Llegaste puntual a la cita, muy formal, con tu traje sastre y tu portafolio de piel, era un viernes a las diez de la noche.
-Buenas noches señorita, esta el licenciado Salinas?? Quedamos de vermos para revisar unos papeles.
Buenas noches licenciada, mi jefe me pidió que la pasara a su despacho, está terminando una reunión con sus directores y en un momento está con usted, pásele por favor, ¿Qué gusta tomar?, ¿Un café, un refresco?.
-Un café esta bien -dijiste al tiempo que te acomodabas en un sillón y echabas una ojeada a la amplia oficina, una típica oficina burocrática con muebles de distintas épocas, que, sin embargo, era agradable.
-Licenciada, tenga su café, solamente la estaba esperando a usted para retirarme, es que ya es un poco tarde y vivo muy lejos. Ya el licenciado sabe que me iba a retirar una vez que usted estuviera acomodada y... el no se tarda. Con su permiso y... que acaben pronto -añadió con un dejo de malicia.
-Hola Aurora, perdón por el retraso, me cayó un trabajo urgente para el señor Presidente, tu sabes, me habló el señor Secretario por la red y rápidamente tuve que organizarme para responder a esa confianza. Por ello tuve que hacer una reunión con mi gente fuera de programa y se alteró mi agenda - disparó el licenciado Salinas mientras hacía su entrada al despacho con una carpeta llena de papeles en las manos seguido de tres de sus colaboradores cargando varios engargolados que, disimulando una sonrisa por lo que acababan de escuchar, te vieron socarronamente de reojo y saludaron con un imperceptible buenas noches.
Dejó los papeles sobre una mesa, se acercó a ti, te saludó con un beso en la mejilla. Se volteó y dijo:
-Bueno muchachos, pónganse a trabajar y quiero ver el informe el lunes a primera hora, no hay dudas, verdad??.
-No, señor.- contestaron al unísono.
-Entonces a darle- dijo con un tono de albur el licenciado Salinas y agregó -voy a estar un rato más en la oficina trabajando en un proyecto con la licenciada, que por favor nadie nos moleste.
-Si señor. -contestó el coro.
Aquella escena te impresionó, estabas en el despacho del licenciado Salinas, aquel que te había deslumbrado con sus engañosos conocimientos y se había fijado en ti, al que habías sido presentada fortuitamente en una de tantas reuniones burocráticas, para ofrecerte hacer un proyecto conjunto. Te sentiste parte del círculo del poder, testigo de la acción ejecutiva de un alto funcionario público que te valoraba y te ofrecía no solo su amistad sino su tutela profesional. No te percatabas que el tipo se había interesado no por tus conocimientos o por tu eficacia en el trabajo, sino porque quería llevarte a la cama.
El licenciado Salinas te aventajaba por lo menos veinte años. Sin embargo te había impresionado la habilidad con que se movía en los círculos políticos. Casi.................
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