Orgia: Afortunado reencuentro (II)

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Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 05:44 PM

Capítulo VII

Cada uno de aquellos tíos, empezaron a acariciarme, a hacerme cosquillas con las yemas de los dedos, pero solo con una mano, con la otra se masturbaban, se escupían en la palma de la mano y se la refregaban arriba y abajo por el capullo.


A un chasquido de los dedos de Poli, todos empezaron a chuparme, me lamían todo el cuerpo, la cara, los pechos, la cintura, las caderas, las piernas,... yo me revolví un poco en señal de protesta, como indicando que me dejaran en paz pero ellos hicieron caso omiso y siguieron con lo suyo. En el fondo me gustaba, pero ... ¡ estaba esposada a una cama en un almacén de una ciudad que no era la mía y con seis tíos (muy muy buenos) pero no se con que intenciones ! ¿ cómo me iba a poner caliente?

Enseguida vino la respuesta. A otro chasquido de Poli, el uno, aunque aún iba desde el principio con el tanga, dejaba ver su número, pues el tanga lo llevaba metido por la raja de su hermoso, maravilloso y atlético culo, se dirigió hacia el pie de la cama. En dicho pie que no rebasaba en altura al colchón, se acostó el uno, metiendo la cabeza entre mis piernas atadas y abiertas a la fuerza, mientras el resto continuaban lamiéndome, con unas lenguas tan suave como la seda, el satén o el terciopelo.

Yo tenía la cabeza incorporada por unos cojines también de raso que tenía en la espalda, por lo que podía ver todo lo que acontecía sobre mi cuerpo, y en toda la habitación. Para dejar de ver, sólo podía cerrar los ojos, pues mirara donde mirara, por el efecto de los espejos siempre me veía. Entonces vi como el uno adelantó la cabeza y sentí como su lengua entraba en mi coño. Yo estaba seca por el efecto de la impresión de todo aquello, y el tamaño de la lengua, bastante grande, al entrar en mi coño reseco, hizo que de mi boca surgiera un grito lastimero, que hizo que levantara una sonrisa en el resto del equipo.

La lengua del uno se movía con un meticuloso ritmo adentro y afuera, arriba y abajo, a izquierda y a derecha, en círculos... llegaba a todos los rincones de mi sexo. Sentía oleadas de placer por todo mi cuerpo, y aunque quería disimularlo, de mi boca surgían débiles gemidos de gozo mientras mi cuerpo experimentaba suaves sacudidas.

Me estaban poniendo caliente, pero no quería que lo supieran por lo que pudiera pasar.

- Ya está chorreando - dijo el uno.

- Pues comiencen pues - respondió Poli.

Yo estaba desconcertada. ¿ Qué venía ahora ? Me estaban soltando de mis ataduras, yo sabía que no podía escapar, así que decidí unirme a la fiesta, una fiesta en mi honor.

Capítulo VIII

El primero en actuar, fue el dos, que me.................
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