Amor: Amor de familia (parte I).

relatos / Relatos de orgias
Enviado por webmaster el 01 Nov, 2004 - 05:49 PM

Nos pusimos en marcha, Mirta y Marcela delante, y nosotros detrás, ya teníamos claro quien iba a por quién, así que nos limitamos a sonreir, como dos diablillos a punto de salir del infierno.
Ellas iban hablando, en voz baja, por delante. David fué el primero en unirse a ellas, por supuesto, flanqueándole, yo fuí detrás, al lado de Mirta. Parecía que todo iba bien, y aún quedaba un buen trecho hasta llegar a la famosa oficina. Mirta, se había cerrado el plumas, y ahora que no se movía rítmicamente, agitando vistosamente las caderas y otras partes de su cuerpo, casi parecía una chica normal. Realmente lo parecía, su pelo castaño y rizado, no muy largo, era de lo más normal, era sólo cuando su naricilla respingona se iluminaba, cuando alzaba la cabeza y su piel suave y luminosa se reflejaba en mis ojos cuando era realmente seductora. Sus ojos oscuros eran un espejo perfecto, mirando a través de ellos, me veía a mi, y a través de mi deseo, a ella.
Caminaba despacio, sin hacerme demasiado caso, estábamos hablando sobre algo relaccionado con la enseñanza.... Es increíble las chorradas que puede decir alguien cuando está con la cabeza en otro sitio.... y las manos en otro. No podía esperar, la había conocido hace menos de dos horas, parecía una chica muy normale, no había bebido, no estaba colocada, no estaba de juerga; ya llevaba la marcha consigo. Mi mano, nerviosa, no sabía que hacer, si ahuecarse los pantalones, que estaban empezando a quedarse estrechos, meter las manos en los bolsillos, o abrazar a Mirta. Es obvio, lo último era fundamental, así que lo hice, mientras aprovechaba para mirarla una vez más a los ojos, directamente, sin preocuparme en ocultar lo que deseaba, hablando por ellos. Sus ojos contradictorios, que decían una cosa, y pedían otra, no pudieron esta vez ocultar su deseo, y aunque fugazmente, me devolvió la mirada.
David ya iba más allá y ya se había metido en un cajero, y no precisamente a sacar dinero. Irónicamente, yo sí que necesitaba sacar dinero, así que con una pizca de mala intención, agarré a Mirta de la mano y le dije - Hala, vamos a sacar dinero - y sonreí hasta donde mis labios me lo permitieron. Abrí la puerta, y David me miró con una mez de increduleidad y diversion, alzé los brazos, con la visa en alto, y con voz de víctima indefensa dije - ¡ Necesito dinero !. Saqué unos billetes, sabía que los iba a necesitar. Ahí mismo, iluminados tan sólo por la pantalla verde del cajero, apoyé a Mirta contra el teclado, y la besé. Mis manos, que al principio acarariciaban su cara, fueron bajando, hasta encontrar algo, al final de aquel plumas tan molesto que fuera de su agrado. El deseo ya ardía en nuestro interior, y mis manos iban por libre, acariciando con deseo aquel culito redondo. Quería ir más allá, desabrochar lentamente aquel plumas, pero ella me.................
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