la otra pareja era Catia mi mejor amiga y Johan su novio. Los cuatro cogimos el coche y pusimos rumbo hacia aquel pueblo que ni siquiera estaba en las guías de carretera. La verdad es que Catia y yo íbamos ese día un tanto provocativas, yo llevaba unos pantalones cortos y top que recogía mis dos redondas tetas que aunque no son muy grandes si están bien puestas, mientras tanto Catia llevaba un pantaloncito corto y un bikini con forma de estrella que realzaba su abundante busto. Por el camino pusimos a cien a nuestros novios porque al beber agua no podíamos evitar que se nos callera un poco por el canallillo para refrescarnos un poco del calor sofocante. Tanto Catia y su novio, como yo y el mío, somos una parejas que aunque algunas veces habíamos comentado lo de intercambiar parejas con otros, nunca lo habíamos hecho y la verdad es que ese momento se quedaba muy lejos aunque comentándolo nos excitáramos.
Tanto Catia como yo, tenemos dos buenos cuerpos según todos nuestros amigos, aunque nos gusta coquetear con los hombres, como supongo yo que a todas las mujeres, la verdad es que nos mantenemos fieles a nuestras parejas y nunca hasta ahora hemos pensado en ponerles los cuernos. Después de conducir durante un largo trayecto y por carreteras sin asfaltar llegamos a nuestro destino, el pueblo parecía sacado de las guías turísticas de hacía décadas, era un pueblo en el que parecía no haber pasado los años. La verdad es que era precioso. Los cuatro bajamos del coche y fuimos hacia el motel que estaba arriba del bar del pueblo. Nada más abrir la puerta una nube de humo con olor a tabaco negro del fuerte, casi nos tira de espaldas, cuando accedimos al interior del recinto se produjo un silencio sepulcral, todos los allí presentes pararon de jugar a las cartas y al dominó y nos miraron a Catia y a mí de arriba a bajo. Por momentos yo (supongo que también Catia) me sentía desnuda frente a las descaradas e insinuantes miradas de aquellos hombres. Había unas 10 mesas, la mayoría de ellos eran personas de unos 50 años, bastante corpulentos y de manos grandes y poderosas. Al final del bar había una mesa donde había 8 chicos de entre 20 y 26 años aproximadamente, los cuales no paraban de mirarnos a mí y a Catia de una forma descarada y provocativa. Nuestros novios cogieron la.................
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